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Más allá de tu alma



Más Allá de Tu Alma

Capitulo I: Oscura Soledad

Las gotas de lluvia retumbaban contra el techo.
Sólo la tenue luz que atravesaba los vitrales, era lo único que iluminaba el sa-grario. Donde quiera que mirase, las grandes estatuas religiosas le acompaña-ban lúgubremente en su dolor.
Llorando sin parar, evitaba posar su mirada en el sitio donde descansaba su cuerpo inerte, aquel que ella amó. No obstante, en ocasiones intentaba mirar de reojo para así verificar que nada de esto era verdad, quería creer que él se-guía a su lado.

Ahora, ella se encontraba débil ante el dolor, maldiciendo el terrible final que le dio la vida. Su tristeza evitaba que ella actuase como lo hacía normalmente. Estaba pálida, pues carecía de apetito. Su estado le daba un aspecto grogui.
Tras tanto lamento y miseria, su cuerpo fue cada vez más débil, hasta que fi-nalmente quedó dormida en la butaca de aquel triste lugar.
En su profundo sueño, escuchaba cómo dos voces se acercaban a ella.
-¡Pobre criatura! Ojalá El Señor la ampare de toda miseria y la colme de bendi-ciones.
-Tiene razón padre, no sé cómo hace para seguir adelante. En realidad, más que grogui, parece muerta. No hemos perdido una vida, sino dos.
-Bien, aunque tiene otros seres queridos que le protegerán.
-Lo dudo padre, para ella solo importó el amor de Christopher.
-Entiendo, el señor Sarantakos era todo para ella. Aunque aun así, tu si lo has sabido llevar mejor.
-No lo crea padre, Criss era mi mejor amigo. No existe persona más leal que él. Para mí también es duro, pero debo ser fuerte, no debo mostrarme débil ante Kate. Me necesita, pues ahora esta más sola que nunca.

Sintió como una mano tibia le acariciaba la mejilla
-Está helada. Lo mejor será sacarla de aquí- un abrigo cubrió su congelado cuerpo mientras que otra mano le daba unas palmaditas. -Kathy, despierta. Te vas a congelar aquí- lentamente, sus ojos cansados de llorar se abrieron.
- ¿Nicolas?- susurró con un hilo de voz – no, déjame aquí, ¡quiero estar con él!- forcejeo inútilmente mientras que Nicolas la tomaba entre sus brazos.
-Deja de ser tonta, atraparas un resfriado. Padre Otelo, le agradezco sus ser-vicios.
-No es nada señor Nicolas. Sabe que les encomiendo en mis oraciones.
Dicho esto, Nicolas comenzó a andar con la chica en sus brazos. Por lo que Kate desistió y se volvió a sumir en su sueño, en busca de una esperanza de felicidad
Capitulo II: Atracción. Haberte Conocido

Kate:
Era una de esas aburridas tardes de septiembre. Martes, son un mal día. Nunca supe porqué ni me interesó averiguarlo. Ya que pasaba las tar-des leyendo mis novelas favoritas, aquellas que hacían que me olvidase de lo que me rodeaba en el mundo exterior. En realidad, leo lo que me caiga en las manos. Teniendo letras, todo me interesa.
Tenía mi lugar favorito en el cual me encantaba sumergirme en el interesante mundo al que me conducían aquellas páginas. Bajo el enorme árbol que cubría mi piel de aquellos intensos rayos del caluroso sol de verano. Aquel árbol ubi-cado en la parte de atrás de mi hogar. Cada vez que me sentaba bajo este, podía observar las olas que bailaban tranquilamente sobre el mar. Mi hogar se encontraba en lo más alto de la colina.

En realidad mi morada no era muy humilde que digamos, ya que poseía más de los bienes y comodidades que alguien pudiese necesitar. Todo esto se de-bía gracias a mi tía, Isabel, quien obtuvo sus riquezas gracias al testamento de su difunto esposo.
Era ella quien se encargaba de mi custodia, pues mis padres habían fallecido en un trágico accidente. Y aunque era una buena persona, no siempre me en-tendía muy bien con ella. La gran mayoría de veces, si no nos estábamos apli-cando mutuamente la ley del hielo, muy posiblemente estábamos discutiendo. “¡Si Isabel quería guerra, guerra iba a tener!” pensaba yo.
Era en esos tiempos de argumentos y disputas en que yo anhelaba vivir sola. El problema es que aunque tenga 17 años, aun soy menor de edad como para irme de este lugar e iniciar una nueva vida sola.

-¡Kathy!- escuché a mi amigo Nicolas gritar.
Aparté la vista de mi libro y le devolví el saludo.

Nicolas era un muchacho de buena familia, siempre vestía muy bien. Estaba a punto de graduarse de la escuela. En realidad era alguien muy inteligente e intelectual. Tenía varias chicas tras él, pero no les daba importancia, prefería dedicarse a los estudios. No obstante, no se olvidaba de sus amistades.
Vi como se acercaba corriendo. Parecía un niño pequeño jugando aquel juego de “las traes”. Y en efecto, era así. Pues otro muchacho corría tras el. “¡Te ma-taré!” decía entre risas.

