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El Árbol de Hielo, caps 13 a 15



Capítulo 13

 Al día siguiente del paso del misterioso convoy, Poncho y su compañero se levantaron con el sol. Recogieron rápidamente y continuaron su viaje hacia el lago Ypsilon. Debido al rodeo que habían dado el día anterior tenían para un par de horas de camino. Una vez estuvieron a unos diez kilómetros de allí comenzaron una subida incierta hacia el noroeste, dejando atrás el Ypsilon, para buscar una misteriosa plantación ilegal. Hacia las cuatro de la tarde ya hacía mucho que debían haber llegado a alguna parte. El tiempo seguía siendo bueno, pero comenzaba a soplar un viento amenazador. El cielo era azul grisáceo y las nubes altas le daban, cada vez más, un aspecto plomizo. Pronto no se vería mucho. Aquello era un mar de nieve sin altos ni bajos. No sabían qué pinta tenía la plantación. Los árboles que buscaban eran de un verde pálido, casi gris, eso era seguro. Pero debían de estar cubiertos por alguna especie de invernadero. Todo el complejo de plantación más las plantas de tratamiento de las sustancias extraídas de los árboles debía de ser muy grande, pero allí, en tantos kilómetros a la redonda como ellos divisaban no había absolutamente nada más que nieve. En el análisis de la tierra en que estaba el árbol que alguien dejó en la puerta del Palacio Señorial, se averiguó que aquélla era la zona del planeta donde había que buscar. Luego, los satélites habían detectado cambios en la zona, por lo que el área a rastrear se había reducido a aquél cuadrante. Desde que llegaran, Poncho y Cal lo habían peinado dos veces y no habían encontrado absolutamente nada. Estaban ante el dilema de seguir buscando la plantación o de detenerse a procurarse un refugio para pasar la noche. Cal, menos habituado que Poncho a situaciones como aquélla, sentía cada vez más la punzada del miedo en el estómago. Quería saber por qué su compañero todavía no parecía dispuesto a buscar un lugar. -¿Sabes algo que yo no sepa?-Se aventuró a preguntar cuando ya estaba bastante preocupado.-Ya pasamos por aquí hace tres cuartos de hora.

- Debe de estar por aquí.-Contestó Poncho levantándose las gafas de nieve.

-No lo creo, compañero. Si estuviera por aquí la habríamos encontrado.Poncho pareció pensar. -En sitios como este es realmente fácil esconder algo.-Cal hizo una mueca de incredulidad. –Sí, sí, te lo digo en serio, muchacho. Un invernadero blanco refulge como la nieve y se camuflaría sin problemas.

- Pero no sólo buscamos un invernadero, Poncho. Según dijo el Secretario hay todo un mundo alrededor de esos árboles.

-Tienes razón…si es tan grande ya deberíamos haberlo visto…a menos que…

-¿Qué?

-A menos que lo tengamos…Soy un estúpido Cal…¡He cometido un error imperdonable! Volvamos atrás, muchacho. Si no me engaño, hemos pasado por alto algo bastante llamativo.Arrancaron de nuevo las motos de nieve y deshicieron camino durante casi media hora, hasta que salieron del cuadrante que estaban peinando. Bajaron a trompicones una pequeña pendiente de nieve sobre roca. Después descendieron hacia el oeste durante casi cinco minutos. Entonces, de repente, Poncho frenó girando la moto ciento ochenta grados. Su rostro miraba la pared de nieve.

-¡Míralo Cal!Cal no tenía la menor idea de qué tenía que mirar.

-¿Qué debo mirar?

-La plantación, muchacho. Saca el mapa.Cal obedeció.

-Observa. Este montículo no está.

-Es pequeño para estar-Respondió Cal.

-No. No es alto como un monte, pero se extiende por todo el maldito cuadrante, Cal. En el mapa no hay un altiplano así…Ha sido muy hábil. Muy pero que muy hábil. Una montaña, por estrecha que sea, entra en los mapas, los satélites la detectan, pero un montículo no es tan llamativo por muchos kilómetros cuadrados que tenga de superficie. Y no es un montículo demasiado alto. Sólo una rampita...

-¿Insinúas que la plantación estaba debajo de nosotros?

- Afirmo.

- Bien. ¿Y cómo vamos a entrar? Está empezando a oscurecer.

- Una cueva.

- Si el montículo ocupa todo el cuadrante tenemos doce kilómetros que recorrer.

