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Monólogos en medio de la locura



Jamás me cansaré de usted

ni de su recuerdo en los azules,

límites que puedo romper

y guardar el cielo en los baúles.

 

“¡Suficiente!” esa palabra no existe,

cuando el corazón un agujero tiene,

del tamaño del sol sin llene.

 

¡Rayos! ¡Le extraño todavía!

¡Pero buscarle no está en mis manos!

Está en mi alma junto a la vía

De un tren que no sé si llegará en mil años.

 

Quiero volver

pero no tengo pretextos para hacerlo,

sólo uno que no me atrevo,

que me avergüenza si lo intento

y me llenaría de culpa si lo compruebo

¡De culpa! ¡Sí!

Por que fue maldito ese doloroso extrañar,

de tenerle al lado mío

y no poder con mi respiro tocar,

su rostro humedecido en brío.

 

Hasta ahora, creo que me he confundido

no te puedo extrañar si no te tuve

te deseo en ese caso híbrido

en dos cuerpos físico y psíquico

te tuve, te extraño

no te tengo, te deseo

¡Rayos! Qué me pasa

divago otra vez

qué no miras, me estoy perdiendo

le tuteo

le hablo de nubes

¡no, no es cierto!

Pierdo la rima ¡Eso es!

No, no creo, hay algo más

¡Pero qué es!

Aquí lo tengo en los carbones

de estos lápices,

fuentes de confusiones,

de duda y frustraciones,

sin señales de ostensiones

y rica en maldiciones.

Ya más no se me ocurre,

me contradigo.

Y pensar que le volveré a ver,

me aterran por dentro

estos nervios ante mi reacción.

Pero espero ese momento

por más frenados que estén mis sentimientos,

para que de nuevo la vida

me recuerde el lamento

de mi locura afligida,

pero no importa,

Venderé mi alma (si es que la tuve)

al viento para que roce su perfume

en los susurros de octubre

y le transporte a los ayeres

cuando quise verle con las manos

que temblorosas y torpes

pasearon por sus sienes.

 

Le imploro a su recuerdo

que se quede conmigo,

que me atormente en mis ratos libres si quiere

y me visite por las noches siempre.

 

Invito a su sombra a rondar por los pasillos

en mis venas ya sin tránsito,

de mi sangre en sus ladrillos,

que ya no escurren, que están secas.

Por que nunca tuve sangre en las venas.

 

Usted pensará que no tengo los papeles

de mi propio juicio, y es cierto,

los olvidé en los anaqueles

de un oasis seco en el desierto.

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