-Hola Kathy, quisiera presentarte a mi amigo Christopher… ¡Ouch! ¡No me pe-gues!... Está bien… quiero decir, te presento a Criss

Criss era un chico alto. Era algo musculoso, no mucho en realidad. Tenía un hermoso cabello castaño, un poco largo para un hombre. Parecía tímido, pues tenía una cierta sonrisita que lo demostraba… ¡Pero qué sonrisa!
-Bien, como te decía, él es mi amigo Criss Angel. Va a mi misma escuela y es-tamos en el mismo grado. ¿Sabes? ¡Es un gran mago!
-Ehmm… preferiría el término ilusionista, si no te molesta.
-Sí, como sea… ¡Anda Criss, muéstrale algo!
-Está bien. Toma este pedazo de papel y un lápiz y dibuja algo, lo que se te ocurra.
Tomé el lápiz y dibujé lo primero que se me vino: un pájaro. Aunque en realidad parecía más una vaca, con cuerpo de nevera y un cono atascado en su boca. Se lo di, él lo tomó y lo miró extraño -¿Qué? ¿Acaso esperabas un Picasso?- le dije sarcásticamente
-mmm… veré que puedo hacer
Tomó el papel, lo metió en sus manos empuñadas, las abrió luego, y de ellas salió un hermoso canario.
-Y el papel… ¿Dónde quedó?
-¡Wow, Criss! ¡Eres excelente!
- Vaya, no es para tanto…
- Claro que lo es- dije asombrada -¿Dónde lo aprendiste?
- Nah ah, un buen mago nunca revela sus secretos
- ¿No que eras ilusionista?
- Bah...es la misma cosa volcada.
- Y eso no es todo, Kathy, ¡Criss también tiene una banda!
-¿Ahh si?
- Sí, se llama AnelDust
-Oye… ¿Y tú qué?
-¿Qué, de qué?
-Sí, es decir, ¿De dónde saliste? No te había visto antes por aquí
- Sí. Pues, me mudé con mi madre, Dimitria Sarantakos. Tengo un hermano que está realizando sus estudios en Europa y mi otro hermano que vive con nosotros. Antes vivíamos en Long Island, Nueva York.
Al venir acá, entré en la misma escuela de mi hermano mayor, pero aquel am-biente no me agradaba, demasiado superficial para mi gusto. Por lo que hace cuatro meses, decidí cambiar de escuela.
- Que interesante- “Y guapo…” pensé en mi fuero interno mientras le miraba.
- ¡ehmm!- dijo Nicolas, sacándome de mi ensimismamiento –oye, Criss, ¿No me habías dicho que debías practicar hoy con la banda?
-ehmm, sí. Tenemos ensayo a las…- miró su reloj y puso una cierta cara de chiva espantada- ¡Válgame! ¡Debía estar allá hace tres horas!, bien, debo irme- apretó su mano que tenía un pañuelo blanco. Hizo unos cuantos movi-mientos, y de su mano apareció una margarita- Nos vemos luego, señorita- dijo entregándome la flor- Hasta pronto, Nick- se despidió y se fue con una sonrisa. Esa sonrisa espectacular, esa sonrisa que aunque era la primera vez que la veía, ya me había cautivado. Ya me había encerrado en algo…
-¡Hey, Kathy! ¿Qué te pasa?
-¿Eh?
-Pareces embobada. Ahh… ya sé ¿Estás pensando en Criss?
-¿Qué dices? ¡Pero si acabo de conocerlo!
-¡Podría jurarlo por mi colección de uñas a que Criss te gusta!
-¡diughh! Quédate con ellas... además, ¿Qué te hace pensarlo?
-mmm… no lo sé, ustedes las mujeres son así. Sobretodo tú

…me había encerrado en algo que mis libros y novelas denominan: amor a primera vista
-mmm…quizá…- le contesté

Capitulo III: Recuerdos. Lágrimas En Ti

Nicolas:
La tarde era aún más gris que las anteriores.
Llevaba varios días sin saber como se encontraba ella.
Tanto así, que llegué a pensar que también a ella le habíamos perdido.
Mi desesperación me hizo actuar antes de lo que lo puedo hacer la razón. Por lo que tomé mi abrigo y me adentré en la brutal lluvia, camino a su casa, la mas alta en la colina.
Finalmente llegué, quien me abrió fue una de las criadas.
-¡Oh, Señor Callahan!...no le esperábamos.
Entré sin esperar ademán alguno de ser invitado a pasar.
-¿se encuentra la señora Isabel?
-mmm… sí, ella…
-¡Nicolas! No te esperábamos, ¡Y menos con tremenda tormenta!- dijo la seño-ra a mis espaldas- ¿te gustaría un té?
-No, gracias, de verdad. Pero vengo por algo más urgente. ¿Cómo esta Kathy?
-¡Oh! No lo sé ni siquiera yo… ¡Parezco viviendo con un zombie!
-¿Puedo pasar a verla?
-Adelante querido, quizá a ti te hable

La señora Isabel era una persona tranquila, en realidad era muy paciente y calmada, a pesar del posible dolor que guardaba su corazón. Un dolor causado por daños y pérdidas en su vida, y quizá por la falta de plática con mi madre.
Ella y mamá no eran solamente lo que se dice unas primas muy cercanas, sino que también eran mejores amigas, se podría decir, ya que se contaban todo entre ellas.
Pero el problema comenzó en realidad en la preparatoria, cuando el chico por el cual mi madre se derretía, admitió estar enamorado de Isabel. Por lo que mi madre dejó de hablarle, pues ella naufragaba en un mar de celos.

