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Las Furias (5 o la unión)



  • Disculpa, pero, ¿qué miras?- Me giro y tengo delante de mi puerta abierta a Elisa. Quizá la paciente más entretenida de estudiar del centro. Trastorno de la alimentación. Pero, desde luego, no es un perfil típico; personalidad antisocial-como poco; trastorno del control de impulsos.... es un animal salvaje. Es casi tan fuerte como yo. Me gusta, su forma de ser, su forma de marcar las distancias, su fuerza desmedida. Su absoluta sinceridad.

  • Ésto, a ti...- no sé porqué pero Diana es de las pocas personas que hace que me sienta cómoda, que hace que me sienta frente a alguien a mi altura, quizá porque a ella la percibo como sinónimo de destrucción, y todos sabemos que nos gusta la gente que se nos parece.

  • Ah, está bien. Y ¿quieres algo en concreto o simplemente disfrutas con las vistas?.

  • Me preguntaba si tu estás tan loca como dicen o si realmente eres la más cuerda del centro.- Vamos a probar si está a la altura. No sé que me va a decir, ni cómo voy a reaccionar. Me mira detenidamente. Me estudia, mi cara, mi ropa. Saca sus conclusiones. Lo sé porque yo pongo la misma cara cuando lo hago.

  • Yo diría que no estoy especialmente loca, aunque el juez, mis padres, mis amigos y mis abogados opinan lo contrario... así que tampoco importa mucho lo que diga alguien que lleva esta pulserita, ¿no? no te creas lo que te dice la gente- Me gusta que sea directa, me gusta que no guarde las odiosas, cínicas e hipócritas formas. Me gusta que por fin alguien me hable sin tapujos. Sin duda Elisa es lo contrario a lo que estoy acostumbrada...

  • No es que me crea lo que dice la gente. Pero a veces es entretenido escucharla. Por lo menos saber su opinión. Tampoco cuesta tanto.- Nos quedamos sosteniéndonos la mirada. Como un matrimonio que lleva cuarenta años compartiendo lecho y ya no tiene mucho que decirse- En fin, si te soy sincera, creo que no estés loca.

  • Gracias por el voto de confianza. Supongo que todo depende.

    Se vuelve a hacer el silencio. El incómodo silencio, que nadie sabe como romper, ni tan siquiera si quiere romperlo.

  • Ya, claro. Es fácil decir éso. Lo difícil es reconocer la propia locura, ¿no?- miro fijamente a Diana,le hago un gesto con la cabeza a modo de despedida y continúo mi camino al comecocos. Oigo sus tacones en el suelo, oigo sus pasos detrás de los mios. Noto su mano rozándome suavemente la espalda. Me giro. Me mira.

  • ¿Y tú? ¿estás loca?.

  • Pues, a medias... ni tan perturbada como quieren hacerme creer, ni tan cuerda como los dóciles corderitos que viven en el rebaño sin dar problemas a los pastores. Supongo que me sitúo en el saludable punto medio.

  • Buena respuesta. Si no te importa, la voy a hacer mía.- Diana me mira, me sonríe. Nunca la había visto sonreír de esta manera. Creo que es la primera vez que veo una sonrisa sincera en su rostro. Me relajo.

  • Toda tuya. Por cierto, soy Elisa.

  • Lo sé, soy Diana- Me dice sonriendo, alargando cortésmente la mano.

  • Lo sé- digo estrechándosela. Se vuelve a hacer el silencio, pero esta vez ninguna de las dos quiere romperlo. Es la misma situación que se produce cuando le das el primer beso a alguien. Un momento mágico, que tratas de alargar, de que no termine, unos instantes en los que ni siquiera respiras. Nos sonreímos. Se da la vuelta y entra en su habitación. Y yo prosigo mi camino hacia el loquero, con las mismas mariposas en el estómago que tras el primer roce de lenguas; pero sin saliva en la comisura de los labios.

