Crónicas Oportunas (parte 3)
Enterrado entre las columnas
de un aeropuerto helado
por la lluvia atlántica
y por el recuerdo del adios.
Convencido de la existencia
de la maldita saudade
toca volver a la casa
que creí haber quemado antes.
Pienso que debo irme
robado de las garras de la duda
entre la realidad o la ficción
de una maravillosa vida
lejos de lo que hoy día
me parece lejos.
Así que me voy
quizás para siempre,
quizás para nunca,
quizás para volver
para siempre.
Dejo Oporto con el corazón
más anclado que nunca
entre sus edificios destruidos
y los que quedan por destruir.
Dejo Oporto a la merced
de un océano implacable
que no conoce más respuesta
que un oleaje salvaje.
Dejo Oporto prendado
de sus suelos adoquinados
donde tropiezan mis penas
y revoletea mi moribunda alegría
Dejo Oporto,
y Oporto me deja a mi.
Sólo le deseo feliz suerte,
porque sé que ella
me la va a desear también.
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