Su segunda perdida, fue la de su esposo. Cuando ambos, en compañía de su perro Spike, iban de regreso a casa luego de un paseo de fin de semana. Todo en la carretera marchaba muy bien, hasta que en un determinado momento, su esposo Trevor, debía frenar para no chocar contra un camión de leche. Los frenos no respondían, por lo que debió girar el auto hacia la derecha. Pero de lo que no se percató, era del gran río que había al lado de la carretera. El auto fue a dar al agua. Comenzó a inundarse por dentro hasta el punto de quedar semihundido. Solo Isabel y su perro pudieron sobrevivir.

Y el caso más reciente, la perdida de su hermana y su esposo, quienes habían muerto en un accidente aéreo.

Isabel era muy sola, aunque vivía con su sobrina, pero ahora parecía que la perdía a ella también.
“Isabel tendría mi lástima, mi tristeza, mi dolor. Nunca mi perdón” Decía una y otra vez mi madre, lo cual era una idea a la cual yo no podía aplaudir, pues la pobre mujer no merecía tanta desgracia en su vida.

Finalmente llegué a la puerta. Llamé tres veces, pero nadie contestó. Se me congeló la sangre al pensar que quizá podría encontrarme con su cadáver, por lo que abrí la puerta de un golpe, encontrándome así, con lo que podía ser un semimuerto, sólo que aún respiraba.
Kathy se encontraba sentada, con la mejilla pegada al frío vidrio, viendo las gotas de lluvia caer al igual que sus lágrimas.
-¿Qué pasa, Nicolas?- dijo con la voz quebrada, como si se fuera a derrumbar.
-¿Qué te pasa a ti, Kathy? Todos estamos preocupados por ti. No has vuelto a comer, duermes poco y todos los días lloras en la ventana
-Es que ya no le veo sentido a nada de eso- dijo fríamente
-¡Pero que…!
-Mira Nick, es lo que siento. Y si vienes aquí para…
-Kathy, escucha, todos sentimos mucho lo que pasó. Sé que la más afectada aquí eres tu. Pero entiende que estamos a tu lado. Tu tía esta muy preocupada por ti, deberías también tu compadecerte de ella, sabes que sólo te tiene a ti, y ahora también te está perdiendo…
-¡Oh, Nicolas!- se le quebró la voz, la abracé y comenzó a llorar- es que… ¡yo lo amaba!
Empapó mi camiseta en lágrimas.
-Sí, lo sé. De eso no tengo dudas- dije abrazándole aún más.
Al rato se quedó dormida, la puse en su cama y salí de la habitación.

-¿Y…qué ha pasado?- dijo la señora Isabel algo asustada
-No se preocupe, yo me encargaré de ella. Solo llámeme si me necesita.
-Nicolas, gracias por todo.
-No hay de que, señora- sonreí amablemente. Me puse de nuevo el abrigo, y volví a enfrentarme a la horrible tempestad.

Kate:
En esa tarde lluviosa, mis recuerdos se arremolinaban con la intención de apu-ñalar mi corazón, haciendo el dolor de cada cuchillada más fuerte que el ante-rior. Mientras las lágrimas rodaban, recordaba aquella tarde de abril junto a él. Aquel día de campo que llevaba ya días de planeación…

-Oye Criss, ¿Qué tal de los amores?- le dije
- ¿A qué te refieres?
-Estemm… ¿No hay alguna chica que te guste?
- Ahmm… es confidencial- sonrió – Y a ti… ¿Hay algún chico?
- Ehmmm… También es confidencial
-mmm… entonces… ¿tuviste novio en el jardín de infancia?
- No, ¿y tú?
-Pues no creo que se considere como una novia… pero había una chica, Zue era su nombre ¡me perseguía a todas partes!
- ¡Debe ser porque te robaste la caja de colores que tenía el sacapuntas!- reí divertida
- ¡Es en serio! Mira, una vez estábamos todos jugando en la caja de arena. Pe-ro luego llegó este mastodonte y me empujó, haciéndome caer en la arena. De repente, llegó y estrujó sus labios con los míos. ¡Santo cielo! ¡Se me iba a robar mi boquita!... mmm, pero pues como no, ¡si soy tan irresistible! ¿No lo crees?- se río por su broma. Yo en cambio, enrojecí por la pregunta. -¡Ja! Pero eso si ¡Jamás! permitiré a nadie llamar mi primer beso de amor a tal cosa.-

Tomó una copa y una botella de vino –Observa- dijo. Puso la copa en la palma de su perfecta mano mientras que vertía el líquido rojo en ella. Poco a poco fue retirando la mano que tenía la copa, y esta de la nada, quedó flotando.
- Wow, aún me pregunto ¿Cómo lo haces?
- Magia- contestó el
- ¿Acaso es lo único que haces en tu tiempo libre?, es decir ¿no lees o algo?
- Pues en la escuela leí aquel libro de Shakespeare en que el personaje entra en cólera porque su mujer esta con otro. ¡que basura y perdida de tiempo! Ni siquiera recuerdo su nombre… ¿y si lo engañaba, qué? El tipo se hizo famoso por su error.
- Mmm… ¿y que tal las novelas románticas? Ya sabes, Romeo y Julieta, Cumbres Borrascosas…
- Romeo… que ridículo nombre…
- Peor hubiese sido Don Quijote- Sonreí
- Quizá tengas razón. Pero de todos modos, Romeo no me cae nada bien
- ¿Y que tiene de malo Romeo?- le pregunté, podría decirse que un poco molesta, ya que era uno de mis personajes favoritos. Creo que hasta es-taba un poco enamorada de él hasta que conocí a Christopher.
- Bien, en primer lugar, está enamorado de esa Rosalinda, ¿no te parece que es un tipo de decisiones demasiado inestables? Y luego, momentos después de su boda, mata al primo de Julieta. Diría yo que no es el re-galo de bodas que precisamente toda mujer anhelaría. No es precisa-mente un tipo muy brillante que digamos. Acumula un error tras otro.

