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El clan secreto



Después de pensarlo, gire a la izq. El camino se haría algo más largo, pero que demonios, andaría más seguro, de eso no cabe duda. Las calles son mucho más estrechas que por la principal, un sinfín de callejones se bifurcan a mí paso, asustadizo y avivado; alzaba la mirada constantemente, podrían abordarme en cualquier momento, y destruir el material.
Se había hecho tarde, es posible que ni tan siquiera me abrieran la puerta, pero con lo que llevaba encima tendría que intentarlo y si llegado el momento, me fuese imposible entregarlo, tendría que estudiar la manera de preservarlo hasta mañana, escondiéndome por cualquier recóndita esquina, evitando a toda costa ser neutralizado.
Caminé entre las sombras durante largo tiempo, sin más compañía que la de grandes roedores paseando a sus anchas, en su hábitat, royendo basuras y comiendo sobras putrefactas extendidas a lo largo de las aceras.
Miré hacia Todas direcciones antes de tocar al portón, quería estar seguro de que no me habían seguido, toqué entonces; un, dos toques,- paré-, seguidamente dos y después tres toques consecutivos. –Espere-.
¡Vamos!, ¡vamos!,-ansié con todas mis fuerzas-, ¡abrid por favor! Tras esperar unos segundos llegué a escuchar -prestando todos mis sentidos no solo el del oído- que alguien se acercaba desde el interior. –me relajé-, seguían allí.
Se escuchó una secuencia de repiques idéntica a la que yo mismo utilice para llamar pero esta vez desde el interior; -era el código secreto- di seguidamente cinco toques consecutivos y aguardé.
Los cerrojos se desencajaron y el portón se abrió; un anciano asomo medio cuerpo, me vio y con gesto serio me ofreció pasar:
-Una noche fría Kovak –decía mientras colgaba mi gabardina en el perchero de la entrada- ¿Qué nos traes esta noche?
-Le conteste-, a medida que nos adentrábamos por un angosto pasilla dando este salida hacia un gran salón:
Hoy traigo un diario, escrito biográficamente por el propio autor, he de reseñar que es extremadamente aclaratorio, sobre todo en algunos puntos difusos de su vida.
El salón apareció ante nosotros, un grupo reducido de miembros bien vestidos y de buena presencia rodeaban una inmensa mesa situada en el centro de la estancia, constando esta prácticamente en todas sus paredes, de estanterías plagadas de manuscritos y libros de aspecto centenario.
Un miembro se acercó hacia mí:
-Sr Kovak, creíamos que ya no vendría, la verdad es que comenzábamos a temer por usted. –Le dijo.
-Bueno.. vera; al llegar al aeropuerto tuve problemas, al parecer una gran editorial dio con mi paradero, - y eso lo sabía bien de cierto-, me han seguido prácticamente todo el camino.
Nos acerquemos a la mesa.
-¿Traes lo que te pedí? Me preguntó.
Pude observar al resto de los miembros, sus impacientes miradas se cruzaban como espadas en duelo.
-Si, lo traigo.
El hombre se dirigió hacia los allí congregados:
- Señores, esta noche hemos conseguido gracias a nuestra perseverancia otro documento prohibido, ajeno a los ojos de la multitud, que llenara, si cabe, de sabiduría, aún más nuestro clan;
Deslicé la mano hacia el interior de mi jersey y saque el manuscrito, de hoja vieja y descastada. -Lo lancé al centro de la mesa-, y todo el grupo, complacido por el hallazgo, pudo leer en letra cursada a mano –aunque con alguna dificultad, eso sí, debido al descaste-: Diario de Edgar Allan Poe.

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