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FIN

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FIN
Los principales personajes de sus libros seguían sentados alrededor de su colchón esperando a que alguien les dijera qué hacer. Pimpinata, la niña ñoña de alguno de sus cuentos infantiles que ocupara parte de su imaginación durante quizás meses, ahora estaba retozando en una esquina con las piernas colgando, porque aunque rozaba ya los cuarenta, su cuerpo había mantenido su apariencia original. Se sentía ridícula con esas trenzas gruesas y esa indumentaria colorista que él le colocó inicialmente, cuando aún no tenía grandes conocimientos de literatura ni de estilos narrativos. Se agitaba nerviosa en la cama, esperando alguna reacción por su parte y sin dejar de quitarle ojo a Zuroon, el extraño y pintoresco superhéroe que divagaba con argumentos vacíos sobre el espacio estelar, haciendo gala a través de absurdos aspavientos de unos poderes ficticios que no hacían más que magnificar su prepotencia sin sentido.
Zuroon había permanecido en la mente del autor algo más de 3 años, cuando se especulaba que podría ser el protagonista de una saga de comics que se comercializarían como coleccionables, con su cochambrosa imagen de silicona de regalo en el primer fascículo. Sin embargo, quedó en sólo un sueño maltrecho de un ilusionado editor novel.
Arrastrándose por las sábanas se encontraban todas esas criaturas indefinidas que ocuparon pequeños pero intensos capítulos de las noveluchas de terror que fraguaron el sustento de sus primeros meses emancipado en la gran ciudad. A esa época correspondían los cientos de murciélagos, cuervos e insectos que revoloteaban por el cuarto día y noche, produciendo ensordecedores gritos, ruidos y hedores que otorgaban un aspecto más tétrico a la habitación. Sueños que durante décadas habían alimentado historias para no dormir, torturas psicológicas y ecos sin sentido en su laberíntico cerebro.
Todas esas criaturas de la ficción que su enfermiza imaginación había inventado a lo largo de su vida, estaban escapando al exterior a través de alguna grieta de su cerebro una vez que su cuerpo había perecido. Ni Pimpinata, ni Zuroon ni los otros personajes se habían percatado de la presencia inerte del cuerpo de su creador, de ese autor incomprendido, poco admirado, ignorado y repudiado por el resto de los literatos. Ninguno de ellos sabía de su perecedero futuro, su presencia caduca se desvanecería poco a poco, uno a uno, hasta acabar en silencio y una oscuridad cargada paradójicamente de luz.

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Imagen de Freelanze
hola!

Muy interesante, triste es ver un personaje huerfáno de creador.

Enviado por Freelanze el Vie, 03/07/2009 - 23:21.
Imagen de primopep
Me gustó mucho tu relato

Siempre he sido un enamorado de este tipo de escritos y en éste encontre todos los ingredientes. Muy bueno bajo mi modesta opinión. Seguiré leyendo cosas tuyas, aún me quedan unas pocas. Un saludo.

Si lees algo mio dejame tu opinión.

Enviado por primopep el Mar, 30/06/2009 - 12:23.
Imagen de MONICA DENIS
saudade

MEJOR INGENIO QUE FUERZA!!!no importan los reconocimientos de los escritos el solo echo de escribir te hace sentir vivo besosos.

Enviado por MONICA DENIS el Mié, 03/06/2009 - 17:59.

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