¿Conoces quieroquemeleas.com?


Capítulo 3- El ave enjaulada



El Ave Enjaulada

 

Unos pasos resonaban en la lejanía, veloces y cada vez más cercanos. El eco de las pisadas retumbaba en las paredes del minúsculo calabozo. Por fin, pararon, frente a la puerta y acto seguido se oyeron dos golpes sordos en la puerta.

 

Alma, que yacía tirada en el suelo, ni se inmutó. Siempre era lo mismo desde hacía ya una semana: el carcelero llegaba hasta la puerta, le tendía un cuenco con pan y agua y se volvía a ir, llevando consigo sus monótonos paseos y las esperanzas de Alma de que por fin la fueran a sacar de ahí.

 

El hombre volvió a aporrear la puerta. Alma abrió los ojos y con gesto de enfado se sentó, algo que era bastante difícil de hacer, dado que estaba muy bien encadenada a las paredes de la celda.

 

Otra vez volvieron a resonar los golpes por las paredes.

 

- ¿Quieres dejar la comida e irte? - gritó Alma enfurecida-. ¡Así tanto tú como yo viviríamos tranquilos!

 

Entonces sonó otro sonido diferente a los anteriores, pero no por ello más raro para la alada. Era el sonido de la llave de la gatera por la que le pasaban la comida. Aunque se prolongó demasiado y pronto Alma comprendió que aquella vez tendría algo diferente a las anteriores.

 

“Quizás se dieron cuenta de su error y traen una mesa repleta de comida para alimentarme decentemente…Y como es tan grande que no cabe por la gatera, la tendrán que meter por la puerta” pensó esperanzada, mirando hacia la puerta, o hacia donde ella suponía que estaba la puerta, ya que en esa oscuridad poco se podía ver.

 

Entonces se abrió la puerta, y un torrente de luz le cegó por unos instantes, obligándola a agachar la cabeza, para poder conservar su vista. Poco a poco abrió los ojos y miró hacia la puerta.

 

Una figura estaba en el umbral, y parecía estar observándola, cosa que Alma no podía asegurar, ya que no podía verle la cara. Había algo raro en ella, pues no se parecía en nada al carcelero. Realmente Alma nunca le había visto, pero no podía ser ese el hombre que le había traído la comida todos los días.

 

De repente las cadenas temblaron y se empezaron a mover colocándose en las esquinas de la pared opuesta a la puerta, luego se tensaron, haciendo que Alma chocará contra la pared y quedara suspendida en el aire mientras las cadenas se estiraban y hacían que sus piernas y sus bazos estuvieran cada vez bajo más presión.

 

Y hecho esto, las cadenas avanzaron hacia la mitad de la sala, donde Alma ya había estado un tiempo colgada antes, cuando había despertado en el primer día que recordaba haber estado ahí y se encontró en la misma situación que estaba ahora, salvo que la puerta no estuvo abierta entonces…

 

Alma bajó la cabeza, haciendo que su larga y verde melena cayera ante sus ojos, ocultando así su rostro de la luz y, por tanto, del hombre de la puerta que ya había empezado a moverse y pronto se encontró delante de ella.

 

La muchacha sentía como la respiración del hombre era tan fuerte que hacía que su pelo se moviera, cosa que no era muy difícil, dado que si Alma se movía tan solo un poquito hacia delante podría tocarle la nariz con la cabeza.

 

Inesperadamente una mano apareció entre su pelo y la agarró del mentón, obligándola a mirar al hombre a los ojos.

 

Entonces la chica ahogó un grito.

 

El hombre de la noche de su captura la miraba. Parecía que sus ojos la atravesaban con su mirada, estaban llenos de odio y desprecio y la miraban como si ella fuera una cucaracha a la que es preciso aplastar. Sonreía de forma triunfal, al ver su mejor presa, cautiva de aquella forma. Alma no podía aguantar mirar a aquella bestia a los ojos, que la congelaba por dentro, así que cerró los ojos e intentó volver a bajar la cabeza, pero la fuerza del hombre era extraordinaria, y no pudo hacer otra cosa salvo intentar mirar hacia otro lado.

 

Mientras ella bajaba la mirada, el comenzaba a hablar.

 

- Bueno, yo soy Gabriel - acto seguido le pegó un bofetón-. ¿Sabías que es de mala educación no mirar a los ojos del que te habla? Esto ya no es el instituto, donde puedes hacer dibujos distraída en tu agenda… Es la vida real, donde tu eres una bestia cautiva y por ello tienes que mirar a tu amo a los ojos, porque si no el… Te mata, ¿entendido?