- ¡Ja! ¡Van a ser tus kilómetros más felices, muchacho!Los dos hombres volvieron a arrancar las motos. Comenzaron a seguir el borde del montículo hacia el oeste. Desde donde se encontraban hasta el extremo del cuadrante había unos ocho kilómetros. Era el lado más largo a rastrear y, por lo tanto, en el que había más posibilidades de hallar una entrada, una trampilla o lo que fuera.

- ¡Poncho!- Cal gritó sin recordar que el transmisor estaba muy alto.

- ¡Ah!¡Animal!-Gritó Poncho a su propio transmisor para devolver la perrada.

-¡Hay un árbol, Poncho!

-¿Qué?-Dijo parando. Cal se detuvo a su altura.

- Que me aspen si eso no es…-Un solo árbol de tronco retorcido y hojas brillantes en un desierto helado. El viento que se estaba levantando lo agitaba de manera que parecía contento de estar allí.-¡Es el árbol Poncho!

Una hermosa Vidriosa. Ólea vítrea para los científicos. Los hombres descendieron de las motos. Comenzaron a buscar una entrada. Desenterraron las raíces y allí estaba. Una pequeña escotilla redonda con una manivela giratoria. Necesitaron todas sus fuerzas para moverla, pero finalmente la escotilla se abrió. Ante sus ojos una hilera de luces se adentraba en el montículo, iluminando un túnel prefabricado. Debía de ser un tubo de acero de gran diámetro. Enterraron las motos en la nieve, en un lugar algo apartado de la puerta. Ambos hombres entraron a la vez. Dada la anchura del pasillo, incluso un tercero habría podido acompañarles sin necesidad de caminar en fila india. Aquella entrada no parecía ser la principal. No había guardias y no tenía aspecto de ser frecuentada con gran asiduidad. No había a los lados galerías ni puertas ni ventanas. Caminaron durante casi diez minutos en silencio, alerta por si alguien les daba el alto. Al final del túnel se toparon con una gran puerta de acero. Era de las que se usaban en el Norte para cortar indistintamente fuegos, inundaciones o avalanchas de nieve. Las instalaciones estaban hechas a conciencia si aquello era, como parecía, una salida de emergencia. La puerta se abría desde el otro lado. Era necesario que alguien o algo empujara un fulcro con todas sus fuerzas para que ésta se abriera. Cal miró a Poncho. Si conocía algo a su compañero, éste tendría un medio para abrir aquella mole.

-Voy a necesitarte, muchacho- Dijo Poncho poniendo su alforja en el suelo.

- Sabía que no me decepcionarías. –Dijo Cal con una amplia sonrisa a la vez que se agachaba hacia la alforja de Poncho. De ella extrajeron unos cables, un pequeño generador de alterna y un gran trozo de metal. Cal sospechó el plan de Poncho.

-¿Siempre llevas todo esto en las alforjas?-Preguntó.

- La clave, muchacho, es llevar cosas que puedan servirte en distintas ocasiones…El generador puede ser necesario para arrancar una moto de nieve, para procurar iluminación de emergencia o incluso para calentarse si llega el caso. Los cables ni te cuento. El trozo de metal…En fin; mis antepasados eran nómadas. Debemos suponer que sabían hacer un equipaje.

Con la habilidad de un experto, Poncho preparó un electroimán de tensión variable.

- ¿Y si no tiene la suficiente fuerza?-Preguntó Cal sólo por provocarle.

- Reza por que la tenga, porque si no tendremos que hacer un puente con el tendido de la luz del túnel. ¿Vamos allá?