Suspiré.
-Ahh… supongo que tienes un poco de razón…- dije
-Aunque he de aceptar que Romeo y Julieta tiene algunas citas interesan-tes. “Los placeres violentos terminan en la violencia, y tienen en su triunfo su propia muerte, del mismo modo que se consumen el fuego y la pólvora en un beso voraz”… acto II, escena VI- concluyó el
-¡Wow! ¡De nuevo me has sorprendido!
- ¿ahh, sí?... “Muerte, que has sorbido la miel de sus labios…”- dijo acer-cándose a mí y acariciando el dorso de mi mano. Yo, tenía la piel de gallina –“… no tienes poder sobre su belleza”- murmuró y reconocí el verso que declamaba Romeo en su tumba.

No sé por qué, pero en aquel momento, aquellas palabras obtuvieron para mi, un sabor amargo. Un sabor a dolor.
-… y tu Kathy ¿no tienes algún verso predilecto?
-“El amor no es solo un sentimiento. Es también un arte”- dije re-cordando las palabras que el famoso escritor francés, Honoré de Balzac, di-jo una vez.
Pero enseguida enrojecí, dado a que había caído en cuenta del terrible error que acababa de cometer…

Volví en mi misma al escuchar a alguien golpear a la puerta de mi habita-ción. Dejé reposar tristemente mi mejilla en la ventana, lamentando tener que separarme de mis fantasías. En seguida, entró Nicolas.
Él intentaba consolarme, pero todo era como si yo me hubiese puesto en automático. Ya que no podía articular bien mis palabras. En el momento en que Nicolas me abrazó, volví a recordar aquella tarde de pic-nic con Criss.

…Luego de haber enrojecido, Criss puso su brazo alrededor de mis hom-bros amigablemente, aunque hubiese querido que aquello hubiera significa-do algo más…
-Antes de conocernos ¿tú y Nicolas tenían algo?
-¡Pero qué dices! ¡Si casi somos familia!
-Ahh… eso lo explica todo. ¿Pero acaso no tienes algún chico que te guste?
-Ehmmm…sí, solo que no es de aquí
- ¿Ahh, no? ¿Y de dónde es?
Enrojecí de nuevo
-Tengo entendido que de Nueva York. ¿Y tú, no tienes alguna chica?
- Estemmm…. Sí, vive muy cerca a la casa de un buen amigo
-Ahh…
Al escuchar sus palabras, mi mundo se derrumbó. ¡Aquella supuesta chica ahora había entrado en mi lista negra! Que envidia le tenía…
-¿Qué te pasa?- preguntó
-…no, no es nada
-¿Estas segura?
-Si, no te preocupes por mí
-Es imposible no hacerlo. No quiero que nada pueda perturbar a mi querida niña.

Esas palabras fueron magia, música para mis oídos. Pero a su vez, fueron las palabras que me trajeron de nuevo a la realidad.
-¡Oh, Nicolas!- le dije entre sollozos mientras le abrazaba, recordando a Christopher- … ¡yo lo amaba!

Capitulo IV: Muerte. Noticia Inesperada

Nicolas:
Lo recuerdo como si fuese ayer. Ya habían pasado varios meses después de lo de Christopher, y aunque Kathy ya había vuelto un poco en sí, aún era fácil notar su dolor.

Fue esa mañana, Isabel me había invitado a desayunar en su casa. Decía te-ner una sorpresa.
Fue cuando sonó el timbre, una criada abrió la puerta y se apareció en el vestí-bulo con un tipo.
-Ya estoy cansada de verte así por lo de Christopher. Así que te he traído una sorpresa. Quisiera presentarte a Jacob White.

Pude ver como Kathy se derrumbaba en mil pedacitos ¡Y tenía razón! Pues nadie podía reemplazar el lugar que Christopher tenía en su corazón.
Aún recuerdo cuando Criss me decía “… y allí estaba la chica de mis sue-ños (o más bien de mis desvelos)”. En realidad, esos dos sí tenían algo muy especial. Algo que tan solo en cuestión de segundos, su tía le quería hacer olvidar.

Pero por más cruel que fuera, era lo mejor para ella. Era mejor olvidar aquel trágico día. El día en que perdí a un amigo…
Criss siempre estuvo cerca de la muerte, gracias a su profesión como ilusionis-ta. Llegó a practicar trucos de escapismo bajo el agua y camionetas en llamas, también llegó a convertirse en una llama humana.
Fueron varias veces las que Kathy tuvo que entrenarse psicológicamente para lo que le pasara a Criss. Sin embargo, aquel entrenamiento no le fue exitoso.
Lo curioso es, que aunque realizaba actividades de alto riesgo, nunca salió herido. Lo que causó su muerte, no fue nada de eso…

Fue una noche en que vio una mujer llorar, su buen corazón le impulsó a que-rer acercarse a ella.
Su nombre era Elizabeth. Ella le contó que su esposo la maltrataba, que ella y su corazón sufrían. Criss le dedicó unas cuantas palabras de consuelo. Como dije, Christopher era un buen tipo, por lo que en algunas tardes visitaba a Eli-zabeth, pues sabía que ella necesitaba consuelo.