 

Alma consiguió bajar la cabeza, y acto seguido la volvió a subir, para escupirle a la cara. De todas formas… No entendía como podía saber tanto sobre su vida. Bueno, más bien dicho: su antigua vida. Seguramente tendría contactos, simplemente trabajaría para alguien que había averiguado cosas sobre ella, nada más…

 

Gabriel se limpió la cara con la manga, mientras la miraba con asco. Se dio la vuelta, y comenzó a andar.

 

La chica bajó la cabeza, mientras pensaba en cómo habrían averiguado cosas tan poco importantes sobre ella.

 

Estaba tan absorta en sus pensamientos que no se dio cuenta de lo que ocurría hasta que tenía la rodilla del hombre clavada en su tripa.

 

Gabriel había dado repentinamente la vuelta y se había acercado a ella, para propinarle un buen rodillazo.

 

- Deberías aprender modales - le dijo al oído-. Pero… ¡se me olvidó! ¿Dónde están los míos? -dijo aparentando estar abatido -. Tienes unos nuevos aposentos… Que espero que sean de tu agrado. Pero aún así -sonrío maliciosamente-, no te acomodes demasiado, pues esta tarde tenemos una reunión…

 

Y dicho esto se dio la vuelta, y comenzó a salir de la celda. Las cadenas que ataban a Alma se abrieron y la dejaron suspendida en el aire, pero una fuerza extraña la impulsó hacia delante, haciendo que fuera detrás de Gabriel, volando por el aire.

 

Mientras iban avanzando, Gabriel miró hacia atrás algo abstraído, y murmuró entre dientes:

 

- Vaya con la bestia, su ala se está regenerando… Con que invencible, ¿eh? Uhm… Eso ya lo veremos - y se echó a reír nerviosamente.

 

Alma miró hacia su ala derecha y vio que estaba completa, pero tenía la mitad del tamaño que tenía antes. Esto la desconcertaba, si ya era raro que tuviera alas, ¿ahora regeneración? Ya era demasiado.

 

De pronto pararon frente a una celda donde había una litera y en la cama de arriba había una mujer joven tumbada que miraba a Alma con interés. Gabriel se volvió, miró a Alma y acto seguido ésta fue mandada hacia el interior de la celda con brutalidad, donde chocó con fuerza en el suelo. Gabriel la miró con repulsión y susurró:

 

- Esta es tu parada, perra.

 

Y Alma se levantó y se tumbó sobre la litera de abajo, donde se quedó dormida…

 

***

- Hola Alma- decía su madre.

 

- ¡Mamá! - y avanzó con los brazos abiertos hacia ella.

 

De pronto la cara de su madre cambió y el hombre de los ojos azules, Gabriel, estaba ahí, esperando a que llegara mientras una voz tras ella le gritaba:

 

- ¡Despierta!

 

 

Alma se despertó y encontró justo delante de ella la cara de una chica, que la miraba con una mezcla de asombro, fascinación e inquietud. La alada se incorporó miró aquél lugar, analizando todo lo que había a su alrededor ya que había decidido que luego se ocuparía de conocer a la compañía, pues era más importante escapar, antes que entablar conversación.

 

Estaba en una celda que era más o menos diez veces la celda en la que había estado antes, pero eso no significaba que no fuera pequeña, aunque menos era nada. La celda no tenía ninguna abertura, hasta se podría decir que casi faltaba el aire, y de no ser por que podían respirar, hubiera jurado que estaban en vacío. Por lo menos no estaba con cuatro muros, si no que una de las paredes era una reja, que parecía emitir un destello azul.

 

Alma se levantó y se puso justo delante de la puerta por donde había sido arrojada hacía un tiempo (no sabía exactamente cuánto). Giró la cabeza, curiosa, mirando el cerrojo de la puerta, e intentó tocarlo.

 

- No te molestes -dijo una voz tras ella.

 

Alma se giró, le hablaba la chica que la había despertado. La alada la miró con interés, pues su aspecto era un poco peculiar.

 

Iba vestida con una camiseta verde muy holgada, que parecía que no la habían lavado desde hacía varios años y llevaba unos pantalones que le llegaban hasta la rodilla y que eran de un tono parecido al de la camiseta. Aunque iba descalza, ni eso ni su extraño atuendo era lo que más impactaba a Alma. El pelo de la chica era de un color naranja brillante, con mechones negros y blancos. Su mirada era clara, pero había algo raro en ella.