- Confío en ti compañero.Poncho apoyó el electroimán en la puerta. Cal conectó la máquina que lo cargó. Resultó ser bastante potente. Poncho comenzó a buscar el fulcro deslizando el electroimán a duras penas. Necesitaba fuerza para moverlo, pero no podía ser brusco porque se habría despegado de la puerta y no debían tantearla a golpes. Finalmente, al pasar por la zona del centro de la puerta, el imán atrajo el fulcro hacia sí y la puerta cedió y se abrió. Cuidadosamente, tomaron el borde de la puerta para abrir una rendija y una luz cegadora les rodeó. Rápidamente se pusieron las gafas de nieve que llevaban colgando sobre el pecho. Poncho fue el primero en asomarse al otro lado. Cal le siguió, y ambos quedaron estupefactos. El montículo por cuya superficie habían vagabundeado durante horas era una especie de inmensa cripta blanca, tal vez translúcida, cubierta por la nieve. Dado el grosor de la capa de nieve en el exterior, era imposible que la luz se filtrara dentro, y además estaba anocheciendo. Sin embargo el ambiente era claro y luminoso allí dentro. Unos quince metros por debajo del nivel al que ellos se encontraban, crecían, frondosos, los árboles que estaban buscando. La plantación se perdía en el horizonte hacia el norte y podían distinguir varias parcelas con árboles de distintos tamaños. Eran los árboles más extraños que Poncho y Cal hubieran visto en toda su vida. Sus troncos guardaban parecido con los de un olivo. Eran leñosos y estaban retorcidos, tenían nudos aquí y allá y se les antojaban seres sometidos a un sufrimiento insoportable. Todos juntos eran una procesión de almas en pena. Las copas eran algo extraordinario. Cada árbol tenía la copa de una forma, según el tronco y las ramas hubieran crecido hacia un lado, hacia otro, centrados... Como si llegar a la altura correspondiente hubiera sido un acto heroico culminado en el milagro de las hojas. Éstas nacían en grupos que parecían manojos de puñales largos y brillantes. Un grupo aquí y otro allí. En la misma rama o en otra. A pesar de ser tan distintos unos de otros, cada grupo de árboles de la misma edad tenía su copa a la misma altura. Todos ellos parecían recubiertos de una escarcha brillante, helada, que devolvía la luz al ambiente haciéndolos parecer de plata. No hacía tanto frío como en el exterior. Abrieron la puerta un poco más y entraron, volviéndola a dejar cerrada detrás de si. Estaban en una especie de península escarpada. Unas escaleras llevaban directamente a la zona de los árboles. Un pasillo estrecho y sin plantas que venía del suroeste rodeaba el lugar en el que habían desembocado y, frente a ellos, giraba casi trescientos sesenta grados. Bajaron las escaleras y siguieron el pasillo hacia el sureste. Allí ya no había árboles, sino un edificio bajo. Debían de ser oficinas o laboratorios. Cal se separó de Poncho para otear el pasillo hacia el suroeste. Allí preparaban más terreno para plantar árboles.

-Menuda suerte hemos tenido.-Dijo Poncho.-Parece que hemos escogido una buena entrada.-Saca la cajita muchacho.

-¿Ya?

-¡No podrás sacarla cuando nos hayan cogido!- Poncho no gritó porque se contuvo.

Cal metió la mano en su bolsillo y extrajo la pequeña cajita azul verdosa de cartón que impregnaba en polvillo amarillo cada noche antes de acostarse a dormir. La abrió con mucho cuidado. Los dos hombres miraron el interior, intrigados por el contenido. Estaba llena de más polvo amarillo semejante a la ceniza.

-Adelante.-Dijo Poncho como responsable de la misión. Cal sopló acercándose a las plantas. En dos o tres soplidos esparció el polvillo tan lejos como pudo, lo que no fue más que para cubrir tres o cuatro árboles, y tocando a poca cantidad cada uno.

-¿Has hecho algo así antes?-Preguntó el muchacho volviéndose a Poncho. Éste negó con la cabeza.

-¿No sería más eficaz montar un incendio o algo así?

-En este trabajo, -contestó Poncho- se obedece sin hacer preguntas. Ahora no somos más que mensajeros. Otros pensaron para hacer esto. Nosotros pensamos cómo realizarlo y cómo volver para contarlo. ¿De acuerdo?

- De acuerdo.- Contestó Cal algo avergonzado.- ¿Qué hacemos ahora?

- Pues…vamos a andar con mucho cuidado…Tenemos que robar cuanta información podamos, y destruir los laboratorios en la medida de lo posible. Hay que andar con los ojos bien abiertos para poder describir a los responsables de esto cuando volvamos.

- ¡Oj!¡Pero qué fácil es esto!-Dijo Cal burlón fingiendo alegría. Poncho no le prestó la menor atención y echó a andar hacia el edificio.

- Vamos a los árboles. Cambiémonos allí. Si nos ven la cara nos reconocerán de todas maneras, pero intentemos no provocar tan descaradamente con esta ropa. Deja aquí tu equipaje, muchacho. –Poncho y Cal se quitaron los abrigos de motorista y los cambiaron por sendos chalecos. Dejaron sus alforjas semienterradas a los pies de uno de los árboles algo alejado del pasillo. Volvieron sobre sus pasos sufriendo el intenso frío y retomaron el camino hacia los laboratorios.

- Poncho-Dijo Cal entonces.- Si vamos juntos nos descubrirán a los dos. –Poncho sabía lo que iba a sugerirle y no le convencía demasiado.

- Tal vez-dijo cortante.