Parece ser que en una de sus visitas, el esposo de Elizabeth la vio abrazada a Criss. Claro que era tan solo un abrazo de amistad, pero él pensó que era algo más. Por lo que en una noche, Criss salía de verse con su banda, cuando un grupo de vándalos le atacó y comenzaron a golpearle. Según las investigacio-nes de la policía, todos eran amigos del esposo de Elizabeth.
Lo que para esa gente comenzó como “un juego”, terminó en terror, pues en el ataque, Criss cayó al suelo y su cabeza dio contra el asfalto. No se logró poner en pie, de hecho, parecía no respirar… en efecto, Christopher estaba muerto.

Dominados por el miedo, los tipos escaparon, no se volvió a saber de ellos.
Días después, fui en busca de Elizabeth para comentarle lo sucedido.
La misma Elizabeth me dijo que esa misma noche, no volvió a saber de su es-poso. Por lo que deduje que también el escapó con sus amigos.

Nicolas:
Dudaba que Kathy pudiese curarse pronto. Ya había pasado mucho más tiem-po, sobre todo luego de conocer al tal Jacob White.
Ahora Kathy y él eran novios. Desde mi punto de vista, la mente de Kathy le jugaba trucos para hacerle creer que le gustaba.

El tipo no me agradaba mucho que digamos, me producía mala espina. Por alguna extraña razón, me recordaba a quien había matado a mi mejor amigo. En realidad le odiaba. Pero sólo le tenía una cierta pena por no tener familia, ni nadie con quien charlar. Eso de vivir solo no debía resultar nada agra-dable. Pero aún así, aquello no evitaba que le dijera a Kathy que no debía es-tar con él.
Aunque parecía que todo lo que yo le decía le entraba y le salía por el otro oí-do. Ya que muchísimo tiempo después, me enteré gracias a Isabel, de que Ka-te y Jacob se casarían en pocos meses.
-¡Vaya! Cuanto me alegro. Jacob es un buen tipo. Espero sean felices por siempre…- dije a Isabel fingiendo alegría.
Ese tipo de mentiras se perdonan por allá arriba (eso espero) de lo contrario me acaban de anotar una más.

Sin embargo, aún debía hablar con Kathy sobre el asunto.
-¿Cómo es eso de que te vas a casar?
- Sí, pues… mi tía habló con nosotros y… la idea nos agradó
-¡Pero cuándo vas a hacer algo para que Isabel deje de meterse en tus deci-siones!- dije exasperado- Si te dejas dominar así, dentro de poco te pondrá un cordelito al cuello.
-Sí, es que…
- Vamos Kathy, ¿acaso ya te olvidaste de Christopher?
Sus ojos se aguaron. Intentó, pero no pudo contenerse.
-¡No! Yo jamás… ¡Nunca podré olvidarle! En realidad, no sé qué me pasa ¡Ni siquiera yo estoy segura de lo que estoy haciendo!... Nicolas, mi único amor es y siempre será Christopher, pero no sé por qué en mi fuero interno siento que esto me ayudará. Quizá así logre sanar el dolor.
- ¿Estás segura de lo que dices?
- No
-Bien, pues yo ya no puedo hacer nada más. Tendrá que quedar en tus manos. Pero estaré siempre a tu lado para cuando me necesites, como un buen amigo.

Me abrazó, igual sentí su preocupación. Me dijo que me podía ir tranquilo, aun-que en realidad lo dudé, pero igual le obedecí.

Bajé las escaleras y me encontré en el vestíbulo con Isabel
- Y bien ¿Qué te ha parecido la noticia?
- Pues si que ha sido toda una sorpresa
- Lo mejor es que todos los preparativos ya estan listos
- ¿Ahh, si?
- Ajam
- Solo me queda por saber ¿Qué le regalaré de matrimonio?
- Mmmm… que tal ¿un juego de comedor?- propuso ella
- Ehh… no lo creo…
- ¡Entonces algo útil! ¡Que lo use mucho!
- ¿Cómo qué?
- ¡Una cafetera!
Sonreí ante el comentario
-Ehmm, no lo creo Doña Isabel, quizá luego lo decida
-Esta bien querido, vuelve pronto.

Camino a mi hogar me quede pensando en lo sucedido. ¿Quién había di-cho esa tontería de que el amor era ciego?
Era obvio que ese tipo solo quería algo de Kate. ¿Pero qué?
No es el solo hecho de que yo lo odiara el que me hacia pensarlo. Sino que… ¡Es obvio ante los ojos de cualquiera!
Jacob White, no podía estar enamorado de Kate

Capitulo V: Presencia En La Noche

Kate:
A diferencia de la emoción y alegría que guardaba Isabel ante mi matrimo-nio con Jacob White, yo aún pensaba si lo que hacía en realidad era lo co-rrecto.
-¡Qué afortunada eres! ¿No te parece que Jake es un chico demasiado gua-po?
Jacob era un tipo alto, de ojos miel y cabello rubio muy claro, sus labios eran de un color carmesí. Era muy bien parecido, por lo que me tocaba de-cir “sí” ante el comentario de mi tía.

