23h 56m
Mis compa帽eros de promoci贸n acababan de terminar la instalaci贸n del gran radiotelescopio cuando, por un golpe de suerte, se me ofreci贸 la oportunidad de mi vida: poder emplear el gigantesco aparato durante dos semanas completas. Ese ser铆a el tiempo que los t茅cnicos inform谩ticos y los de mantenimiento necesitar铆an para ponerlo a punto mientras que los primeros becados, desde cualquier parte del planeta, no comenzar铆an a llegar hasta el que instrumento estuviese a punto y finamente calibrado.
El aparato era un radiotelescopio. En realidad era EL GRANDE: una gran red de orejas electr贸nicas que se extend铆an en un gran c铆rculo de treinta kil贸metros de di谩metro; exactamente cincuenta grandes antenas, algunas de ellas inmensas mallas met谩licas, conectadas las unas a las otras por medio de los sistemas de cableado 贸ptico m谩s avanzado, controlados por ordenadores digitales de 煤ltima generaci贸n y con servidores capaces de reconocer, por medio de su software y algoritmos heur铆sticos inteligentes, cualquier se帽al en un mar de ruido electr贸nico.
Instalado en la parte del continente menos habitada, rodeada de amplios desiertos por todos lados, el radiotelescopio estaba ubicado a las afueras de un peque帽o complejo de edificios administrativos, oficinas, talleres, laboratorios y almacenes de todo tipo. En esas instalaciones no faltaba de nada: desde una cafeter铆a modesta hasta una biblioteca, habitaciones para los cient铆ficos permanentes e invitados, cocinas, dependencias variadas, veh铆culos para cruzar el desierto o incluso una pista de aterrizaje por si se necesitaba para alguna emergencia m茅dica.
Todo comenz贸 cuando mi tutor, de quien acababa de despedirme d铆as antes tras haber le铆do mi tesis doctoral (鈥淪e帽ales espaciales peri贸dicas y rotaci贸n estelar鈥) me coment贸 de pasada, y en la cafeter铆a, que cab铆a la posibilidad de poner a prueba mis hip贸tesis sobre la rotaci贸n estelar en radiofrecuencias empleando, durante dos semanas, el mayor radiotelescopio del planeta. Aunque las condiciones de trabajo no eran 贸ptimas, ya que los cables colgaban por todos lados y apenas si podr铆amos comer alg煤n plato caliente al d铆a debido a que el personal todav铆a no hab铆a comenzado a llegar, me apunt茅 de inmediato. La suerte me sonre铆a: ninguno de mis compa帽eros podr铆a tener acceso al mayor radiotelescopio del mundo nada m谩s terminar la carrera; lo habitual era esperar varios a帽os.
El d铆a de mi llegada aprend铆, en mis propias carnes, por qu茅 mi profesor se hab铆a sonre铆do cuando acept茅 la oferta sin apenas pensarlo: la mayor铆a de las habitaciones de invitados ten铆an camas sin el somier, el agua corriente s贸lo sal铆a fr铆a de la ducha y dos camareras ten铆an que servir comidas (la mayor铆a de ellas fr铆as) a dos docenas de t茅cnicos, mec谩nicos, cient铆ficos, becados y personal administrativo de todo tipo que pululaba por las instalaciones sin llegar a poner a punto todo el conjunto. Hab铆a mucho trabajo por hacer todav铆a y faltaban, al menos, dos semanas para que se abriesen oficialmente las puertas a los primeros investigadores. Yo llegaba, en realidad, con dos semanas de adelanto (mejor dicho: pod铆a trabajar gracias a que nadie, en su sano juicio, querr铆a trabajar con el equipo en esas condiciones).
Una vez que consegu铆 una habitaci贸n con somier, algunas mantas y una taquilla para depositar mis escasos enseres, me dispuse a aprovechar la oportunidad de mi vida. De modo que me dirig铆 de inmediato a la sala de control de las antenas: all铆 podr铆a poner a punto mi plan de trabajo y comenzar, con suerte, esa misma noche.