- Tal vez deberíamos separarnos.- Dijo Cal. Poncho guardó silencio y le miró.- No llevo gatos hidráulicos en los calcetines, pero sé cuidar de mi mismo. – Insistió. Poncho no entendía que pudiera hablar con ironía en aquél momento. Su actitud despreocupada le hacía sentirse incómodo. Le miró fijamente.

-De acuerdo. –Aceptó sin embargo. -Tú irás a por los papeles importantes. Yo buscaré los puntos débiles del edificio que haga más daño a la estructura al caer. Reúnete conmigo aquí, dentro de una hora. Para entonces ni siquiera el reflejo de los árboles les permitirá distinguirnos. Cal sonrió satisfecho.

-Yo entro en el edificio bajo. No tiene chimeneas ni artilugios, así que debe de ser el de las oficinas…¿Tú? –Preguntó Cal.

- Yo seguiré este pasillo un poco más a ver qué veo. Pondré las cargas, -dijo tocándose los bolsillos del pantalón. – pero no podré hacerlas explotar hoy. Tenemos que pasar aquí la noche. Fuera no sobreviviríamos ni una hora.

- De acuerdo.-Dijo Cal.-Hasta luego compañero.

- Hasta luego.-Contestó Poncho.

Siguieron juntos hasta llegar al edificio bajo. Miraron cuidadosamente dentro. Poncho y Cal se quitaron las gafas de nieve para espiar, las plegaron y las escondieron en sus bolsillos. Algunas habitaciones estaban habitadas. La mayoría no. Dedujeron que el despacho principal debía de estar al otro lado del que daba a la plantación.

- Yo lo busco. –Dijo Cal entonces. –Gracias por tu ayuda. Ya puedes seguir tu camino. Hasta dentro de una hora, compañero.

- Nos vemos.-Contestó Poncho despidiéndose por segunda vez. Cal le vio regresar al camino que bordeaba el alto por el que habían entrado. Poncho se perdió de su vista.                                               

********************** 

El mismo día de su reunión con Bor, Osón salió hacia la Franja Noreste. Durante el viaje fue reflexionando acerca de su situación. Un capricho del destino le había distinguido con la amistad del hombre más importante de su país. Sin duda se le había subido a la cabeza. Había debido de confundirse a sí mismo con su amigo el día en que accedió a hacer tratos con Belgh. ¿En qué demonios se había metido?... Le preocupaba fracasar. Seguramente encontraría al tipo, pero ¿cómo trataría el tema para que no sospechara? Osón siempre había sido un hombre estudioso. Parte rata de laboratorio, parte chupatintas. Si en la vida hay una ocasión para calibrar lo que vale alguien, ésta era la suya. De lo que hiciera en aquélla situación dependería la opinión que tendría de sí mismo el resto de sus días. Su amistad con Bor, su amor por Ilnia o su lealtad para con el Estado Norte sólo eran incentivos extra, porque la verdadera presión venía de su amor propio.Llegó en un transporte regular a La Ciudad Internacional. Eran las tres de la tarde y la luz ya escaseaba. No se alojó en la Casa del Norte para que Belgh, si le encontraba, no albergara sospecha alguna sobre su interés “oficial” en aquella visita. Debía parecer algo privado. Se acomodó en una especie de pensión para funcionarios. No en vano habían puesto en su salvoconducto que estaba allí para representar a la Secretaría de Asuntos Agropecuarios del Norte en una reunión. Una de tantas reuniones de las que se celebraban allí a lo largo de año. Al día siguiente tendría que comenzar en serio a buscar a Belgh. No conocía a nadie en la ciudad que pudiera ayudarle. Iría a ver al embajador del Norte, eso sí. Pero no tenía ninguna idea más…tal vez organismos dedicados a la agricultura, los de ciencia o salud…”Sí” pensó “Tal vez pueda hacer algo después de todo” Pero esa noche no pensaba hacer nada. Dio un paseo por la ciudad y cenó temprano. Cuando volvió a su habitación comenzó a escribir una carta a Ilnia. No quería casarse con ella ocultándole aquél asunto y no quería que Bor diera explicaciones por él si le pasaba algo. No fue fácil escribir una carta de autoinculpación sin caer en la excusa pueril del patriotismo. “Pero lo hice también por patriotismo” se dijo. Ciertamente, nunca debió actuar al margen de Bor. “Yo sé muchas cosas que tú no debes saber” Le había dicho éste. Ahora creía sinceramente que había cometido un error.