Tan solo faltaban unos cuantos días para la boda. Lo recuerdo bien.
Era de noche, no podía dormir.
De repente se escuchó cómo afuera el viento golpeaba fuerte contra mi ventana. Hacía las copas de los árboles moverse de una manera extraña. Debo aceptar que en realidad estaba asustada.
De repente, vi una extraña sombra moverse afuera. Se me congeló la san-gre. Me puse en pie difícilmente, pues hasta las uñas me temblaban. Pero quizá se tratara de un ladrón, al cual no dejaría le robara nada a mi pobre tía.
Estaba a unos cuantos pasos de la ventana, cuando esta se abrió de un golpe, todo afuera se quedó inmóvil.
Me quede extrañada, pero al abrirse la ventana, sentí que un algo o alguien había entrado en mi habitación. Lo más probable es que fuera un algo, pues yo no podía ver nada.

Los ojos se me aguaron ante el miedo. Los cerré y al volver a abrirlos, fue cuando le vi, allí en el rincón de mi oscura habitación, se encontraba aquella miedosa sombra flotante, me miraba.
Yo me tragué un grito del miedo, no supe qué hacer, pues no quería des-pertar a nadie. Por lo que salí corriendo hacia el baño.
Pero aún sentía como aquella sombra me perseguía.

Con la respiración agitada, cerré con llave la puerta del baño – te has que-dado dormida, eso es todo- me dije mientas me mojaba la cara con el agua del lavamanos. Cerré la llave del agua. Me miré en el espejo, el cual poco a poco se iba empañando. Mis manos temblaban.
De la nada, vi como letra por letra se iban escribiendo las palabras “estás muerta”…

Palidecí, estaba a punto de desmayarme, quería llorar.
Salí corriendo del baño, estaba a punto de bajar corriendo las escaleras. Cuando de nuevo me encontré con aquella sombra. Sentí como me bajaba la presión. La sombra se acercaba cada vez más a mí, yo intentaba alejar-me, pero era inútil, ya que perdía el equilibrio, se me nublaba la vista. La sombra quedó ante mis narices, por lo que por inercia cerré los ojos. No pu-de volver a abrirlos.

-¡Kathy!- escuché a Isabel gritar a los cuatro vientos
Poco a poco, abrí mis ojos. La deslumbrante luz del amanecer que penetra-ba por los vitrales de las escaleras me encegueció.
-¿ehh?- dije confundida
-¡Mi niña! ¿Qué te paso?
-Yo… no lo sé…
-¡Ay mi niña! No sé que hacer. Ninguna de las criadas se encuentra ahora, les di el día libre. Y yo debo salir ahora, ¿Quieres que llame a Nicolas para que te acompañe?
- No, gracias… esta… bien… yo misma me haré de comer
-¿Estás segura?
- Sí, no te preocupes
- Está bien querida, si necesitas algo…
- …Sí, te llamo a ti o a Nicolas
- Muy bien cariño, me voy. Au revoir- se despidió en francés.
- Adiós, cuídate.

Isabel salió, por lo que decidí olvidarme del asunto e ir a preparar algo de comer en la desierta cocina. Preparé unos huevos con tostadas y un poco de café. Un desayuno normal, tranquilo e inofensivo. Probé el café, estaba amargo, por lo que decidí ponerle un poco de endulzante. Tenía mi mano algo temblorosa, razón por la cual derramé sin querer un poco de endulzan-te en el suelo, fui en busca de un recogedor y una escoba. Cuando volví, encontré las palabras “estas muerta” escritas sobre el endulzante...

Mi cuerpo quedó inmóvil, mis manos dejaron caer la escoba y el recogedor. Las lágrimas comenzaron a correr por mi rostro. Mi cuerpo cayó débil en el suelo.
Quería saber qué pasaba aquí ¿acaso era esto una broma de mal gusto?...

Las semanas fueron pasando así. Encontraba sombras negras por doquier, mensajes que amenazaban con matarme.
Día y noche, cargando con la agonía de que alguien quería asesinarme…

Nicolas:
Todos estábamos preocupados, era la séptima vez en esa semana en que Kathy decía que alguien quería matarla.
Las cosas empeoraron cuando contó a Isabel que ella veía cosas extrañas, decía ver sombras y mensajes amenazantes.
-¿Qué he hecho mal? ¿Crees necesario que la lleve a un psiquiatra, Nico-las?- me decía Isabel.
Yo no creía necesario tal cosa. No obstante, Kathy me preocupaba.

De nuevo no dormía ni comía por temor a encontrar aquellos mensajes.
Le recomendé que durmiera con la luz encendida, quizá así podría calmar-se y olvidar el asunto. Aunque aún así, seguí sintiendo aquella presencia.

Igual, el tiempo pasó, todo parecía haber vuelto a la normalidad, pues Kate había dejado de hablar de sombras y presencias.
Isabel y yo nos alegramos de ello. Pues ya sólo quedaban dos días para su matrimonio.