Llego a la puerta del terapeuta; está abierta. Él está sentado en la esquina de la mesa, ojeando unos papeles. Es un chico joven, relativamente majo. Tímido, más bien callado. No se entera de nada, pero cree tener las cosas muy claras. Te pone una o varias etiquetas y a partir de ahí intenta que encajes en el estereotipo que se ha formado. Yo vomito, así que soy una bulímica, que posiblemente tenga un trastorno de control de impulsos, que posiblemente tenga algún conflicto interior no resuelto, que posiblemente no se guste y no se acepte. Nunca se ha planteado que, quizá, si me autodestruyo es para no destruir al resto. Golpeo con los nudillos el marco de la puerta para llamar su atención. Huele muchísimo a incienso, yo no sé que coño pasa en esta clínica que todos los despachos están perfumados hasta la nausea. Me pregunto si serán muertos vivientes en descomposición e intentan tapar su pestilente olor. El caso es que a los que somos humanos nos deja con el olfato anestesiado un par de horas.

El comecocos dice que me siente, que me ponga cómoda. Se sienta en su sillón y comienza el interrogatorio.

  • Bueno , no sabes que alegría volver a verte por aquí.

  • ¿En serio? Pensé que nadie me echaba de menos- pongo ojitos tiernos. Este pobre imbécil está convencido de que en el fondo soy una niña dulce que ha perdido el rumbo. No queremos decepcionarle.

  • No digas éso mujer, aunque te parezca raro, algunos te tenemos aprecio. Bueno, ya veo que ahora vuelves a tener privilegios, ¿qué tal lo llevas?

  • Pues la verdad es que bien, el no tener las manos atadas a la cama como si fuese la víctima de un secuestro, ayuda.

    - Y ¿crees que el método por el que has conseguido esos privilegios es realmente bueno para ti?

     

Así que ya se ha corrido la voz. Todo el personal sanitario ha escuchado la versión de Berta, y se la han creído. Bueno, supongo que en estos antros no solo las enfermas cotillean.

     

  • Pues pregúntale a Berta porqué me intentó arrancar los ojos a arañazos. Ése ha sido el motivo por el que he recuperado mis privilegios, no sé qué te han contado, pero ésa ha sido la razón.

  • Ya, claro. Lo malo es que Berta lo niega y el director no parece muy convencido con tu explicación.

  • Como le dije al director, a Berta no le queda más remedio que negarlo, para evitar que yo me encabrone aun más y os denuncie. Y el director debe de haberme creído cuando me ha devuelto los privilegios en lugar de echarme del centro, ¿no?. Aunque quizá el que no me cree eres tu, y pones en boca de otros tus verdaderos pensamientos....

A partir de este momento entramos en una dialéctica sumamente aburrida sobre el porqué de los privilegios y el cómo los voy a aprovechar esta vez. Una hora de intento de comida de olla para que sea más dócil, mas manejable. Para que esta vez procure no tirar por la borda todo mi trabajo (una forma muy eufemística de decir que no tire por la borda su reputación como terapeuta). Después de la segunda frase he puesto el piloto automático. Suelto los cuatro tópicos redentores que te ayudan a librarte de más sermones y pongo una cara que es mezcla de dulzura y arrepentimiento, como esas espantosas tallas católicas que muestran los orgasmos religiosos de pseudovírgenes.

Casi todos los tipos de comecocos tienen tres reglas básicas, consideran que si las cumplen no estarán haciendo del todo mal su trabajo: empatía, aceptación incondicional del paciente y autenticidad. Una mierda. Es decir, piensan que si se ponen en tu lugar, no te juzgan y encima se muestran tal y como son te curarás. El problema es que nadie se puede poner realmente en el lugar de otra persona, nadie puede saber lo que ella siente. Como mucho puedes imaginarte cómo te sentirías tu si te pasase lo que le pasa a esa persona; pero la diferencia fundamental, básica, por encima de todo lo demás, es que no sois la misma persona, no pensáis igual, no sentís lo mismo ante igual situación, ni siquiera la realidad que os rodea es la misma ante igual situación. ¿Empatía? Estupidez, cómo va a ponerse en mi lugar él, que nunca ha sentido la necesidad imperiosa de desaparecer, que nunca ha deseado dañar, que nunca se ha manchado las manos de sangre ajena..

La aceptación incondicional es mi regla favorita. ¿En serio alguien se cree éso?. Sólo digo que si fuese comecocos y viniese a mi consulta no sé, pongamos por caso, un violador en serie, me costaría mucho (me resultaría imposible) no golpearlo hasta ver sus sesos esparcidos en la pared. Yo hago daño a los demás, lo sé y disfruto. Y éso no me convierte en mejor persona que ellos. También lo sé y lo asumo. Asumí ser un despojo hace mucho, acepté que nadie es mejor ni peor, solo cambia lo que te rodea y lo que dejas llevar por tus furias. Soy el fruto podrido de una especie en descomposición.