 

Alma le echó una mirada despectiva, ya que tenía mejores asuntos que atender. Dejó de mirarla y prosiguió con lo que antes estaba haciendo. Acercó la mano a la cerradura, con determinación, hasta que cuando la tocó una extraña sensación la invadió. Su cuerpo se encontraba a la vez frío y caliente, y un gran dolor empezó a salir del ala que se estaba empezando a restaurar, después sintió como su pie se quebraba y como si su cuerpo chocase contra el suelo. Sentía que moriría desangrada, pues la sangre brotaba a borbotones del ala, y cuando ya pensaba que no podría aguantar más, una descarga eléctrica salió de la cerradura y corrió por todo su cuerpo, logrando así lanzarla por los aires.

 

Alma dio contra la fría y dura pared del calabozo y finalmente cayó en el suelo, creyéndose de nuevo muerta. Pero casi instantáneamente, el dolor desapareció y Alma no sintió nada salvo el gran golpe que se había dado con el suelo. Se fue levantando poco a poco, con la mano sobre su cabeza, ella no sabía por qué, pero siempre había tenido las manos frías, y eso cuando tenía fiebre o se encontraba mal, le servía de ayuda para apalear el calor.

 

Cuando ya se había levantado, se limpió un poco y observó su cuerpo.

 

"Uhm… qué extraño. No tengo ni un lado de mi cuerpo abrasado ni el otro entumecido… Tampoco tengo alguna hinchazón en el tobillo, que pueda indicar alguna anomalía en él… Qué raro…"

 

Alma movió rápidamente su ala derecha, hasta que la pudo ver y soltó un suspirito de alivio

 

"¡Qué suerte he tenido! Menos mal que me volvió a crecer… Si no me sentiría descompensada. Además, ahora que ya le cogí el gustillo a las alturas, ¡nadie me lo va a quitar! Pero… Lo que más me inquieta es cómo narices pudo regenerarse casi por completo, porque, aunque sean alas, no dejan de ser parte del cuerpo, y estoy segura que si alguien se cortara una pierna no le renacería de nuevo…"

 

Acto seguido notó como una hilera de sangre caía desde su ceja, y comprendió que se había hecho una piquera al caer contra el suelo. Un poco molesta se pasó la mano por la ceja y por la frente, eliminando la sangre para poderse ver mejor en el espejo que había encima del mohoso lavabo que había en las sombras de la habitación. Encendió la bombilla que estaba en aquella zona, la cual parpadeó un poco antes de estabilizarse. Acercó el rostro al espejo,  mientras volvía a pasarse la manga por la herida, para verla mejor. Y lo que vio la dejó desconcertada: La herida antes larga, que ocupaba media parte de su frente, iba disminuyendo su tamaño hasta desaparecer por completo. Alma se palpó la frente y se miró la mano: ni rastro de sangre… Eso era imposible… A no ser que…

 

 "¿Será que realmente soy capaz de regenerarme? Eso… ¡Eso me haría invencible!"

 

Mientras pensaba, en su cara iba apareciendo una gran sonrisa y se encaminó hacia la cama, para sentarse a la vez que notaba cómo los ojos de la chica la seguían. Le echó una furibunda mirada, prosiguió su camino hacia la cama y se tumbó en ella mirando hacia los muelles de la que estaba encima de ella. Entonces apareció una cabeza por un lado de la cama, la chica otra vez y esta vez parecía que quería hablar. Alma se giró, molesta. No soportaba cómo la miraba y además, había algo en su mirada que la incomodaba.

 

Haciendo caso omiso de la gran indirecta que la alada había lanzado al enseñarle su gran espalda, la chica comenzó a hablar. Su voz era clara y cristalina, aunque a la vez era un poco áspera, dada la crudeza de su situación…

 

- Bueno… Quería decirte… Por la manera en la que te contorsionaste al tocar la cerradura, parece ser que te hizo bastante daño, ¿no? -se oyó un gruñido-. Lo tomaré como un sí. Pues quería comentarte que esa verja, al igual que la que está allá -señaló a la pared de la izquierda, donde había una ventana enrejada-. Están con un mecanismo que si las tocas te hace revivir el último dolor que tuviste, luego el anterior, el anterior, y así sucesivamente, -la alada se incorporó y se apoyó en la pared, aún sentada en la cama y con las piernas cruzadas, oyendo a la chica y mirándola, la que pareció enrojecerse pero siguió hablando-. Bueno… y como ninguno de los que estamos aquí fuimos traídos amablemente, nos hace revivir dolores terribles, pero, bueno, por la cara que ponías, parece que contigo se ensañaron y mucho. ¿Me equivoco?