La sala de control era, como el resto de las instalaciones, un caos. Los ordenadores todav铆a no estaban a punto (s贸lo podr铆a emplear dos), los cables colgaban por las paredes y serpenteaban por los suelos todav铆a sin asegurar o sin cubrir, los ventiladores y refrigeradores trabajaban a la mitad de su capacidad de manera que el calor era pesado; no era posible encontrar una silla c贸moda y si quer铆a disponer de electricidad para una l谩mpara auxiliar era preciso conectarla, con alargadores, casi treinta metros m谩s lejos en otra habitaci贸n igual de ca贸tica. Entre ruidos, gemidos de metal, golpes, repiqueteo de herramientas, polvo de madera o metal, las voces de los t茅cnicos y auxiliares d谩ndose 贸rdenes o respondiendo preguntas, la cacofon铆a de las herramientas trabajando en sus distintos quehaceres pude conectar los dos ordenadores y, con algo de habilidad, un铆 a ellos mis discos de memoria y la unidad l贸gica de an谩lisis.
Mi tesis hab铆a versado sobre la posibilidad de emplear las ondas de radio de las estrellas para determinar su velocidad de rotaci贸n; era un trabajo novedoso pero, a la vez, cl谩sico: desde hac铆a decenios otros investigadores que me hab铆an precedido hab铆an empleando la luz para determinar, por el corrimiento de frecuencias, la velocidad de rotaci贸n del limbo de las estrellas o incluso el per铆odo de traslaci贸n de algunos planetas gigantes en torno a sus soles. Hac铆a d茅cadas que sab铆amos que alrededor de muchas estrellas giraban grandes planetas: masas de gases helados, m谩s peque帽os que sus estrellas pero grandes de todos modos, en los que cab铆a la posibilidad de que existiese vida. Quiz谩 seres ex贸ticos, raros a nuestros ojos, pero de todos modos vivos y con distintos grados de inteligencia. 驴Habr铆a algunos lo suficientemente avanzados como para construir radioemisores potentes que podr铆amos escuchar con nuestros aparatos? Cab铆a esa posibilidad.
Durante el resto del d铆a entre molestias y ruidos, nubes de polvo y alg煤n que otro susto con las peque帽as explosiones de los t茅cnicos estuve preparando los equipos, moviendo las antenas paso a paso para aprender el modo de controlar el equipo sin problemas y esperando a la noche, la larga noche que me permitiese comenzar el trabajo previa calibraci贸n con ciertas fuentes bien estudiadas.
La noche no era precisa, en realidad, para comenzar a trabajar: el conjunto de antenas trabajaban con radioondas de manera que daba igual que fuese de d铆a o de noche; sin embargo con la finalizaci贸n de la jornada lleg贸 la paz, precisamente lo que yo necesitaba: los t茅cnicos de mantenimiento se fueron marchando poco a poco, los ayudantes, los mec谩nicos y otro personal diverso fue abandonando el centro de control hasta que al final en torno m铆o se hizo el silencio. Estaba completamente solo. Pod铆a comenzar a trabajar plenamente concentrado.
Entre las m谩s de cien mil millones de estrellas que poblaban nuestra galaxia hab铆a una estrella que me llamaba mucho la atenci贸n: denominada DD12 era amarilla, de edad mediana, pose铆a dos planetas gigantes girando a su alrededor y parec铆a que emit铆a gran cantidad de radiaci贸n de manera an贸mala. Los compa帽eros de facultad, espectroscopistas todos ellos, me hab铆an comentado pacientemente que dada su composici贸n superficial no era posible que emitiese tantas radioondas: no exist铆a gas y polvo en sus alrededores (hab铆a limpiado sus inmediaciones hac铆a miles de millones de a帽os), no hab铆a ninguna estrella enana que le robase materia y tampoco parec铆a que sus fulguraciones justificasen que, en ciertas bandas, fuese un astro muy brillante pese a distar m谩s de cien a帽os-luz de nosotros. Era singular en muchos sentidos y en mis manos estaba aportar algo m谩s de luz sobre este astro.