Capitulo VI: Campanas Sobre El Altar

Kate:
Ya era demasiado tarde para dar un paso atrás, pues hoy era el día de mi boda.
Lucía un hermoso vestido blanco con encaje. Mi cabello recogido, lucía una tiara.
En el momento en que las puertas se abrieron, sentí que era lo correcto. Jake me cuidaría de sombras siniestras. Me haría feliz. No había razón para pensar en el dolor, ni siquiera para recordar aquel día… porque quizá, Christopher estaría feliz por mí…
Pero no debía pensar en ello. Ya que para cualquier mujer, el día de su ma-trimonio es el día más feliz de su vida. Hoy, yo debía ser feliz…

Comencé a caminar apenas sonó la marcha nupcial. Todos me miraban sonrientes, menos Isabel, quien lloraba sin parar.
Jake me esperaba en el altar, estaba demasiado apuesto. Me miraba con una cierta sonrisa juguetona, la cual le devolví.

Estaba nerviosa, en realidad, no entendía ni una palabra de lo que decía el padre. Aunque aquello no impedía que pudiese notar el extraño comporta-miento de Jacob. Miraba al padre como si hubiese visto un espanto.
-¿Qué pasa?- le susurré
-No…no es nada- me dijo temeroso. Parecía estar sudando frío. Mi sexto sentido e decía que no era nada por el matrimonio, Jacob estaba nervioso por algo más, ¿pero qué podía ser?
-¡sonrían!- dijo el tipo que tomaba las fotos del matrimonio. En aquel instan-te, Jacob comenzó a temblar.
- ¿Qué te pasa Jake?- le pregunté, pues me preocupaba
-No, es…no… es nada- dijo con voz temblorosa.
El de las fotos continuaba disparando su flash, hasta que en cierto momen-to, Jacob gritó -¿Jake?- todos en la iglesia se preocuparon
-Ehmm… en serio, no es nada- dijo aún nervioso- … ¿Qué les parece si partimos el pastel?

No me fiaba de que todo estuviera bien. Algo le sucedía. De casualidad… ¿Habría Jacob perdido la razón de repente?

Capitulo VII: Infierno.Mensajes de Otro Mundo
Nicolas:
Ya habían pasado más de cinco meses desde el matricidio de Kate. Y aun-que ella parecía ser muy feliz, solo yo conocía la verdad. Sentía lástima por Kathy, pues se había casado con un monstruo. Me hubiera gustado poder hacer algo al respecto. Pues eran varías las veces en que ella había acudi-do a mi llorando, diciéndome que Jacob le maltrataba… siempre discutían.

-¡Kathy, por el amor de Dios! ¡Hay que decirle a alguien, Debemos avisar a la policía todo lo que este tipo te hace!
- ¡No, Nicolas! Hagas lo que hagas… ¡No le digas a nadie!... será un secre-to.
-Esta bien… ¡Le avisaremos a la Policía secreta!
-¡Santo cielo, Nicolas! ¡Prométeme que no le dirás a nadie!
- Está bien, no lo haré…

Era horrible tener que guardar silencio. Pues siempre que visitaba a Isabel, ella tenía un nuevo morado.
- ¡Pero querida! ¿Cómo te has hecho eso?
- Esta bien tía, me caí del caballo- decía tristemente.
- Pues tendré que contratarte un profesor…

Isabel no entendía la lástima, el dolor por el que estaba pasando Kate gra-cias al inepto que le consiguió como marido.
Yo me moría por hacer algo al respecto… ¿pero qué?
Si kate tenía razón, un movimiento en falso y todo sería peor…

Kate:
Jamás me habría atrevido a hablar de mis miedos, pero Nicolas era casi mi hermano. Sólo a el podía contarle todo lo que sucedía en mi vida.

Nunca llegué a imaginar que mi vida terminaría en un infierno, y yo atada al mismísimo demonio. Jacob salía todas las noches a emborracharse con sus amigos en el bar.
Lo que me daba un espacio para ser brevemente feliz.

Una de esas tantas noches de soledad, me encontraba sentada en el piso ante la chimenea. Cuando todas las luces hicieron corto circuito, el vidrio de la ventana comenzó a empañarse y de nuevo, letra por letra aparecieron las palabras “estás muerta”…
Las lágrimas comenzaron a rodar. Pero ya todo daba igual. Yo estaba en mi infierno terrenal ahora. Jacob White, quien creí sería el nuevo príncipe de mi historia, me hacía sufrir más que nunca.
Parece que en mi vida, sólo podría haber un príncipe, un príncipe al que yo ya había perdido…

El fuego de la chimenea se apagó y de repente la ventana se abrió. Enfoqué bien la vista y allí estaba, otra vez, la misma sombra amenazadora. Aunque esta vez, no era tan tenebrosa como las otras veces, al contrario, parecía estar entendiendo mi dolor. Escuchaba a mi alma gritar “¡Sácame de este infierno!”. Por lo que esta vez, sólo se acercó un poco a mí y enseguida se marchó. Esta había sido la visita más extraña que me había hecho.
Varías de las noches siguientes, pude ver la sombra afuera de la casa, pero jamás llegó a entrar de nuevo…

Una de las tantas mañanas desperté…. Sola, de nuevo.
Me disponía a desayunar cuando vi una carta deslizarse por la rendija de la puerta. Intenté ver, pero no pude descubrir quien la había puesto entre el co-rreo.
“Para mi querida niña”… la curiosidad me impulsó a leerla. La abrí, decía:
“¿Aún crees en la magia? Pues yo te enseñaré luz cuando tu alma solo ve os-curidad. No dejes que tu alma se rehusé a lo que ya sabe.
Ven, búscame, te estoy esperando. Sabes que sigo aquí.”

