KOGEM - Capítulo 4: Y todo empieza ahora
Tras las húmedas ramas repletas de corteza helada una hoja otoñal se dejaba caer dando giros en el aire, hasta finalmente posarse sobre el banco donde Dante esperaba sentado. A pesar del frío sus manos estaban húmedas y su cuerpo temblaba a causa de un terror pasado que cicatrizó dejando secuelas en su corazón. Aún podía recordarlo con claridad, aún veía aquellas siluetas amenazantes, aquel terrible engaño que le marcó para siempre. Pero esta vez se superaría, ahora debería enfrentarse a sus miedos, esta vez era diferente, porqué ahora…
-Hola tu eres Dante ¿verdad?-Preguntó una voz frente a él.
Un tanto atemorizado dejó atrás su rizado cabello castaño y levantó la cabeza, en aquel instante su cuerpo se relajó al observar la cálida sonrisa de aquel chico de bufanda azul.
-Yo soy Amedeo
Capítulo 4: Y todo empieza ahora
Lentamente sus parpados se levantaron cuando un tumultoso murmullo le desvelaron. Achinaba los ojos, su visión era borrosa y se sentía desorientado. El hecho de cortar aquel sueño pasado, en el que se había inducido con comodidad, le provocó una cierta desorientación frente a la realidad.
Estirando el brazo hacia el otro lado de la cama pudo percatarse de que su novio Amedeo no estaba.
-¿Qué pasa?-Se preguntó a la vez que incorporaba medio cuerpo, y observaba que las paredes del pasillo estaban siendo alumbradas por alguna otra habitación iluminada
A la escucha de las voces, descalzo cruzó la habitación, salió al corredor y finalmente siguiendo el rastro de luz abrió la puerta entornada de la cocina. Con su rostro completamente mustio de sueño observó que todos estaban levantados y charlando entre ellos.
-¡Ey, buenos días!-Le saludó su novio girándose desde el sofá.
-¿Qué es todo este jaleo?-Preguntó acercándose hacia ellos.
-¡Ya lo dije! Lo que tenemos que hacer es encontrar esa llave, no debéis dejaros influir por lo que podáis ver o escuchar, todo está preparado-Añadió Naiara de pie frente a ellos.
-A ver Naiara lo que no podemos hacer es olvidarnos de Edurne ¿Y si la prueba realmente fuese encontrarla a ella?-Preguntó Regina cruzada de piernas.
-¿Y pretendes rescatarla sin haber desayunado primero? No seas estúpida ¡Hay que abrir ese jodido almacén como sea!
Javier se encendió un cigarrillo del cargamento de paquetes que había traído y dijo desahogado tras una calada:
-A ver si pensamos un poco, llevamos quien sabe cuantas horas sin probar bocado, primero necesitaremos haber comido algo.
De pronto Regina se incorporó angustiada.
-¿Dónde vas?-Le preguntó Ruy.
-Voy a tomar el aire.
Tan solo verla decidió ir tras ella, desde que llegaron apenas habían hablado y ya era hora de comentar muchas de las cosas que estaban ocurriendo, para así por lo menos hacerse una idea de cómo podían actuar frente a lo que se les avecinaba.
Siguiéndola hasta el final del pasillo, agarrando fuertemente el mango del Solarium, al entornar la puerta el impacto de los rayos solares contrajeron sus pupilas.
Regina se detuvo unos segundos aún sorprendiéndose por aquella ilusórica y circular habitación. Ahora era de día, la cúpula se había transformado en un cielo azul que emitía una potente luz blanca. El mar resplandeciente y cristalino dejaba a la escucha el sonido de unas gaviotas invisibles revolotear sobre las palmeras.
Regina se quitó las zapatillas y las dejó a un lado del pasillo. Descalza se introdujo en la arena y avanzó unos pasos hasta situarse frente a la orilla. Allí junto a Ruy se sentaron observando el ilusorio horizonte.
-Te preocupa algo ¿verdad?-Preguntó.
Regina bajó la mirada a sus pies y dejó escapar un leve suspiro.
-No se que pensar, es todo tan complicado.
-¿Complicado en que sentido?
-No puedo confiar en nadie que no seas tú, en principio parecen todos sinceros, pero… no me gustaría entablar una amistad y después recibir una puñalada trapera-Respondió ella observando el húmedo rastro de agua deslizarse rodeando sus pies.
-Cariño de eso se trata, es todo estrategia, no debes sentirte mal por eso.
-¡Narices! Lo que no voy hacer es que por un montón de pasta tenga que pisar mis ideales, y joder a la gente a toda costa. Yo no soy así… y no pienso cambiar por haberme metido en esta casa.
Tras decir esto Ruy pasó el brazo por su espalda, colocó su mano sobre su hombro derecho y acercó los labios a su oído.