DD12 distaba, seg煤n los estudios m谩s recientes, exactamente 101.2 a帽os luz de nuestro planeta, pose铆a una masa mediana tirando a baja, era amarilla con una edad mediana y no parec铆a ser variable en absoluto dentro de la precisi贸n de nuestros instrumentos. No parec铆a an贸mala en ese sentido: como ella pod铆amos contar otras cien mil o doscientas mil m谩s, quiz谩 incluso medio mill贸n de astros similares. En im谩genes tomadas con filtro rojo no era especialmente brillante; si el filtro era azul brillaba algo menos y si las im谩genes estelares se tomaban con otros filtros (violeta o infrarrojo) ocurr铆a lo mismo: era un astro similar a los dem谩s que no parec铆a presentar anormalidades significativas. La gran diferencia estaba en el reino de las radioondas: ah铆 s铆 que era un bicho raro, era rara avis...
Los primeros investigadores con sus primitivas antenas no fueron capaces de detectarla ya que no era una radiofuente demasiado intensa: en realidad no era brillante en absoluto. S贸lo cuando se pudo poner en marcha el escaneado de la banda decam茅trica se descubri贸 que brillaba m谩s que todas las estrellas de la misma zona celeste juntas. DD12 era, en esa zona del radioespectro, un astro an贸malo: incluso con baja resoluci贸n destacaba como una mancha negra sobre un papel blanco, o como una mosca muy negra en una gran palangana de crema completamente blanca鈥 En sus inmediaciones no exist铆a un astro que emitiese tanta potencia en la banda decam茅trica: era una estrella completamente an贸mala y especial, aunque nadie hasta ahora hab铆a descubierto el por qu茅.
Ya que dispon铆a de un excelente instrumento, muy sensible y completamente desaprovechado durante un tiempo, me mediqu茅 con deleite a intentar descifrar el por qu茅 de su misterio.
En cuanto pude conect茅 todas las antenas en una gran oreja sint茅tica cuya sensibilidad quedaba agigantada de esta manera: cualquier murmullo electr贸nico, por muy peque帽o que fuese, ser铆a capturado y grabado siendo analizado posteriormente en la tranquilidad de alg煤n remoto laboratorio. La gran superficie sint茅tica, la m谩s sensible del mundo en estos momentos, comenz贸 a capturar las radioondas de la lejana estrella que, aunque d茅biles, ser铆an enormemente amplificadas y filtradas por su complejo sistema de apoyo y rastreo. En uno de los monitores aparec铆a la informaci贸n obtenida: la se帽al en bruto, su intensidad en esa banda, los arm贸nicos superiores e inferiores as铆 como el espectro de potencia en las diferentes longitudes de onda. Lo extra帽o era que la se帽al no era ni remotamente parecida a la de otras estrellas de id茅ntico espectro, metalicidad o edad.
Tras los algunos minutos de escucha el ordenador dispuso de suficiente informaci贸n grabada con la cual iniciar un an谩lisis preliminar. El primero de ellos fue el espectro de potencia: la estrella emit铆a en forma bimodal pero muy asim茅trica; sobre un continuo d茅bil se superpon铆a una se帽al m谩s intensa que era la que siempre hab铆amos detectado con instrumentos m谩s peque帽os, al ser la m谩s fuerte de las dos: el d茅bil continuo hab铆a quedado oculto por la intensidad de la se帽al principal. Al cabo de media hora de escuchar la estrella tuve muy claro que eran dos, al menos, las fuentes de radio: la m谩s d茅bil de ella correspond铆a, sin duda alguna, a una estrella de espectro G2 t铆pica ya que la distribuci贸n de frecuencias seg煤n su temperatura superficial te贸rica era completa y absolutamente id茅ntica a la de otras miles de estrellas similares. Sin embargo la segunda se帽al, la m谩s conspicua y potente, era completamente distinta a la de una estrella. No se parec铆a a nada conocido.
