CARBON X VAPOR
CARBÓN POR VAPOR
El maquinista se levantaba muy temprano para poner a punto a su única compañera estos últimos años.
Alba, como él la llamaba, eran unas tres toneladas de acero oxidable, de color dorado y rojo, su corazón de vapor, funcionaba en perfecta armonía alimentado por carbón de la mano de su amigo.
Llevaban casi una vida juntos, habían recorrido ya más de un millón de inseparables kilómetros. El maquinista, la cuidaba como si todavía fuera nueva; la lavaba, abrillantaba y limpiaba sus asientos con paciencia mientras le tarareaba cientos de villancicos improvisados. Ella, se lo agradecía empujando sus siete vagones con mucha suavidad y potencia..... Y nunca dejó que el maquinista llegase tarde a sus destinos.
La estación, en estas fechas tan señaladas, se llenaba de numerosos turistas con regalos, y se podían sentir los encuentros mas esperados, así como las despedidas mas angustiosas.
Una mañana, a causa del aumento de viajeros, llegó la noticia de que la ruta del maquinista se ampliaba con dos estaciones más y que añadirían dos vagones a la cola de Alba.
El maquinista se levantó temprano, mas temprano de lo habitual, quería estar presente cuando acoplaran los dos nuevos vagones de Alba, acarició su morro plateado y dijo en voz baja<< no te preocupes, Alba, lo conseguiremos>>.
Engancharon los dos vagones a su cola, y el ruido del metal engranándose, sonó como una queja en los oídos del maquinista.
Ya dentro del tren, con una partida de su mejor carbón, el maquinista dijo:<, y tiro de la cuerda que accionaba el silbato. Alba, bramó como todas las mañanas, y por los altavoces de la estación se escuchó la voz de la señorita increpando a los viajeros a subir rápidamente al tren, pues esta era la última llamada para los pasajeros con destino a Trasmundi.
Los primeros kilómetros fueron más lentos de lo habitual por el peso añadido de los nuevos vagones, y Alba, empezó a perder inercia, el maquinista paleaba con más brío el carbón a la boca de fuego de Alba, pero nada conseguía, perdían velocidad.
Alba esta vez no pudo, sus años no la dejaban continuar más y a mitad del camino paró, teniendo que evacuar a los viajeros, que despreciaban a la compañía por confiar en el tren más viejo de la estación.
A la hora, mas o menos, llegó un compañero maquinista, con una máquina eléctrica muy elegante. Remolcaba más de quince vagones, engalanados con magnificas guirnaldas navideñas, empujando sin aparente esfuerzo.
Recogió en sus cómodos asientos los enfurruñados pasajeros de Alba, que subieron al tren, sin pensar si quiera, en cual seria el futuro de la averiada locomotora.
Para llegar al hangar de la estación, Alba fue remolcada y empujada por San Bernardo, así se llamaba la máquina que remolcaba las locomotoras averiadas en trayecto.
Cuando llegaron a la estación taller, los mecánicos y compañeros del viejo maquinista, intentaron aumentar la potencia de Alba, pero no consiguieron nada, necesitaban piezas que no se fabricaban desde hacia ya años......
A la mañana siguiente, el maquinista no podía creer lo que leía, Alba seria desguazada y en su lugar se pondría una de esas maquinas eléctricas con forma de torpedo, y de color verde. El maquinista odiaba el verde..... ¡Y los supositorios!, desde pequeño.
La nueva maquina estaba ya lista, el maquinista, con mucha tristeza, empezó el trayecto como todas las mañanas, busco la cuerda del silbato, pero no había, en su nueva locomotora había sido sustituida por un insípido botón rojo, y su caja de carbón, por una de esas palancas de velocidades...
El presidente de la compañía, lo esperaba después de su primer trayecto con su nueva locomotora, para comentarle que Alba, seria desguazada esta misma semana y que no hacia falta que la limpiara todos los días, como el maquinista seguía haciendo desde que la pararon en la estación taller.
Después de limpiar su nueva máquina, sin villancicos, partió a despedirse de Alba, con la intención de pasar la noche del 24 de diciembre en la vieja locomotora. Cuando llegó acarició su morro plateado y esta vez, no dijo nada, subió el escalón hacia el puente de mando y se dispuso a repasar con la mirada cada uno del los rincones de la cabina. Todavía quedaba carbón y como la noche iba a ser fría encendió su vieja caldera para calentar la estancia y pasar la noche.
En un folio de la compañía, y por primera vez en desde que era un niño, intentó, ante la desesperación de no volver a verla, escribir una carta a sus Majestades los Reyes Magos de Oriente, donde pedía la pieza que Alba y él tanto necesitaban.
No pudo resistir la tentación de tirar de la cuerda, Alba bramó como aquellas mañanas.