Nos queda la autenticidad. No es cierto, ningún comecocos es auténtico. Te muestran su uniforme de trabajo, su cara amable, comprensiva, respetuosa. Como mucho, de vez en cuando te ponen un ejemplo de su propia vida. Con eso consideran que ya han cumplido. Te demuestran que ellos también tienen problemas que superar.

Y tras tres cuartos de hora de sermones y buenas voluntades expresadas con la boquita pequeña, y los dedos índice y corazón cruzados, salgo de nuevo del despacho, cojo el ascensor y voy a mi habitación. Tengo mono de Wagner, quiero tener ganas de invadir Polonia.

Al llegar a mi cuarto, veo un sobre azul pastelito encima de mi cama. Lleva mi nombre escrito con letras grandes y claras. Supongo que es un carta de Berta, donde las palabras perdón, renacer, búsqueda y ayuda se repiten como si fuesen mantras. Al leerla, se me para momentánemante el corazón, intento vomitar las mariposas de mi estómago y una sonrisa estúpida (a las cosa por su nombre) se me dibuja en la cara. “Reúnete conmigo en la sala de lecturas de la cuarta planta, por favor. Diana”. La cuarta planta es donde están las consultas de los loqueros y las pacientes con mayor gravedad, así que nunca hay nadie en la sala de lecturas. Así que vuelvo a salir por la puerta. La verdad es que ésto de poder moverse libremente es mejor incluso de como yo lo recordaba.

Cojo el ascensor, y se sube conmigo Mario, uno de los celadores. No es mala persona pero es bastante cortito. Me sonríe y pulsa el botón de la segunda planta. Le devuelvo la sonrisa y le doy al botón de la cuarta.

  • Bueno Elisa, ¿qué tal te va?.

  • Pues supongo que ya sabes que después de que Berta casi me arranque los ojos, he recuperado la categoría de humano y me dejan abandonar solita mi jaula.- Sonrío como una niña buena a la que han comprado una piruleta.

  • Ya, si, claro, jeje. Tose incómodo, supongo que la respuesta se aleja del simple “bien” que esperaba.

  • Y tu, ¿qué tal lo llevas Mario?. Llegamos a la segunda planta, me contesta un rápido y casi inaudible “todo bien” desde fuera del ascensor. Le sonrío mientras se cierran las puertas.

     

La verdad es que me siento rara, no sé porqué. Supongo que Diana me acaba de descolocar, no me esperaba de ella una especie de citación. Por fin llego a la cuarta planta. Ha sido el viaje en ascensor más lento de mi vida, o al menos eso me parece. Llego a la sala de lecturas. Ahí está, sentada con ese aire aristócrata que siempre tiene, leyendo un tratado sobre trastornos de personalidad, de un tal Milton y con una taza humeante apoyada delante. Levanta la mirada del libro.

  • Me preguntaste si estaba loca., ¿todavía quieres oír mi versión?.

  • Por favor. - me siento en el butacón que hay delante de ella, me reclino. Me preparo para lo desconocido.

  • Bueno, eso si, todo lo que te diga ahora lo negaré después.

  • Esto, vale...- Me acaba de volver a descolocar- No llevo micros, tranqui- digo con sorna.

  • ¿Sabes cuál es mi diagnóstico?

  • Si, algo así como Muchupasen, no sé muy bien que significa, pero parece ser que es propio de muy tarados, con perdón.

  • Munchausen, en mi caso por poderes; pero no. No tengo Munchausen por poderes. Teóricamente, quien tiene esta enfermedad envenena o hace enfermar a otros para cuidarlos, para parecer una abnegada madre (bueno, en mi caso, novia) pero no lo reconocen, es como un desdoblamiento de personalidad, es como si lo hiciese una parte de tu mente y las otras no lo supieran... ¿me sigues?.

  • Si, si, por ahora no parece tan difícil.

  • Pues éso, yo sabía lo que estaba haciendo, y no era para hacer de enfermera, era para matar. Para matar a mi prometido.

  • Bueno, hay que reconocer que matar no es algo que la gente suela hacer entre el desayuno y la comida, no sé si me explico. Y ¿prometido? ¿cuántos años tienes?