En primer lugar estaba la potencia: ninguna de las estrellas conocidas y estudiadas por nosotros emit铆a tanta potencia en la banda decam茅trica (con potencia decreciente en otras longitudes de onda). En segundo lugar ten铆amos la complejidad: mientras que una estrella pod铆a emitir se帽ales de radio que los ingenieros catalogar铆an como ruido, sin estructura l贸gica alguna, las que est谩bamos recibiendo de DD12 mostraban una complejidad asombrosamente alta, como si fuesen artificiales. Ya en el pasado hab铆a ocurrido algo similar cuando un investigador public贸 un denso trabajo sobre una estrella que emit铆a pulsos con una regularidad sobrehumana; m谩s tarde otros investigadores descubrieron que la regularidad se deb铆a a que la estrella rotaba sobre s铆 misma con gran velocidad. Y con ello se termin贸 la sobrenaturalidad. En el espacio no hab铆a (pens谩bamos nosotros) se帽ales de radio artificiales. No hasta el momento en que el ordenador comenz贸 a analizar la primera hora y media de grabaci贸n de la estrella DD12.
A la complejidad de la se帽al, repleta de arm贸nicos de todos los tonos que parec铆an contener abundante informaci贸n pero de tipo ca贸tico, se un铆a un lento decaimiento en la potencia de ciertos arm贸nicos y un curioso incremento en otros. Mientras la noche avanzaba muy lentamente y el instrumento registraba, incansablemente, la se帽al de la estrella era m谩s y m谩s evidente que 茅sta era completamente ajena al mundo natural: las tormentas produc铆an ondas de radio, las magnetosferas planetarias produc铆an tambi茅n ondas de radio, las nubes de gas espacial pod铆a producir ondas de radio (los m谩seres) e incluso las estrellas. La se帽al que estaba registrando no pod铆a provenir de una estrella, era demasiado artificial.
Cuando hube seguido la estrella durante cuatro horas y media me convenc铆 totalmente de la artificialidad de la se帽al: unos arm贸nicos se hab铆an debilitado y desaparecido, otros se hab铆an intensificado, debilitado y luego desaparecido. Ahora estaba registrando un nuevo arm贸nico que hab铆a comenzado a ser detectado hac铆a algunos minutos y se estaba intensificando exactamente igual que los anteriores. Mientras una parte de los programas de an谩lisis registraban y med铆an la intensidad de ciertos arm贸nicos otra intentaba encontrar pautas dentro de la se帽al. Al principio s贸lo se detect贸 una mezcla ca贸tica de se帽ales, luego el computador fue separando pacientemente unos arm贸nicos de otros y m谩s tarde, en una maniobra que podr铆a haberse llamado genial si hubiese sido un humano, comenz贸 a detectar y registrar independientemente hasta once se帽ales distintas dentro de la se帽al principal. 脡sta parec铆a estar compuesta por otras se帽ales m谩s d茅biles todas ellas independientes ya que el an谩lisis de velocidad, muestreo, polarizaci贸n, frecuencia, amplitud y rotaci贸n as铆 lo mostraban. Adem谩s estaba la cuesti贸n de la intensidad: mientras que unas se帽ales, los arm贸nicos como los hab铆a llamado el ordenador, decrec铆an de intensidad hasta desaparecer nuevas se帽ales aparec铆an, crec铆an en intensidad, alcanzaban un m谩ximo y comenzaban a debilitarse de modo armonioso y predecible.
