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Extraña ave del paraíso



     Mi querido pueblo costero no es lo que parece. Bajo el sol plano del mediodia duerme como un gigante inocente. Todo está en calma.

  

     Se pasa las tardes sentada en algún banco de la plaza de la iglesia con su eterno cigarrillo enganchado de los labios que hace que un ojo lo mantenga semi abierto o semi cerrado, lo que viene a ser lo mismo .

  

      Tita la llaman. Puede que tenga cuarenta años o cuatro mil. Redonda a punto de derramarse por fuera de si misma, bajita pero no tanto. El pelo estirado en una perenne cola de caballo, las raíces casi siempre blancas que contrastan con el resto del pelo renegrido.

  

     Si la miras de cerca tiene la cara llena de finísimas arrugas y delicadas venas que parecen caminitos violetas.

  

    Tranquila, observadora, cariñosa con los niños si las madres la dejan acercarse, que no la dejan, apesta a tabaco y a soledad.

  

     Carne de psquiatra estatal. ¿su mal? Que se desnuda y corre como una posesa por las calles del pueblo hasta que alguien consigue agarrarla, taparla y ¡hala! Otra vez para el manicomio.¡ah! Que ya no se dice así.

  

     Cuando la vuelven a soltar se le nota la ansiedad, o la almohada de la medicación o la trepanación o lo que coño le hicieran en ese lugar de salud mental, que se llama ahora...se nota en que chupa más fuerte de su cigarrillo negro,hasta la caja el pecho le llega el rumor de la vida esa que pasa de lante de la plaza, chupa el crujer camionero   como si la vida le fuera en ello.

  

      Cuando vivía con su madre todo era casi normal, una mujer silenciosa, desconfiada y un poco arisca. El dia que se llevaron a la madre muerta llevaba el cadáver en la casa lo menos tres dias y Tita no lloraba. Esa misma  noche se echó su primera carrera  por esas calles, desnuda, solo el viento y el dolor por capa. 

  

     Venía mi hijo de mariscar con su primo mayor. Se pararon como siempre en la plaza a presumir de la pesca con los amigos,  dos cubos llenos de mejillones y lapas, cangrejos y un pulpo mediano y.. Interrumpe Tita:

  

      ¡Ay que cangrejo más lindo! ¿me lo vendes? - te lo regalo Tita -dice Pablo.

  

     Cinco dias le duró el cangrejo que hasta nombre le puso: Pepe. Lo llevaba por las tardes a la playa en una palangana a cambiarle el agua.  A los pescadores les pedía gambillas o lo que usaran para el engoe de sus cañas para dar de comer a su atípica mascota. Despues a  a pasearlo  a la plaza limpito que daba gusto verlo. El humo lo echaba pá trás para no molestar a su Pepe.

  

     Cuando el cangrejo  se quedó tieso, que por mucho que le daba Tita con el dedo y le decía: "Pepe, Pepillo" no se movía, los lloros y la escandalera de Tita se escuchaba por toda la calle de la madreselva, donde vivía. Ni cuando su madre que en paz descanse se la llevaron se puso así de esa manera. La internaron otra vez.

  

     Como nos contaron que estaba tan malita la fuimos a ve. Mi niño le quiso dar  un beso... se quedó paradito ¿qué pasa hijo? - Que Tita me mira con rabia. Y era verdad, miraba al chiquillo con los ojos atravesados.

  

      Le quisimos dar el cartón de tabaco a  la enfermera con cara de perro,  nos dijo que no, que tenía un efisema pulmonar.

 

 ¿Qué es lo que le pasa a Tita mamá? Que tiene malita el alma hijo.

  

     Cuando llegamos a casa Pablo le regaló el pincho de pulpear a un vecino.

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Imagen de anaisnin
Extraña ave

... Muchas gracias a ti por leerme con atención. Tus textos los leo con mil ojos para que no se me escape ninguno de sus registros.


| Enviado por anaisnin el Lun, 03/03/2008 - 17:50.