Sicidio en Metrópolis
Usted, que me está leyendo, puede que sea feliz o puede que sea infeliz, a ambas cosas tiene derecho. Pero en mi mundo no es así. Yo existo desde mil novecientos ochenta y cinco, cuando el dibujante de Superman me hizo aparecer en la tercera viñeta de la página trece del número ocho de aquel año. Soy el chico rubio que abre mucho la boca. Y desde entonces vivo atrapado en Metrópolis.
Ha llovido mucho desde aquel día. Ya no soy ningún chico con melena. Ahora soy un responsable padre de familia con tres hijos, una mujer y unas entradas que se comieron mi cabellera y mi juventud. Y vivo una feliz vida de asco en esta ciudad de mierda.
Cómo se puede ser feliz en una ciudad donde todas las mujeres, incluida la tuya, están enamoradas de Superman y tus hijos sólo admiran a es héroe en pijama (no se molesten en contestar, es una pregunta retórica). Y a tus hijos tampoco les puedes contar nada de tu infancia porque tú ya naciste con dieciséis años… La vida es decepcionante en el mundo de los superhéroes.
Hace seis años, cuando Emily, mi esposa, estaba embarazada del pequeño, decidimos mudarnos a Godham City. A Emily le hice creer que era por un trabajo mejor, pero lo cierto es que me habían dicho que Batman, su héroe local, era menos admirado, por su… oscuridad. Desgraciadamente, el guionista de Superman decidió que el vuelo 431 tenía que sufrir un incidente y ser rescatado por el hombre de acero. Yo no salí en aquel comic porque me pilló en el lavabo del avión y aún no sé por qué tuve que ir. Desde aquel día todo ha ido a peor; perdí mi empleo de ejecutivo en la corporación Lutor y ahora tengo que malvivir vendiendo coches de segunda mano. Creo que estoy atrapado en Metrópolis y soy infeliz, pero eso los guionistas no pueden tolerarlo. Superman hace feliz a Metrópolis ¿No dan ganas de vomitar?
Pero lo peor ha llegado hoy. Tras años de sufrimiento, había reunido el valor suficiente para acabar de una vez por todas, así que me compré una pistola, hojas de afeitar, una espada japonesa, veneno… estaba dispuesto a suicidarme, pero cuando quise hacerlo, todo desapareció de un plumazo y mi único recurso fue saltar desde lo alto del edificio del Daily Planet y… ¿Adivinan quién estaba esperando para que yo no lograra mi objetivo?
En mi mundo… en Metrópolis está prohibido ser infeliz.
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la verdad es que me ha parecido muy original la historia que cuentas. Nunca me hubiera parado a pensar qué ocurriría con los suicidas en una ciudad con un superheroe. Ahora estarás de enhorabuena (o no). Superman ya no se impondrá en tu vida... Buen relato
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| Enviado por selenio el Vie, 04/01/2008 - 11:29.Ya es la tercera vez que intento este comentario. Personalmente prefiero los personajes secundarios en cualquiera de sus registros. El entrometido de Superman te chafó tu último privilegio. Pobrecito. No solo eres un simple extra del comic eres extraordinario escribiendo. Animo hombre.
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| Enviado por anaisnin el Vie, 04/01/2008 - 16:46.