El Licántropo (5)
Mayo 28
El día ha llegado, hoy por la mañana, un marinero dio la señal, el grito que ciertamente no es necesario, pero que algunos surcadores de aguas aún lo acostumbran: "¡tierra a la vista!" no se puede imaginar tan siquiera la alegría y júbilo que se siente al escuchar eso, mas después aún de varias semanas en el agua; la paz y calma invadieron a todo el navio, y pronto, la costa estuvo tan cerca de nosostros como el puerto de francia lo había estado cuando sarpamos.
La hora llegó, los marineros hicieron las amarras al puerto, una ilera de soldados bajó al puerto, luego, se partió en dos. las personas estaban congregadas, eran muchas. -Imagina si aquí en Veracruz hay tanta persona reunida ¿cómo será en la capital de este país?- me cuestionó Henry, fancamente, no logré contestarle por la maravilla que sentía.
Una vez que los soldados principales bajaron, Carlota y Maximiliano descendieron, como si se tratara de un par de celebridades todas la mujeres que se encontraban cerca se volvían locas al verlos, no solo a Maximiliano, sino a la misma Carlota también. Le siguió nuestro ejército, yo iba en una de las filas laterales por lo qu todas las personas me miraban, me sentía importante, como un general de pelotón, por fín llegamos al lugar donde nos hospedaríamos, o al menos, hasta entrar en la capital que francamente no sabía cuando. "Esto será la gloria" pensé.
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un buen narrador .. la historia es lo tuyo
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| Enviado por pier el Sáb, 30/08/2008 - 04:04.gracias pier.
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| Enviado por BerLovh el Dom, 31/08/2008 - 00:42.