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Alternativo (Suplementum: Secuanda Pars)

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Intenté de muchos modos que te dieras cuenta de este amor, que apreciaras cuanto hacía por ti ¿Alguna vez notaste que en el asiento trasero del auto siempre había una rosa roja? La llevabas en tu mano pero nunca me diste las gracias o una mirada fuera de lo común, igual era con los arreglos de margaritas que día a día llevaba con el desayuno el encargado del segundo hotel. Al mudarse del primer hotel tuve un viso de esperanza; cuando tomé tu mano para ayudarte a bajar no la retiraste, y yo… pobre de mí, me quedé pensando que a partir de ahí sería posible por lo menos besarte. No digo que te hayas burlado, quizá yo pensé de más, de mucho más. Nunca escribiste para mí una carta ni me dedicaste unas palabras de aliento, será por eso que me perdí en este laberinto de palabras que llevan a mi centro justo: la soledad.

Lo peor vino después de que te fuiste, ó se fueron... como sea; las noches se hicieron largas, largas y lo único que no duraba eran las botellas de licor que bebía mirando la foto en donde aparecías con tu esposo, al que recorté la cara para poner la mía ¿Puedes imaginar hasta dónde llega lo que siento por ti? No... estoy seguro que aún no lo sabes y esta carta en la que te pongo la forma de amor que me hubiera gustado contigo, espero te despierte el alma y veas que el supuesto amor que tú tienes no es tal, es con el único fin de que estés para mí; el amor es algo tan sublime como lo que ahora te describo, algo posible, algo que tengo en las manos y que no me han podido robar ni dos años en el psiquiátrico ¿Lo ves? Hasta eso hice por ti.
Días después de tu partida mi familia me localizó en el departamento y… no recuerdo mucho. Algún amigo me contó que hablaba sólo incoherencias y que pasé muchos días dentro del departamento, que nunca contesté a las llamadas del trabajo y sólo cuando mi familia me empezó a buscar dieron conmigo. Intentaron hablarme y yo quedaba con la mirada perdida pensando en no sé qué, en realidad pensaba en ti, pero no quería hablar con nadie ¡Todo era tan reciente! Y la necesidad de alcohol me orillaba a buscarlo a cualquier hora y de cualquier modo. La familia quiso tenerme algún tiempo a su cuidado pero, incluso, llegué a hurtar dinero y cosas para proveerme de licor.
No te espantes corazón, pude superarlo: ahora ya no bebo, sólo algunas pastillas moradas de vez en cuando. En aquellos tiempos todo empeoraba, y por recomendación médica de un amigo de la familia de muchos años, se me puso en las manos de personal capacitado. Al principio fueron fármacos leves y sólo eran para controlar mi “Obsesión compulsión” de hablar de un amor irreal: tú. Después pasaron a sedarme con inyecciones que me dejaban en el estado de un cadáver por días enteros; cuando despertaba me preguntaban por ti y yo continuaba haciéndoles la historia que ahora ya has leído. Por último me ponían electricidad por la cabeza que me hizo olvidar detalles de toda mi vida pero nunca de ti… no de ti. Fuiste de lo único que no me pude olvidar, pero tuve que negarte. Recuerdo cuando negaron a Jesús y ese sentimiento trasgresor me llena de rabia absoluta por no haber soportado mi propio calvario. Negarte fue lo que me sacó de ahí, de ese infierno personal que se volvió mi estadía en ese hospital, la gente hablaba sola y se decía de sí mismos lo que pensaban; yo era diferente, yo me pasaba las horas escribiéndote para que vinieras por mí, contándote de cuanto te extrañaba y de lo malo que era todo, hasta el aire, hasta la propia vida; podía soportar los baños de agua helada de madrugada, la comida intragable, los golpes y aislamientos… pero no la vida sin ti. Y mis cartas nunca te llegaron porque siempre las rompían los enfermeros en mi cara mientras decían “Romeo”, a ellos les hacía gracia, en seguida se veía, porque bailoteaban enfrente de mí leyéndomelas y ensuciando con sus torpes risas el amor que ahí ponía. Yo tirado en un rincón, reducido apenas a nada, con los brazos entrelazados en mi pecho lloraba por las palabras que caían al suelo y que después eran pisoteadas por ellos. Comprendí que era necesario no hablar de ti para poder salir de nuevo a este mundo de locos, porque con tanto amor como tengo dentro para darte no puedo estar mal, los demás sí; la gente que se dice normal y que engaña y miente y ofende el amor ¿Cómo debería decirse de ellos?

No me queda más que apreciar tu recuerdo, mi vida se ha establecido en un nuevo trabajo en el que lucho cada día por ser mejor, en donde me siento tras el escritorio a escribirte la mayor parte del tiempo este sueño que ahora está en tus manos. Espérame por favor. Saldré de este país absurdo que no entiendo sin ti, no me importa ni siquiera tocarte. Sólo quiero verte caminar algún día a mi lado por el Paseo de la Reforma, invitarte a comer y hacerte historias como esta para verte sonreír. Ríe para mí, es lo único que pido. Después todo será cuestión de tiempo, de hacer que me ames. Mi estrategia es que un día cualquiera, no sé como, ni sé con que pretexto…por fin me necesites. Tú puedes comprender el dolor de no tener a quien amas, lo veía siempre en tu rostro cuando se trataba de él, de tu esposo que nunca puso mucha atención de ti, que se burlaba de tu preferencia por las novelas y no por los libros de ciencia en que desperdiciaba las horas que debieron de estar consagradas por entero a ti; yo te daría todo, todo, hasta mi sangre de ser preciso.
Debo poner los esfuerzos en encontrarte en cualquier parte de este mundo, sé en que país estás, pero no sé más. Y sin embargo no hay muros tan altos que no se puedan escalar en aras del amor, te ofrezco el amor en estado bruto, con los instintos más arcaicos y con cartas hechas con tinta y papel, no quiero saber de distancias por eso pondré este escrito en tus manos y de ser posible lo leeré poco a poco en tu presencia. No soy nada… pero te necesito tanto; trataré de convertirme en eso que necesitas, en el tenedor con el que juegas frente a un platillo desconocido, en una mesa que no es la tuya acompañada de gente que no te corresponde. Quiero convertirme en tus encierros y tus paseos por las tardes en cualquier calle de tu país o el mío ¡Qué importa el lugar si puedo observarme en tus maravillosos ojos! Estoy desesperado. Es verdad. No puedo contener las ganas de intentarte, de convencerte de este amor que pongo como un baúl sobre una mesa, sacaré historias de ahí hasta encontrar la que más te guste y con esa empezaré a formar un futuro con los cimientos de roca. Tan sólidos que aguanten cualquier tempestad y tan suaves que puedas caminar descalza sin lastimarte ¿Puedes darme esa oportunidad?
Acaso tenga que empezar de nada, acaso tenga que volver a nacer para agradarte.

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