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Alejandro

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Entre a trabajar a aquella pequeña distribuidora de granos y semillas, el trabajo era sencillo a simple vista, tener a los vendedores a ralla, hacer que se fueran a trabajar temprano, que cumplieran con su ruta y que cumplieran con su cuota de venta, nunca fui una persona muy imponente físicamente, era atlético, pero delgado, mientras que debieron ver a aquellos vendedores, a acostumbrados a cargar diariamente cajas de 20 kilos y bultos de hasta 40, sus antebrazos estaban decorados con venas enormes y saltonas, además de que sus cuerpos estaban tremendamente musculados, con manos enormes, bíceps a punto de reventar y espaldas gigantescas, listos para la pesada carga, así comprenderán que mi trabajo a pesar de ser simple, tenía sus dificultades, era como ser el domador de una jaula de fieros leones.

Debo confesar que yo era bastante estricto con estos tipos, eran bastante rudos y acostumbrados a aprovecharse de cualquiera a la primer oportunidad, decía mi jefe: -“Nunca confíes en un vendedor, todos son mentirosos y tramposos, pero entre más lo sean, son mejores vendedores.” –Por lo cual yo los mantenía bien a ralla, reporte al que se saliera de la línea que yo les indicaba, aunque esto me traía bastante fricciones con algunos de ellos, más de uno, estoy seguro, estaría muy contento de encontrarme en la calle y darme una buena golpiza.

Recuerdo que aquella noche el contador de la empresa nos invitó a una fiesta que haría en su casa con motivo de su cumpleaños, el día era frío y se esperaba que la noche lo fuese más, varios nos fuimos en la camioneta con algunos de los vendedores, mi jefe solía prestarle en ocasiones las camionetas a los vendedores, siempre y cuando al día siguiente salieran muy temprano a ruta.

La fiesta estuvo un tanto aburrida, carne asada, cerveza y tequila al aire libre, una noche fría, que enfriaba el ambiente, Alejandro, uno de los vendedores más altos y musculados no me quitaba la mirada de encima, estaba seguro que si aquel tipo se embriagaba un poco más se daría el suficiente valor para retarme a golpeas, siempre me cuidaba de él, era mucho más alto y grande que yo, mucho y en una pelea con él mis posibilidades eran pocas.

Opte por beber tequila para mitigar aquel tremendo frio, el cansancio causado por levantarme todos los días a las 5 am terminó venciéndome, por lo que le pedí al festejado me permitiera dormir en el sofá de la sala de su casa, debí pasar unas dos horas dormido en aquel lugar, la fiesta termino alrededor de las 3 o 4 de la mañana, en que fueron a despertarme para que nos retiráramos, me hallaba bastante tomado y somnoliento y me llevaron hasta una de las camionetas y subí en la parte de atrás, entre sacos de frijol, arroz y cajas de harina me recosté nuevamente, el camino era largo, desde las afueras de la ciudad, hasta las oficinas de la distribuidora, por lo que dormí nuevamente.

La camioneta se detuvo y yo desperté, eran las 4.30 de la mañana, por suerte era sábado y no se laboraba ese día, platicamos unos minutos en las afueras de la distribuidora, poniéndonos de acuerdo en cómo irnos cada quien a sus casas, para mi infortunio, ninguno de mis compañeros de oficina vivían cerca de mi casa, mi única opción fue irme con José, asistente de contabilidad y con Alejandro el vendedor, esperaba que Alejandro me dejara primero en mi casa y después a José, así de alguna manera las posibilidades de que Alejandro me agarrara a golpes eran menores, subí nuevamente a la parte trasera de la camioneta y me acomodé, mis ojos empezaron a cerrarse.

Desperté cuando escuche el ruido de algo que descendía, vi como una cortina eléctrica bajaba y la poca luz que había a las 5 de la mañana desaparecía.

Traté de abrir la puerta para ver que ocurría, Alejandro se me adelantó y abrió la puerta, sorprendido le pregunte por José y sobre el lugar en que estábamos, me dijo que había dejado a José en casa de sus suegros y que estábamos en un motel, al preguntarle el motivo por el cual estábamos ahí, me comento que estaba muy cansado y que prefería dormir un poco, antes que dormirse manejando y que nos ocurriera un accidente, me sentí atrapado, no tenía muchas opciones, quería salir corriendo de ahí antes de que este tipo me matará.
Entramos al cuarto, yo seguía pensando en cómo largarme de ahí, mientras que Alejandro se quitaba la camisa, el tipo estaba enorme, con unos pectorales increíbles y unos brazos sumamente abultados, se saco las botas vaqueras, acto seguido desabrocho su cinturón, de enorme hebilla y bajo sus pantalones, no llevaba ropa interior, por lo que pude ver su cuerpo sumamente marcado, como de piedra y un largo y flácido miembro que colgaba y se mecía, que obviamente en erección debía alcanzar proporciones descomunales.

-Quítate la ropa!- Me dijo en tono dominante, -Estas loco?, de que hablas- Le contesté, -A que crees que te traje a este lugar?- Me dijo al tiempo que se abalanzaba sobre mí y me arrojaba sobre la cama, se lanzó sobre mí, el tipo era demasiado fuerte y no podía quitarlo de encima, en medio de mis piernas sentía aquel monstruo que se alzaba y se apretaba contra mí.

Arranco mi camisa y mis pantalones, para después casi pararme de cabeza y sacarme mis calzones, quede desnudo sobre aquella cama y el parado frente a mí con su miembro enorme y erecto apuntándome, -Desde que llegaste quería esto y hoy por fin tuvimos oportunidad- Me dijo, -De que hablas? Estás loco?- Le conteste.

Se abalanzó sobre mí y me giró, me dio la vuelta y acercó mi cadera a su cuerpo, sentí parte de su masculinidad acercándose a mis nalgas, poco a poco entraba dentro de mí a la fuerza, causándome mucho dolor, sus enormes manos se aferraban a mi cintura, sin darme oportunidad de zafarme, yo gritaba y pedía me soltara, dos o tres fuertes golpes en la espalda me dejaron sin aire y ya no pude oponer resistencia, al tiempo que sentía como entraba y salía de mi, Alejandro parecía gozarlo bastante -Estas bien apretadito, casi como una adolescente-Me decía,su cuerpo se llenaba de sudor y sentía sumamante humeda mi espalda, Alejandro se vino varias veces dentro de mi, seguidas, cada vez que se venía, sentía en mi interior un enorme torrente caliente de liquido, yo pensaba que ahi terminaría todo, pero Alejandro segúia, gritaba un poco, pero no se detenía, otras se venía afuera de mi, y sentía su semén caliente en mi espalda.

Pasaron una o dos horas, tiempo en el que Alejandro me hizo suyo a diestra y siniestra, yo permanecía sobre la cama, mientras Alejandro salía de bañarse, sin secarse se puso su ropa y recogía la mía y me la arrojo cerca. –Vístete, te invito a desayunar y te llevo a tu casa-Me dijo, ya nada fue igual a partir de aquel día, no pude volver a darle ordenes a Alejandro después de todo el me había superado, hacía lo que quería y yo no podía hacer nada, temía que volviera a repetir aquella madrugada en el motel y prefería no reportarlo a pesar de que llegaba tarde y no cumplía con sus cuotas.

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obra negra

pues soy media ignorante tu historia la lei y relei me dejo sin aire fue una violacion ? yo lo entendi asi terrible historia besos.


| Enviado por MONICA DENIS el Jue, 23/10/2008 - 13:19.

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