Se me ocurri贸 una posibilidad pero era descabellada: estaba estudiando una estrella que rotaba bastante r谩pidamente (aunque demasiado para ser enana amarilla) y emit铆a se帽ales de radio artificiales y moduladas, repletas de informaci贸n codificada de gran complejidad. La hip贸tesis era completamente absurda, ya que los registros de potencia me indicaban que cada una de las se帽ales ten铆a un comportamiento completamente de acuerdo con el de un astro que girase en pocas horas; eso explicaba el comportamiento de la se帽al: un emisor comenzaba a aparecer d茅bilmente en un extremo de la estrella y alcanzaba la potencia m谩xima cuando estaba transitando por el centro del disco estelar, momento en el cual iniciaba una lenta y constante decaimiento hasta que dejaba de registrarse cuando estaba muy pr贸xima al limbo estelar. Despu茅s de que todos se hubiesen marchado a la cama, rendidos por el trabajo diario, yo segu铆a estudiando febrilmente la estrella completamente convencido de que era algo inusual.
***
El 煤ltimo an谩lisis inform谩tico, obtenido despu茅s de procesar m谩s de nueve horas de registro, indicaba sin ning煤n g茅nero de duda que la estrella conten铆a al menos cincuenta se帽ales distintas que aparec铆an y desaparec铆an a medida que el astro giraba sobre su eje. Ninguna de las mismas era similar a las anteriores o posteriores, todas eran parecidas pero distintas: codificaban informaci贸n de tres o cuatro modos distintos, no m谩s de diez, pero no eran id茅nticos entre s铆. Cuando el n煤mero de horas registradas y analizadas ascendi贸 a diez el c贸mputo de fuentes distintas hab铆a ascendido a sesenta, cifra que subi贸 a cerca de cien cuando la fatiga me cerraba los ojos despu茅s de once horas de seguir la estrella sin descanso. Me acost茅 un rato en uno de los sillones y cerr茅 los ojos unos minutos.
***
Regres茅 a mi cuerpo cuando un ruido violento me despert贸: hab铆a sido uno de los t茅cnicos del nuevo turno que hab铆a dejado caer, por descuido, un pesado libro al suelo. Sin reparar en el aspecto de mi cabello ni mis ropas acud铆 al ordenador: la estrella estaba muy cerca del horizonte y s贸lo pod铆a seguirla durante media hora m谩s antes de que los mecanismos de seguridad de las antenas, inmisericordes, las bloqueasen al aproximarse peligrosamente a la posici贸n l铆mite. Cuando el astro lleg贸 a su posici贸n extrema desconect茅 las antenas y las llev茅 a la posici贸n park: descansar铆an aparcadas hasta que alguien las usase o la estrella volviese a aparecer, cerca de dieciocho horas despu茅s, sobre el horizonte. Era el momento de analizar en profundidad el material obtenido.
Diecinueve horas y media de observaci贸n continuada fueron analizadas por los m谩s r谩pidos y complejos programas inform谩ticos que ten铆amos; desmenuzaron la se帽al en patrones seg煤n la longitud de onda y la potencia, la codificaci贸n de cada una de las se帽ales, el desplazamiento orbital y se lleg贸 a la conclusi贸n de que exist铆an al menos ciento cincuenta focos distintos o emisores que produc铆an, a su vez, ciento cincuenta se帽ales distintas cuya potencia aparente cambiaba a medida que el astro rotaba. A lo largo del tiempo de observaci贸n se pudo registrar la aparici贸n y desaparici贸n de ochenta y tres fuentes distintas, las cuales necesitaban algo menos de doce horas en cruzar el disco de la estrella desde que aparec铆an por uno de sus limbos hasta que desaparec铆an en el opuesto. 隆Entonces se trataba, sin duda alguna, de una estrella que rotaba despu茅s de todo! Y ese tipo de astros eran mi especialidad鈥
El ordenador encontr贸, adem谩s, una estrecha correlaci贸n entre la posici贸n de las fuentes: 茅stas iban desfilando lentamente delante de mi sistema de antenas de tal manera que el conjunto sint茅tico, dotado de una alt铆sima sensibilidad y poder de resoluci贸n, era capaz de cartografiar la posici贸n inequ铆voca de cada una de ellas sobre la superficie de la estrella鈥 en poco tiempo, a medida que la estrella rotase sobre su eje, podr铆a obtener un radiomapa completo y altamente detallado de todas y cada una de las fuentes. El resto de la jornada lo dediqu茅 a programar nuevas rutas de b煤squeda con la idea de resolver el misterio; las se帽ales parec铆an contener una informaci贸n codificada muy rica y eso me gustaba, porque no parec铆an ser de origen natural. Hab铆a que encontrar una explicaci贸n a este hecho.