  • 23.

  • Prometida a los 23. Si, estás como una regadera, no me extraña que intentases librarte- sonrío, quiero quitarle un poco de hierro a tanta sinceridad. Diana se ríe también. Después su semblante vuelve a ser serio. Y durante unos minutos no decimos nada.

  • No voy a entrar en detalles, pero digamos que el agravio lo merecía. El caso es que o me metían en la cárcel o me metían en un sanatorio, así que me dijeron que me hiciese la loca. Y por éso, negaré, como buena munchausen, que haya envenenado a nadie.

  • ¿Te arrepientes?- Se lo pregunto con cierta cautela, no sé hasta que punto la respuesta me decepcionará.

  • Me arrepiento de haber sido torpe, de que me hayan pillado. Me arrepiento de haber permitido que me criasen en una burbuja. Me arrepiento de haber sido tan idiota. Por lo demás, lo volvería a hacer.- Y, por suerte, no. No me ha decepcionado, no se acobarda, no acepta las normas por miedo al castigo, dirige su vida. Está, de sobras, a la altura.

  • Vale, a partir de ahora me andaré con cuidado contigo...

  • ¿No te doy miedo?- Lo dice medio sonriendo, entre una pose haciéndose la interesante y un punto de temor.

  • ¿Miedo? ¿por intentar matar a alguien? pues no, la verdad. Me da más miedo quien dice amar al prójimo sin reservas, si te soy sincera. Que quieras matar a alguien solo significa que conoces gente.

  • ¿Y tu? ¿Porqué estás aquí?

  • Ya lo sabes, todo el mundo lo sabe, ¿no? Soy la loca estrella de la institución.- Diana se ríe, me mira con benevolencia.- Me encerraron porque tuve un pequeño intercambio de opiniones con el nuevo marido de mi madre. Pero, vamos, solo llevaba 3 meses fuera de otra clínica parecida...

  • ¿Y por cuánto tiempo?

  • Pues teóricamente hasta que se me curen todos los males, que si tenemos en cuenta lo que dicen los “pofesionales”, son como unos 14, así que supongo que saldré cuando me de la gana, cuando finja ser lo que ellos quieren que sea.

  • Pues espera un poco, ¿vale?. estaría bien tener una cara amiga por aquí.

Por primera y última vez en nuestra relación, Diana se mostró vulnerable y necesitada de apoyo.

  • Y todo ésto, ¿dónde nos sitúa?- Diana mira fijamente al frente, como si en la pared estuviese escrito el jeroglífico que explicase el origen de la vida.

  • ¿Cómo que dónde nos sitúa? Nos sitúa en un jodido manicomio, rodeadas de jodidas imbéciles, con una jodida pulserita que certifica que estamos jodidamente taradas y sin jodidas perspectivas de futuro. Así, en un análisis rápido.

  • Osea que nos sitúa en una posición jodida.

  • Es un buen resumen. Si, jodidas...- Diana se queda pensativa, está buscando algo en su cabeza.

  • En mi casa teníamos en el servicio a una mujer búlgara.- Diana continúa mirando a la pared, parece que esté recitando un cuento ancestral, más que contándome una historia de su vida. Parece estar más ausente todavía.-Llegó sin papeles y mi madre la contrató porque salía más barata. Una vez llegó con un ojo morado, parece ser que el parásito de su marido, además de beberse su sueldo, de vez en cuando le daba un bofetón. Mis padres se hicieron los ciegos, pese a que podrían haberla ayudado (no es que tenga mucha importancia en la historia, te lo digo para que te hagas cargo de lo fabulosa que es mi familia). Al poco, vino a buscarla a casa, a la salida del trabajo. Tenía un brazo abrasado, envuelto en vendas. Al preguntarle dijo que había sido un accidente cocinando, pese a que el concepto de cocinar de este hombre era abrir una cerveza. Al día siguiente le pregunté que como se había hecho realmente su marido la quemadura. Solo me dijo, “jodida si, apaleada nunca”. Una de las frases más sinceras y más sabías que hasta entonces nadie me había dicho.- 

  • Jodidas si, apaleadas nunca. Tranquila, no podrían apalearnos, somos demasiado fuertes para ellos. Somos demasiado fuertes para cualquiera- Se lo dije mirándola a los ojos, sabiendo que las dos lo sabíamos.

