CAIDA LIBRE
El silencio que recorre la habitación me perturba, un suave brisa entra por el balcón y me hace tener escalofríos. Mis ojos cubiertos de lágrimas se dirigen a ese balcón. Observo el cielo cubierto de estrellas, al que tanto admiro. A los soñadores nos encanta el cielo. El aire frío me va despejando los pensamientos. Las lágrimas vuelven a recorrer lentamente mis mejillas, en silencio. Parece que aún no me he deshidratado del todo. Me encanta llorar, quizá te parezca masoquista, pero lo que me gusta es que los sentimientos se hagan físicos. Que la tristeza o la felicidad se conviertan en una gota de agua salada y que sea posible recoger ese sentimiento (aunque con el paso del tiempo se evapore).
Esta vez esas gotas son de tristeza, como la mayoría de las veces. Y son de amor, también como la mayoría de las veces.
Miro el horizonte, tengo la suerte de verlo desde mi balcón. El horizonte, el final que nunca llega. Hoy sí voy a llegar al final, al final de mi vida.
Me subo a la barandilla del balcón y siento vértigo. Mi equilibrio me ayuda a mantener la calma. El viento parece que se enfurece, igual que mi llanto.
¿Me tiro o no? ¿Cuál de las dos es la opción cobarde?
Cierro los ojos y en la oscuridad de mis pensamientos siento ese miedo al tiempo y a la soledad que me ha perseguido desde siempre.
Pero no entiendo por qué lo temo si siempre he estado sola y si nunca he aprovechado ese tiempo.
Aun con los ojos cerrados, vuelvo a soñar que estás frente a mi. Veo tus ojos, de los que estoy huyendo en mi suicidio. No puedo verlos sin sufrir, pero tampoco puedo alejarme de ellos.
Nunca te he dicho que te amo, pero seguro que lo sabes. No puedo vivir sin ti y sé que nunca voy a tenerte. Si ya sabes el final, la película no tiene sentido. Sé que sin ti no voy a ser feliz nunca y también sé que nunca te voy a tener, ¿de qué sirve vivir entonces?
Me gusta llorar, ya te lo he dicho. Tal vez me gusta llorar porque es la forma en la que me atrevo a decirte que te amo. Tú me has visto llorar por ti, quizá no seas consciente, pero es cierto. He llorado por ti delante de tus narices, te he dicho que te quería mediante mis lágrimas y tú fuiste a consolarme, pero no me respondiste igual que yo.
Inspiro profundamente y me dejo caer. Un final romántico, ¿no crees?
Pero estoy feliz ¿sabes por qué? Es porque en mi funeral tú lloraste por mí. Hablaste mi idioma de agua salada y me susurraste que tú también me amabas. Sé que vas a ser feliz, yo voy a hacer todo lo que pueda para que lo consigas.
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