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¿Un pueblo tranquilo?

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Un día de domingo perfecto, campo, sol y descanso. Pero todo no podía ser redondo. De regreso a casa se nos estropeó la furgoneta. Vino la grúa y nos llevó hasta el pueblo más cercano. Era pequeño y nunca habíamos estado en él. La avería no era muy grande por lo que decimos esperar a que la arreglaran. Mientras fuimos a tomar un café al único bar que había en el pueblo. Parecía una cantina de las películas del oeste, no por la decoración sino por la actitud de los pocos clientes que había, cuatro, incluida la camarera. Una señora de mediana edad que vestía de negro, parecía viuda. También estaban dos hombres sentado en una mesa jugando al dominó y uno como ausente sentado en una taburete en la barra pendiente únicamente de su copa. La camarera parecía estar haciendo cuentas. Cuando llegamos nos recibieron sin mucho entusiasmo y se miraron entre ellos, no se puede decir que fuéramos bien recibidos. Cada uno, aparentemente, continuó con lo que estaba haciendo. Después de pedir unos refrescos llegó la primera extrañeza cuando le pedimos a la camarera que encendiera la máquina del tabaco para sacar un paquete. Sin mirarnos contestó que no había tabaco. Pero si había, se veía a través del cristal de la máquina. Al insistir, uno de los jugadores de dominó se volvió hacia nosotros y con tono desagradable nos dijo: "Si ella ha dicho que no hay es que no hay ¿vale?". Ya no intuíamos que no les gustaba nuestra visita, era obvio que les incomodábamos. Pero ¿por qué?. El hombre que estaba sólo en la barra que sólo atendía a su copa, nos miró fijamente si decir nada. La camarera al darse cuenta le hizo un gesto extraño a lo que este respondió: "Miro a quien me da la gana". En ese momento uno de los jugadores de dominó, el más joven, se levantó, agarró al hombre de la barra por el brazo y lo llevó forzado hasta lo que parecía ser la cocina del bar. Uno de nosotros preguntó "¿Pasa algo?". La camarera sin mirarnos contestó: "Nada que a ustedes les importe, y dense prisa que voy a cerrar". Sin embargo el otro jugador acababa de pedir un cuba libre. Para distraerme miré lo que había detrás de la barra y al ver colgados unos chorizos, queso e incluso un jamón me acordé que aún tenía hambre. Pregunté a la camarera si podía darme un bocadillo. Miró al jugador de dominó como buscando la respuesta y me dijo "No puede ser, se ha terminado el pan". "No importa déme entonces una ración" dije yo. Ella lo pensó y dijo: "Ya les he dicho que vamos a cerrar y no puedo poner nada más". En ese momento salió de la cocina el jugador de dominó que se había llevado dentro al hombre de la barra. Se dirigió a nosotros y nos dijo fríamente: "Váyanse que tenemos que cerrar". La cosa se ponía más inquietante de lo previsto. Uno de nosotros contestó: "Hasta que no acabemos de consumir lo que hemos pedido no nos vamos a ir, además aún no hemos pagado". El hombre se mostró más contundente en sus palabras: "No tienen que pagar nada, están invitados, y váyanse ahora mismo". Se produjo un tenso momento de silencio y mientras apuramos lo que estábamos bebiendo se oyó de pronto la voz de mujer desde dentro. Apenas resultaba ininteligible pero si parecía pedir ayuda o algo similar. El hombre que estaba sentado se levantó y entre los dos nos empujaron para que nos marcháramos. Salimos asustados, confusos y algo indignados. Cuando llegamos al taller donde estaban arreglando la furgoneta, le preguntamos al mecánico por el extraño comportamiento de lo ocurrido en el bar. Le notamos algo nervioso ante nuestra pregunta, y nos dijo “No sé nada. Ya está arreglada la furgoneta. Váyanse por favor que tengo cerrar”. Uno de nosotros comentó en voz alta e irónicamente las ganas que tenía todo el mundo en el pueblo de cerrar y de que nos fuéramos. El mecánico insistió: “Por favor váyanse ya. La avería no ha sido importante, no les voy a cobrar nada, pero márchense ya por favor”. Desconcertados montamos en el coche y nos fuimos del pueblo. Yo iba conduciendo y no podía quitarme de la cabeza lo que nos acababa de suceder: algo pasa aquí. Vamos a dar la vuelta y a volver al pueblo.
(Continuará)

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