Cuando la estrella volvi贸 a asomar sobre el horizonte yo estaba completamente descansado y preparado: el conjunto de antenas rot贸, se orient贸 adecuadamente y comenz贸 a grabar nuevamente las se帽ales de radio que recib铆an de ese astro misterioso. A lo largo de la noche el conjunto de datos fue aumentando poco a poco. Me estaba tomando un refresco en mitad del turno de trabajo cuando el sistema de an谩lisis encontr贸 una coincidencia: una de las fuentes de radio que registr茅 al inicio de mi b煤squeda acababa de aparecer nuevamente en uno de los limbos de la estrella. El hecho no estaba claro en los primeros minutos de an谩lisis de manera que esper茅 todav铆a dos horas m谩s para volver a comprobarlo; el ordenador no se equivocaba: exist铆a una total coincidencia entre tres se帽ales de radio e incluso quiz谩 una cuarta, que acababa de asomar tras el limbo de la estrella. Las radiofuentes se reconoc铆an, inconfundibles, unas de otras por la potencia de emisi贸n, la modulaci贸n de la se帽al y la codificaci贸n: cada una de ellas era completamente distinta de las adyacentes y eso permit铆a que el sistema de ordenadores las reconociesen; era como si cada una de ellas tuviese una se帽al de identidad propia.
Transcurrieron las horas lentas, mon贸tonas para todos pero muy cortas y excitantes para m铆. El ordenador, al que hab铆a programado con los 煤ltimos cambios que se me hab铆an ocurrido, estaba analizando un nuevo conjunto de datos cuando son贸 la se帽al de alarma: 隆hab铆a encontrado repeticiones dentro de la codificaci贸n de algunas de las se帽ales!
Este hecho sorprendente le daba un giro completamente inesperado a mi investigaci贸n: en la estrella que estaba estudiando no s贸lo exist铆an m谩s de un centenar de fuentes de radio distintas, cada una de ellas emitiendo se帽ales en frecuencias diferentes, sino que pod铆an reconocerse las unas de las otras por ciertas repeticiones casi peri贸dicas que las hac铆an 煤nicas y las diferenciaban de las dem谩s.