  • De todas formas, habrá que ponerle solución. A mi no me jode nadie.- Diana me miró a los ojos. Lo dijo de forma tranquila, con una voz dulce, aunque sus ojos no estaban precisamente azucarados. Era una aseveración y una amenaza a la vez. Lo sé, porque yo pongo la misma voz cuando lo hago.

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Imagen de Lamonjamellada

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| Enviado por Lamonjamellada el Mar, 15/01/2008 - 19:47.
Imagen de bolboreta
Menuda trama tiene..…

Menuda trama tiene...me gusta! Me quedo con la siguiente fase: [i]"Solo me dijo, “jodida si, apaleada nunca”. Una de las frases más sinceras y más sabías que hasta entonces nadie me había dicho.- "[/i]


| Enviado por bolboreta el Mar, 15/01/2008 - 20:01.
Imagen de anaisnin
la furia 5

Dificil, muy dificil hacer un comentario, habría que hacer una tesis. Por abreviar, claro que la osmosis ( y pon el acento donde quieras) no vale. Tratandose de un relato de alguien que supuestamente se desdobla (esquizo y lo de eternamente buena-mala-mala-buena) está relatado de una manera fría y analítica impropia de una demente ( es ella quien relata). Un comentario machista y perdoneme usted por las formas: No parece una mujer la que escribe, no desde el punto de vista de una mujer y ahora mándeme usted al carajo pues seguro lo merezco. Señora es usted magnífica y cada frase merece ser estudiada en profundidad, pero....¿que hago perdiendoel tiempo? voy a leerte que es lo que procede.


| Enviado por anaisnin el Mar, 15/01/2008 - 21:44.
Imagen de anaisnin
la furia 5

Dificil, muy dificil hacer un comentario, habría que hacer una tesis. Por abreviar, claro que la osmosis ( y pon el acento donde quieras) no vale. Tratandose de un relato de alguien que supuestamente se desdobla (esquizo y lo de eternamente buena-mala-mala-buena) está relatado de una manera fría y analítica impropia de una demente ( es ella quien relata). Un comentario machista y perdoneme usted por las formas: No parece una mujer la que escribe, no desde el punto de vista de una mujer y ahora mándeme usted al carajo pues seguro lo merezco. Señora es usted magnífica y cada frase merece ser estudiada en profundidad, pero....¿que hago perdiendoel tiempo? voy a leerte que es lo que procede.


| Enviado por anaisnin el Mar, 15/01/2008 - 21:44.
Imagen de ainara
No tardes tanto en o…

No tardes tanto en ofrecernos la siguiente entrega. Un abrazo


| Enviado por ainara el Vie, 18/01/2008 - 10:13.
Imagen de fisio_dvg
Crack!! :)…

Crack!! :)


| Enviado por fisio_dvg el Dom, 27/01/2008 - 02:31.
Imagen de Tichy
Muy bueno!…

Muy bueno!


| Enviado por Tichy el Vie, 01/02/2008 - 13:58.
Imagen de Perleta
Otro exito!!!

Shh. he vuelto a confundirme con los nombres: Elisa-Diana; creo que las nombras al revés en alguna ocasión. Pero... me encaanta el rol este de las dos chicas, mano a mano, a cargarse a todo el mundo.... mmmm,, ya estoy imaginando, montando mis peliculas... eso es que me encantó. Gracias!


| Enviado por Perleta el Mar, 06/05/2008 - 07:56.
Imagen de Atxa
Quiero más

Je, me lié un poco en en anterior con Diana - Elisa, pero ya me he aclarado las ideas y me ha dicho mucho más sobre la segunda personalidad en escena. Muy bueno, de verdad, a seguir así.


| Enviado por Atxa el Jue, 19/06/2008 - 20:58.
Imagen de abascon
Me sigue atrapando la

Me sigue atrapando la historia, aunque he de admitir (y lamento hacerlo)que no me ha gustado tanto como las entregas anteriores, a pesar de ser una situación emocionante. Esto se debe, a mi parecer, a que no veo las diferencias sutiles en el caracter de las dos que esperaba, había imaginado algunas diferencias en la manera de expresarse de cada una, que finalmente no he hallado. Aún me gusta la historia, pero (no te ofendas) no llega al altísimo listón que venías marcando.


| Enviado por abascon el Mié, 10/09/2008 - 20:11.