KOGEM - Capítulo 5: La sirena de la despedida
Amedeo con cuidado, tras deshacerse de los cristales que rodeaban aquel agujero donde previamente estuvo colocado el espejo, se subió al lavamanos y gracias a la ayuda de su novio fue introducido con precaución en aquella secreta habitación.
Una vez dentro un olor a cerrado le asaltó, provocándole una leve asfixia de hedor humano. El crujir de su calzado indicó que el suelo en este lado también estaba repleto de cristales.
-Ve con cuidado-Le avisó Dante desde el otro lado del socavón.
Amedeo le respondió con un gesto de despreocupación y avanzando lentamente se introdujo en la oscuridad. De pronto, mientras rebuscaba en el bolsillo del pantalón el mechero que le habían prestado para iluminarse, sus pies colisionaron con algo contundente en el suelo. Al simple tacto se imaginó que podía tratarse de un saco o algo similar. Así que activando el encendedor se agachó intrigado.
-¿Has visto algo?-Preguntó su pareja desde fuera.
De repente Amedeo sufrió un sobresalto cuando la luz de la llama mostró lo que parecía ser un rostro humano con una brecha de sangre seca sobre su frente.
En aquel instante, cuando cayó impactado contra el suelo, la luz del aseo que le permitía una leve visibilidad se apagó y una ensordecedora alarma hizo presencia en toda la casa
Capítulo 5: La sirena de la despedida
-Estos son los pasos que tenemos que seguir-Dijo Samuel apoyado contra una de las palmeras que se ocultaban silenciosas entre las sombras del Planetarium.
-Pero estamos en desventaja, Edurne ha ganado muchos puntos en vista al público, es la digamos “víctima” de este concurso-Dijo Rose sentada frente a él sobre la arena.
-¿Crees que fingió todo aquello para ganarse a la gente?
-Seguramente, aquella herida era muy poco profunda para haber roto un espejo de un solo puñetazo-Dijo frunciendo el ceño.
-¿Todo fue puro teatro entonces?
-Lo más probable, parece mentira que te lo preguntes. La televisión es toda pura farsa y más en este tipo de concursos, por eso mismo lo digo. Así que lo que tenemos que hacer es quitarnos a Edurne de encima, sea como sea.
***
Después de coger fuerzas gracias a los alimentos del almacén decidió ir a ver a su esposa. Lo que tenía claro es que cuando ella despertara los dos abandonarían la casa, no iba a arriesgar su vida en un concurso tan desinformado como este. Lo peor de todo es que aún no sabía claramente lo que había ocurrido y eso le causaba una cierta intranquilidad.
Tras cruzar el pasillo y girar hacia la habitación de pronto se sorprendió al ver a Edurne totalmente inmóvil, de pie de espaldas a él, mirándole fijamente a través de uno de los espejos que decoraban las paredes del dormitorio.
-Te has despertado… y por lo que veo te has cambiado de ropa-Dijo él.
Sin embargo ella no abrió boca, tan solo se limitó a observar su figura reflectante sobre el cristal.
-¿Cómo estás?-Le preguntó acercándose.
-Sí, también he hecho el equipaje-Contestó a destiempo con una actitud tajante.
Abel bajó la mirada y observó que junto a su esposa, sobre la cama, donde recientemente dormía, ahora había una pequeña maleta repleta supuestamente con toda su ropa.
-Sí, es lo mejor que podemos hacer-Siguió él- Esto me parece una burrada, no se como han podido atreverse, cuando salgamos de aqui me van a escuchar, y a mis abogados también.
-Quien se va soy yo-Respondió seriamente.
-¿Que...? ¿Pero que dices cariño?
Edurne con un movimiento de piernas se giró con suavidad hacia él, haciendo balancear su azabache cabello en el aire.
-Yo me iré contigo, paso de seguir en esta mierda de concurso-Insistió.
-No, antes de que todo acabe tengo que despedirme.
Abel frunció el ceño desconcertado ante el extraño comportamiento de su esposa. Algo había cambiado en ella desde que la encontraron, aquel brillo azulado en sus ojos que la caracterizaba había desaparecido y ahora una capa gris apagado cubría toda su mirada.
