ESCUEPIENDO A LA GUERRA
Ya no aguanto mas, esta desesperación.
Te añoro tanto, cuando podre volver, no lo se, pero se que de una forma lo conseguiré.
Estoy en un lugar que no me corresponde, refugiada de los disparos, las bombas.
Tapono mis oídos para no escuchar el lamento de los que están fuera, pero es imposible aquellas suplicas penetran las paredes, la tierra y estallan en mi mente.
¿Cuando acabara esta maldita guerra?, le escupiría al mismísimo general en la cara aun que después me fusilaran.
¡ Incultos les gritaría !
Nunca aprendemos de nuestros errores pasados, mi mente ya no puede mas, oigo el llanto de lo que parece un niño.
¡ detente ! Me decía a mi misma, si atravieso esa puerta..moriré.
Pero no podía evitar este impulso maternal, como podía dejar a esa criatura en aquel lugar.
Decidida, corrí a por aque niño, lo agarre con tanta fuerza por miedo a que cayera al suelo que incluso pensé que le había roto un hueso.
Pasaron varias horas, y aquel niño volvió en si.
¿ Mama?
Dime hijo le conteste yo, aun sabiendas que no lo era, pero cuando se esta tan mal te aferras a lo que sea, te inventas la historia mas bonita para poder subsistir.
No había comida, ni agua de la que beber, el niño y yo vivíamos a base de amor, afecto.
Y al fin llego el día en la que los soldados nos encontraron.
Yo esperaba que nos sacaran como a conejos de sus madrigueras pero se marcharon.
Yo pensé que quizás un niño y una mujer no les opondría resistencia y por eso nos dejaron marchar.
Pero que tonta fui, en la guerra no existe las oportunidades, ni se entiende de debilidad.
A la hora de ser encontrados, lanzaron un misil aéreo contra el edificio donde nos encontramos.
Creí estar muerta pero me encontraba tumbada ante miles de escombros, fuego, cenizas, y el cadáver de mi hijo.
Comenzó a llover, la gotas caían con suavidad en mi rostro ensangrentado como si tuviera lastima de mi.
Abrí la boca en un intento de robarle unas cuantas lagrimas al cielo, pero era inútil lo poco que conseguía beber se convertía al instante en una lagrima.
Abrace con fuerza el cadáver de mi hijo, implore morir lo antes posible y sin sufrimiento. Pero por alguna razón no lo hice.
Tenia que vivir, y luchar para contar esta historia, imaginada, pero a la vez real como la vida misma.
Ya pasaron muchos años, y aun tenia un deseo en mi mente que no podía dejar antes de marcharme.
Y por cierto lo conseguí... escupí a la guerra en su cara.
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mas que interesante tu escrito...felicidades y saludos
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| Enviado por Buzzle el Sáb, 06/09/2008 - 11:57.muy buen relato de algo interesante besos.
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| Enviado por MONICA DENIS el Mié, 24/09/2008 - 18:30.