Capítulo 14

 

Cal rodeó el edificio agachándose para mirar por las ventanas sin ser visto. Inexplicablemente, o tal vez debido a la hora que era, nadie transitaba entre los edificios y en el interior de ellos no parecía haber demasiado movimiento. En la fachada del edificio opuesta a la que daba a la plantación había una pequeña puerta de cristal y acero, como todo el complejo. Sin ponerse delante de ella por precaución, Cal hizo girar el pomo y la abrió. En el interior, la luz del pasillo estaba apagada, pero aún entraba luz suficiente del exterior. Entró en el pasillo y volvió a cerrar la puerta. En la penumbra tampoco sería fácil que le reconocieran. Llegó al final del pasillo donde habían visto el despacho más grande. Lo habían visto vacío y con las luces apagadas. Una vez dentro hizo un esfuerzo por relajar sus nervios. Se acercó al escritorio, se sentó en el butacón y suspiró echando la cabeza hacia atrás. Entonces escuchó un ruido al otro lado de la puerta y pensó que la tranquilidad iba a durar muy poco. Un hombre joven entró y encendió la luz. Ambos dieron un respingo de susto.

-¡Maldita sea Cal!¡No sabía que eras tú! – Entonces una bombillita pareció encenderse en su cerebro- ¿Cal? ¡Cal Ó! ¿Qué estás haciendo aquí amigo?

-Antes que nada, condenado imbécil -repuso Cal- apaga la maldita luz y agáchate o nos vas a buscar la ruina.

El hombre miró a Cal sorprendido pero obedeció.

-¿Qué ocurre, Cal?-Preguntó.- Debe de ser grave, porque después de dos años...- Pero Cal no le dejó terminar.

- Ocurre que estoy aquí para volar la plantación por encargo del Estado Centro. - ¿Qué? - Soy un maldito topo. ¿No lo sabías?

-No entiendo nada.-Dijo el hombre

-Entiende esto: He venido con un tipo enviado por el Estado Centro para encontrar el complejo y destruirlo.

-¿Has dado la alarma?

-Ya no hay alarmas que dar...ese tipo ha de llevar más de un rastreador para casos de emergencia o no es ni la mitad de bueno de lo que yo lo considero. Os han encontrado.

- ¿Y por qué le permitiste llegar hasta aquí?- Ya sabían dónde estaba todo esto, más o menos. No sabían cómo entrar, pero conocían el cuadrante exacto.

- ¿Cómo?

- Creo que también nosotros tenemos un infiltrado. Alguien envió a Su Señoría una Vidriosa de aquí como regalo el día en que conmemoraban su vigésimo aniversario en el trono. Los análisis la situaron en esta franja, pero lo imperdonable es que el macetero estaba hecho con una serie de materiales que aún acotaron más el lugar. Ignoro cómo llegaron hasta el cuadrante exacto, pero tarde o temprano iban a encontrar el complejo.

- ¿Qué vamos a hacer?

- Exactamente lo que te he dicho. Voy a destruir el lugar. Ahora es lo único que me resta para ganarme su confianza y con todo lo que saben es obligatorio hacerlo.

- ¿Estás loco?- El hombre le miraba incrédulo.

- Los árboles no tardarán en morir...eso ya está hecho.- Sin saber por qué, Cal tuvo la inoportuna sensación de que había sido un grosero. El hombre y él se conocían. Se habían preparado juntos durante un año. Vaya una manera de reencontrarse. - No estoy loco... – Dijo un poco por decir algo. -Estoy nervioso... ¿Cómo te va?- Le preguntó. La voz casi le temblaba. Era una pregunta estúpida, igual que su deseo de ser cort&eacute

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Perdón

Perdón para los que seguís la historia por no haber completado nada en tanto tiempo. Lo siento, pero es que editarla y darle formato para que quede legible me lleva un montón de tiempo que no tengo. A ver si a lo largo de la semana puedo añadir algo más. Mientras tanto no os cortéis para comentar qué os va pareciendo. Saludos.


| Enviado por Flip el Dom, 22/06/2008 - 20:56.
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Perdón

Perdón para los que seguís la historia por no haber completado nada en tanto tiempo. Lo siento, pero es que editarla y darle formato para que quede legible me lleva un montón de tiempo que no tengo. A ver si a lo largo de la semana puedo añadir algo más. Mientras tanto no os cortéis para comentar qué os va pareciendo. Saludos.


| Enviado por Flip el Dom, 22/06/2008 - 20:56.
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flip

muy buena historia te felicito seguire leyendo besos.


| Enviado por MONICA DENIS el Vie, 07/11/2008 - 02:43.

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