-Pero… ¿Que estás diciendo?
-Lo acabarás entendiendo, pero tienes que aguantar, tienes que llegar al final.
-¿Qué? ¿¡Se puede saber que me estás contando!?
-Tengo que hacer muchas cosas-Dijo mientras le vibraba el labio inferior- Solo espero que si logras ganar me llegues a perdonar, pero... yo ahora tengo que marcharme.
-¿¡Marcharte!?-Le gritó- ¿¡Tú sola!? ¿Donde? ¿¡Que coño te pasa!?
Edurne finalmente mostrando una expresión de tristeza se llevó la mano al vientre y lo acarició suavemente.
-Adiós.
Abel tras quedarse atónito ante aquel gesto, de pronto alzó la mirada con nerviosismo, cuando las luces se apagaron y el sonido de una alarma intermitente empezó a sonar expandiéndose por toda la casa.
-¿Que es eso?
De repente, Edurne flexionó sus piernas y agarró su maleta. Paralizado ante la situación sintió la presencia de su esposa correr cruzándose a su lado, dejando un perfumado rastro a lavanda tras de si que tanto la caracterizaba. Entre toda aquella alarmante confusión, a la escucha de sus pasos, actuó intentando seguirla.
El sonido de una puerta abriéndose al final del pasillo mostró entre sombras la pequeña luz de emergencia que indicaba la salida. En aquel instante, la metálica puerta se deslizó sobre el suelo, la silueta de Edurne se dibujó sobre el contraste del verdoso paisaje y así finalmente abandonó la casa.
Corriendo hacia ella, intentó detenerla, pero una vez llegó al recibidor la puerta volvió a cerrarse. En aquella última imagen, cuando observó sin llegar a tiempo a su esposa alejarse por el inmenso valle, algo le llamó la atención; Tras las montañas una espesa y monstruosa nube negra se alzaba cubriendo todo el cielo.
***
-¡¡Hay un tío muerto aquí dentro!!
De repente sus pupilas se dilataron induciendo su visión en un mar de oscuridad. Aquel alarmante sonido de una sirena se filtró espiralmente por sus oídos, a la vez que Amedeo gritaba su nombre.
-¡Dante!
Al instante contestó a su llamada. Se sentía confuso, no podía ver nada a su alrededor, tan solo podía estar a la escucha de aquel intermitente sonido.
-¿¡Qué está pasando!?-Gritó mientras sin mover un solo músculo se agarraba como punto de apoyo al lavamanos situado bajo el agujero por el cual su novio había entrado a la secreta habitación. Finalmente tras unos segundos la luz impactó sobre sus retinas y deslumbrado retrocedió unos pasos. Cuando apartó la mano que cubría sus ojos un sonido de sollozo llegó a sus oídos. Dante sin pensárselo dos veces abandonó el aseo y atravesando la habitación llegó al pasillo principal.
Entrando al recibidor allí le encontró, arañando la puerta de entrada intentando abrirla, mientras de rodillas y cabizbajo, entre lágrimas gritaba el nombre de Edurne.
Tras aquello, la sonrisa persistente de Abel desapareció de su rostro, mientras pedía una y otra vez a las cámaras que le dejasen salir de la casa. A pesar de sus intentos, no obtuvo respuesta alguna, tan solo un cruel silencio quedó, el cual le desesperaba a cada minuto sin su esposa que pasaba.
Realmente confusos empezaron a preguntarse que algo grave estaba ocurriendo, aquella huída tan desesperada, aquel cadáver sin ser identificado situado junto al baño, y finalmente para aumentar más su preocupación algo surrealista apareció…
-¿Que… se supone que significa esto?-
La encontraron clavada sobre la arena de la playa, inerte formando una cruz blanca. A la vista de todos, de un material semejante al mármol, una gruesa lápida había sido instalada, donde podía leerse claramente inscrita en ella:
Edurne Hernández Marín
(1980-2007)
Continuará…
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