Dado que no hab铆a reparado en este hecho con anterioridad program茅 una corta rutina digital para que analizase las se帽ales individualmente durante todo el tiempo en que cada una de ellas hab铆a sido registrada: como dispon铆a ya de dos conjuntos de datos separados entre s铆 por muchas horas pod铆a hacer este tipo de an谩lisis sin miedo a que el muestreo fuese insuficiente. Unos pocos minutos bastaron para que el ordenador me diese la respuesta: las radiofuentes emit铆an informaci贸n codificada que por lo general era distinta de hora en hora, pero sin embargo con alguna frecuencia se repet铆an cortos conjuntos de informaci贸n que eran exactamente id茅nticos. 驴Ser谩n siempre los mismos?: s铆, siempre eran los mismos en cada una de las radiofuentes. 驴Son distintos en cada una de las radiofuentes?: s铆, son distintos los unos de los otros. 驴Me podr铆an servir para catalogar individualmente cada una de las radiofuentes?: muy probablemente ya que el ordenador me dec铆a que de las sesenta radiofuentes que hab铆a identificado y cartografiado inequ铆vocamente sobre la superficie de la estrella ninguna de ellas ten铆a esa cadena de informaci贸n repetitiva id茅ntica a la de ninguna otra. Sin embargo la leve deriva que se apreciaba en la se帽al, el peque帽o desplazamiento espectral, apuntaba a que la estrella o el astro en el cual se encontraban asentadas las radioemisoras se mov铆a lentamente, como si girase en torno a otro astro principal. Como la estrella DD12 no era binaria s贸lo cab铆a una 煤nica explicaci贸n: 隆El sistema de radioemisoras estaba asentado sobre un planeta y no sobre la estrella principal del sistema planetario! 驴Se originar铆an las se帽ales en alguno de los dos gigantescos planetas gaseosos que rotaban en torno a la estrella?
Fue entonces cuando se me ocurri贸 una idea curiosa: 驴Por qu茅 no pasaba a la banda auditiva alguna de las se帽ales? Hasta ahora me hab铆a limitado a representar las distintas radiofrecuencias sobre un monitor, lo que me permit铆a examinar los espectros de frecuencias con suma facilidad pero sin llegar a reparar del todo en la ex贸tica variedad de informaci贸n que se estaba emitiendo desde el astro y nosotros recib铆amos. Sin perder un solo instante orden茅 a las m谩quinas que una de las se帽ales, la que proven铆a de la radiofuente que en ese instante estaba situada en el centro del cuerpo celeste, fuese transformada en impulsos el茅ctricos que pudiesen ser reproducidos por el sistema de altavoces de la sala de control.
Segundos despu茅s la habitaci贸n se llen贸 de sonidos extraordinariamente ex贸ticos, distintos a lo que estaba habituado a escuchar habitualmente en mi mundo; lentos en un momento, r谩pidos en otros, fuertes o d茅biles alternando la ritmicidad del sonido y con oscilaciones en la frecuencia y tonalidad de los mismos. 隆Con mucha valent铆a e imaginaci贸n incluso podr铆a decirse que parec铆a un lenguaje! Se me escapaba el sentido del ruido aunque era evidente que exist铆a una cadencia y ritmicidad no natural en los mismos, como si proviniesen de seres dotados de inteligencia que estuviesen lanzando se帽ales artificiales al espacio. Cuando el ordenador me avis贸 con un pitido que se acercaba una de las t铆picas repeticiones que se apreciaban en todas las radioemisoras prest茅 suma atenci贸n para intentar detectar la repetici贸n por mis propios medios.
No llegu茅 a comprender absolutamente nada del galimat铆as sonoro que me rode贸 pero s铆 pude comprobar con mis propios sensores auditivos que hab铆a alg煤n tipo de informaci贸n oculta en la se帽al proveniente del sistema DD12, probablemente originada en alg煤n planeta que rotaba sobre s铆 mismo en poco menos de veinticuatro horas (exactamente 23 horas y 56 minutos), pese a que no llegu茅 a identificar lo que significaban los sonidos que el sistema de altavoces lanzaba por toda la habitaci贸n:
鈭"Est谩n sintonizando el programa de grandes 茅xitos musicales de la KBBL, programa patrocinado por la cadena comercial Coronel Chicken: pollos asados con carb贸n vegetal para que conserven toda su jugosidad, sabor y aroma campestre".
Como no comprend铆a absolutamente nada del mensaje extraterrestre me limit茅 a replegar mis trompas auditivas y a mirar con mis seis ojos compuestos por el gran ventanal, mientras admiraba el lento desplazamiento de los dos soles gemelos sobre el cielo rojizo de mi planeta y los curiosos juegos de luces y sombras que se originaban sobre las achatadas monta帽as de metano helado del horizonte.
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