El presidente de la compañía, que todavía seguía en su despacho, miró hacia la estación taller, alertado por el bramido de Alba, y observó como de la estación salía humo. Cogió su teléfono de mesa y llamo al jefe de taller y como nadie contestó, decidió ir allí en persona.
Cuando llegó, se encontró que Alba estaba encendida y que el viejo maquinista se acurrucaba en el que fuera su asiento, como si alba lo quisiera proteger esa noche.
Sin decir nada, decidió dejar pasar la última noche al maquinista con su vieja locomotora, y volvió a su despacho un poco enfadado por que el maquinista con su presencia en la estación taller, estaba desobedeciendo una norma de la compaña, aunque por otro lado, esa noche… era nochebuena.
Por la mañana, el maquinista fue despertado por los mecánicos del taller que venia con San Bernardo para remolcar a Alba hasta el desguace.
El maquinista, como recuerdo, desenganchó la cuerda del silbato de la cabina, y comenzó con tristeza su jornada laboral.
Había pasado ya casi dos semanas, desde aquella última noche, cuando el maquinista fue llamado a la oficina del presidente de la compañía.
Subió las escaleras hacia su despacho, y cuando llegó a la puerta, la secretaria dijo. <<”Ah!, es usted, enseguida aviso al señor presidente de que esta aquí”>>
Cuando la secretaria lo mandó pasar, el presidente lo esperaba sentado en su mesa de despacho con una carta en la mano. <<” Toma asiento, por favor”>>, dijo.
El maquinista tardó en sentarse varios segundos, pues, no podía entender como en las fotos que colgaban de las paredes del presidente de la compañía, no estaba la de su amiga Alba.
El presidente ofreció un vaso de café y un pequeño pedazo de turrón blando a su maquinista, y a continuación dijo:
<<” Bien, imagino que usted no sabrá por que se la ha llamado aquí... Le he llamado por que se ha producido un incidente intolerable para esta compañía la noche antes de desguazar a su “antigua locomotora”. Sabe que está terminantemente prohibido el uso de las instalaciones fuera de horario de oficinas, y mucho menos colarse en la estación taller. La noche antes de desguazar a la vp4544, usted no solo durmió en su cabina, sino que también encendió su maquinaria”. >>.
<<”Si...es que.... entienda que.....”>>. Intentó decir el maquinista
El presidente no le dejó continuar, <<” ¡Escúcheme!, lo que tengo en mi mano es la resolución del expediente que se le abrió por ese motivo, en el que se le aparta de la “ruta 7” y asigna un nuevo destino en la “línea 0”. Mañana deberá estar temprano para familiarizarse con el tren, le estaré esperando a las 07:00h. en persona para ponerlo al día de su cometido. Hasta mañana y buenas noches”>>, y acompañó al maquinista hasta la puerta sin que pudiera decir nada......
El maquinista bajó las escaleras de la oficinas del la compañía, pensando en lo que el presidente le había dicho, y un poco enrabietado por no poder defenderse de las acusaciones y desorientado, porque, que el supiera no existía ninguna “línea 0”.
A la mañana siguiente, de camino para su nuevo destino, ya muy cerca de la estación, a la altura de la estación taller, le pareció escuchar el bramido de alba, pensó que sería un recuerdo en su imaginación, por que él, era el único que tenía la cuerda del silbato.
Mientras se convencía de esto, un segundo bramido se sintió. Pensó:<<…y si Alba no fuera desguazada aun,...... podría verla una última vez.....>>. Apuró el paso, sintiendo como el corazón palpitaba con ansiedad, su cuello se estiraba entre las murallas de la estación, para conseguir ver que clase de locomotora estaba anunciando su salida, casi sin aire, cuando por fin entró en la estación, pudo verla.
Alba estaba en la vía, tan elegante como siempre y con su chimenea humeante, casi se marea cuando desde su posición vio que en el cartel de identificación de vía, ponía, “línea 0”.
El presidente de la compañía, lo esperaba, acompañado por tres hombres elegantemente vestidos. <<”....No podía desguazar la mejor máquina de la compañía y he utilizado unos favores que me debían para conseguir las piezas que necesitábamos para su funcionamiento.....pero, lo único que no he podido conseguir, es la cuerda original del silbato de Alba, aunque, algo me dice que eso no será un problema... ¿verdad?”>>, Dijo mirando hacia el bolsillo del maquinista.
Ya dentro del tren, miró nota de ruta de Alba, y se convenció por completo, de que este, era su regalo de Reyes. La nueva ruta no era a Trasmundi… era hasta Oriente, y algo le decía, que aquellos tres hombres, no eran familiares ni clientes del presidente. …
No era una idea tan descabellada, al fin al cabo, entre los compañeros de la estación, nunca supieron de donde se traía este estupendo carbón.
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| Enviado por WOLDEMORT el Lun, 25/08/2008 - 17:41.