-Esa es una de las cosas que me enamoraron de ti, ese espíritu tan puro con ese corazón que no te cabe en el pecho. Tranquila no tienes porqué cambiar, lo estamos haciendo muy bien y a los de fuera les gustará que no nos metamos en ningún lío.
De pronto Regina se llevó la mano al pecho, girándose hacia él frunció el ceño- Ruy ahora que me fijo… ¿Por qué ninguno de nosotros llevamos micrófonos?
De repente, tras un chasquido, el paisaje desapareció, el sonido ambiental se detuvo y las sombras se apoderaron del lugar.
-¡Ruy!-Gritó Regina asustada agarrándole fuertemente la mano.
Tras decir esto un zumbido se escuchó y sobre sus cabezas un cielo estrellado apareció. Una ventisca cálida recorrió la habitación, las palmeras se inclinaron a la orden del viento y finalmente la fogata se encendió, así cambiando al estado del anochecer.
-Esta habitación no deja de sorprenderme-Dijo Ruy contemplando las constelaciones que se iban formando en la esférica cúpula.
Regina devolvió su mirada al mar visualizando aquel inmenso paisaje resplandeciente a la luz lunar, el cual le hizo sentir una cierta nostalgia. Pero lamentablemente aquel pensamiento fue borrado de repente, cuando el ensordecedor sonido de un cristal rompiéndose atravesó sus oídos.
-¿¡Que narices…!?
Al momento los dos se pusieron en pie y corriendo buscaron su procedencia. En el pasillo se cruzaron con los demás que al parecer también se había percatado de ello.
-¿¡Que ha sido eso!?-Preguntó Rose alertada.
A toda prisa rastrearon las habitaciones y finalmente en el dormitorio donde Ruy dormía la encontraron.
Edurne estaba inconsciente, tirada en el suelo boca abajo y dejando un rastro de sangre bajo su brazo. Tras de sí, un espejo roto se mantenía sobre uno de los lavamanos, un espejo que hacía de entrada a lo que parecía ser una secreta habitación cerrada.
-¡¡Edurne!!-Gritó Abel lanzándose al suelo y agarrándola entre sus brazos con una expresión de dolor. Ella sin embargo no respondió, con ojos cerrados su cabeza se inclinó hacia atrás, separando inconscientemente sus carnosos labios.
Rose se agachó junto a él y tras tomarle el pulso dijo:
-Está viva.
-¡Joder! na más faltaría
Regina avanzó por el aseo observando totalmente desconcertada aquel engañoso espejo que ahora formaba un agujero de entrada hacia una habitación contigua. Todo encajaba, aquel rostro que vio plasmado la noche pasada en el espejo sin duda alguna era ella, seguramente estaba desde el otro lado pidiendo ayuda. Ahora se sentía culpable, debería haber intentado descubrir lo que ocurría y no haber huído del lugar como si hubiese visto un fantasma.
Angustiada dirigió la mirada a sus pies y pudo ver a Abel en una expresión de dolor abrazar con fuerza a su esposa. Pero... sin ir mucho más lejos, abriendo sus ojos en una expresión de sorpresa, pudo apreciar algo más: En el puño cerrado de Edurne un rojizo cordel sobresalía entre sus dedos.
-Regina ¿Que haces?
Agachándose junto a él con delicadeza los separó,abriendo lentamente su mano y dejando a la vista lo que esta contenía.
-Eso es…-Dijo Ruy sorprendido.
Junto al cordel enroscado el destello de una llave dorada provocó la sorpresa entre todos.
***
Como intuyeron la llave entró en la cerradura a la primera y tras dos giros la metálica puerta se abrió. Instantáneamente la habitación se iluminó.
-¡Es enorme!-Exclamó Javier.
Como indicó la nota se trataba de un almacen formado por estanterías llenas de cajas con comida, muy semejante al de los centros comerciales. Al instante Naiara corrió hacia una de ellas, la abrió y sacó una bolsa con cereales, de la cual empezó a comer hambrienta.
De mientras, Abel, en el dormitorio, agarraba la mano de su esposa la cual dormía placidamente sobre la cama. Rose se encargó de extraerle los cristales clavados en los distintos lugares de su cuerpo y después le desinfecto la herida vendándole el brazo con los materiales que encontró en la caja de primeros auxilios de uno de los baños. Según sus palabras, le explicó que estaba consciente, pero simplemente se había desmayado, y que en unas horas ya despertaría.
-¡Abel! Era la llave, hemos podido abrir el almacén-Dijo Samuel, el marido de Rose, avisándole desde el pasillo.
Seguidamente este mismo se incorporó y junto a él abandonó el dormitorio con la intención de ir a comer algo.
Cuando sus pasos se dejaron de escuchar, cuando finalmente su presencia desapareció, en ese mismo instante, los ojos de Edurne se abrieron al completo mostrando así una inexpresividad escalofriante sobre su rostro.
-Se ha acabado-
Continuará...
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