 

- No, no te equivocas. ¿Algo más que quieras saber? -dijo un poco molesta Alma.

 

- Realmente… Sí -la alada abrió la boca para decir algo-. Y antes de que lo digas, no es tu nombre lo que quiero saber, ya que ya lo sé… pero, ¿podrías decirme quién fue el que te capturó?

 

- Bueno, es ese miserable, creo que se llama Gabriel, o al menos eso dijo mientras me venía a visitar hoy. De lo que estoy segura es que fue él, el hombre que me trajo aquí, el que me capturó ya que nunca olvido una cara, pero menos aún esos ojos -Alma se estremeció.

 

- Sí... Eso es verdad - dijo la chica poniendo cara de circunstancias-. Por suerte a mí no me capturó el...- y se quedó en silencio, pensativa.

 

- Una cosa -dijo Alma rompiendo el silencio-. Dijiste que sabías mi nombre, ¿cómo puede ser?

 

La chica se lo pensó durante un momento. Murmuró unas cuantas cosas y finalmente bajó y se sentó con Alma.

 

- Bien... Bueno... Tu nombre ha resonado mucho por estas mazmorras. Gabriel estaba enloquecido con  tu llegada, incluso antes de que vinieras ya estuvieron haciendo preparativos para ti. Y bueno, cuando finalmente te trajeron, la gente al verte pasar inconsciente y cubierta de sangre, se quedó un poco decepcionada. Muchos decían "Pero si es solo una cría". Pero a mi me daba igual cuantos años tengas o aparentes tener, lo raro de todo  aquello fue la reacción de Gabriel. Estaba muy emocionado y creo que a la vez estaba confundido, aunque creo que esto último se le pasó rápidamente, cuando le dieron el ascenso.

 

- ¿Gracias a mi captura?

 

- Creo que por eso fue, sí. -tragó saliva y  continúo-. Según oí por ahí mataste a un hombre, además de una forma bastante horr...

 

- ¡¿¡Qué!?! -exclamó la alada-. ¡¡Yo no maté a nadie!! Me tendieron una trampa, y seguro que ese "asesinato" que yo hice fue la excusa perfecta para encerrarme.

 

- No sé... La verdad es que, por lo que oí, la forma de la que ese hombre murió se identificaba más con los poderes de Gabriel que con los tuyos.

 

- Bueno... - suspiró Alma, un poco triste-. De todas maneras, supongo que de una manera u otra iba a acabar aquí... De todas formas -dijo mirando a la celda-, ahora necesito descansar un poco más, porque me encuentro agotada...  ¿Te importa?

 

- No, claro que no... -la chica hizo un aspaviento-. ¡¡Se me olvidó!! Gabriel vino hace como una hora y dijo que en hora y media iba a venir para llevarte a tu "reunión". Dejó comida para ti, un poco de ropa para que te vistas allí -señaló a un cajón que había al otro lado de la celda, apoyado en la reja.

 

- ¡Mierda! -gritó-. Bueno, da igual, supongo que no me queda otro remedio.

 

Y Alma se encaminó hacia la caja, cogió la comida que había encima de ella y se la comió en un abrir y cerrar de ojos.

 

"Por lo menos en esta había carne"

 

Y cogió un fardo de ropa que había. Se puso un pantalón corto y negro y una camiseta holgada del mismo color. Tampoco es que fuera buena ropa, pero mejor que los harapos que antes llevaba...

 

Y la media hora pasó volando tan pronto que casi al segundo de que se terminara de vestir, apareció Gabriel, que abrió la celda de la puerta y le indicó a Alma que saliera, no sin antes tirarle una especie de dardo. La chica supuso que era un dardo que evitaría que utilizara sus poderes.

 

Antes de salir por la puerta, Alma se giró hacia su compañera y le dijo:

 

- Tú sabes mi nombre pero... ¿y el tuyo?

 

- Bueno -dijo la chica cruzando los brazos por detrás de su cabeza y tumbándose en la cama-. Esa es una buena pregunta, que por el momento no ha de ser contestada...

 

 

 

Valoración

+++++-----
Valoración, Votos

Sigue leyendo otros escritos de este autor!

Compartir en Facebook | Enviar a Meneame.net Enviar a meneame.net
Imagen de dartheli
Bueno, dudo que si a…

Bueno, dudo que si alguien no ha leido antes empiece a partir de ahora pero... ¿por qué no? Espero que alguien lo haga! hehehe ciao!


| Enviado por dartheli el Mié, 06/02/2008 - 20:01.