Quedé sin palabras. -¿Acaso era…? ¡Pues cómo! ¡Hacía mas de un año que había muerto!... pero la forma en referirse a mi… además…- acerque mis ojos al papel- ¡podría jurar que aquella era su letra!

Fui en busca de las cartas que él me había escrito en tiempos anteriores para así poder comprobarlo, y en efecto… ¡Era la misma letra!
Me asusté, aunque en mi fuero interno llegué a sentir cierta alegría.
Guardé las cartas enseguida. Pero una de ellas se salió, intenté guardarla, pero no lo logré. Aunque sí vi algo extraño, había letras en aquella carta que se sub-rayaban por si solas, de la nada. Al juntarlas, formaban las palabras “Sigo es-perándote…”
Mi corazón se sobresalto. Pues de alguna extraña manera, pensaba que podía ser él…

Y así continuaron los días. En el día recibía la visita de una extraña lucecilla flotante a la cual denominé como “Criss”, seguida por cartas con su misma ca-ligrafía. Y en la noche, tenía la tenebrosa visita de la sombra y sus macabros mensajes.

En una de las tantas cartas que me llegaron una mañana, una de ellas decía algo como “¿recuerdas nuestro lugar favorito? Pues ven y sigue el llamado de mi amor” aquella luz reapareció e hizo por algún extraño motivo, que la siguie-ra.
Me llevó allá, a aquel lugar donde Criss y yo tuvimos nuestro primer día de campo. Los recuerdos volvieron a mí e hicieron brotar lágrimas de mis ojos. Me quedé en aquel hermoso lugar hasta que anocheció. Fue cuando decidí que debía volver.

En casa, me quedé dormida en el sillón. Cuando abrí los ojos, vi la sombra en-cima de mí -¿Qué quieres de mí?- grité llorando, luego, esta se fue volando.
Jacob entró de un golpe en la habitación
-¿Pero por qué gritas, tonta?
Decidí que era hora de contarle todo.
-¡Qué tonta eres! ¡No existe tal cosa de espíritus!
- Pero puedo jurártelo ¡Me han llegado cartas de Criss!
- ¡No seas tonta!

Me dio una bofetada con la cual caí al suelo. Tenía los ojos llenos de lágrimas. Vi a Jacob parado, pálido como la harina, pero no me importó. Me fui corriendo, pues no quería verle más su asquerosa cara.
Capitulo VIII: Revelación

Jacob White:
¿Qué que rayos le pasaba a esa? Yo no sé, total ni me interesaba.
“La ridícula esta sí que está loca” pensé.
Es decir, tendría que estar muy chiflada. ¿Cómo es eso de que se le aparecían sombras en la noche? Quizá eso me lo pasara… pues Isabel es igual de loca a ella. Pero lo otro era diferente. Quizá ella conocía mi pasado, quizá su objetivo era hacerme arrepentir de ello y admitir que fui yo…
Pero no lo creo, Kate era igual a ella…
Pues ambas creen en el amor verdadero.

Kate… que ridículo nombre, pero peor el apodo que le pusieron sus amigos… Kathy. Me pregunto ¿Qué relación le ven a Kate con Kathy?

-¡Qué tarada eres! ¡No existe tal cosa de espíritus!
-Pero puedo jurártelo ¡Me han llegado cartas de Criss!
-¡No seas tonta!- le propiné una bofetada. ¡Ya estaba harto de todo esto! Ade-más… ¡cómo se atrevía a mencionarme el nombre de aquel…!

Ella cayó al suelo. Sentí que alguien más estaba observando, con lo que giré mi cabeza a un lado cerca de la ventana. Y allí estaba, el fantasma de mi pa-sado, el recuerdo vivo que no me dejó dormir por varios días, el terror que me hizo escapar.
Ella salió corriendo. Con lo que él me miró con una sonrisa macabra que quería decir algo así como “por fin solos…”
Cerré mis ojos y los volví a abrir, él había desaparecido.
Horrorizado por lo sucedido, me senté en el sillón, intentando tranquilizarme. Pero fue en vano, ya que no era la primera vez que esto ocurría…

Fue durante mí matrimonio con Kate, yo no veía la hora de poder escapar de todo aquel circo, maroma y teatro, pero igual debía fingir.
El padre comenzó a hablar, yo no podía del aburrimiento, pero de repente, su cara cambio, era otra persona…
Tenía aspecto pálido, de muerto. Su cabello castaño largo…era él, quien me miraba con la misma sonrisa macabra.

-¿Qué pasa?- me dijo Kate, cerré los ojos y los abrí de nuevo. El padre volvía a ser él.
-No es nada- le contesté nervioso.

La ceremonia continuó, algo tranquila… supongo.
Hasta el momento en que iban a tomar las fotografías. Pues en el primer mo-mento le volví a ver en la parte de atrás de la iglesia, Kathy volvió a preguntar-me, el desapareció, nervioso, le volví a contestar que todo marchaba bien.
Volví a lo de las fotos. Cuando luego de un flash enceguecedor, el de las fotos tomó también un aspecto pálido con aquel cabello castaño y sonrisa macabra.
Grité como nunca antes lo había hecho, pues aquel quería hacerme algo, pero de nuevo desapareció.

Yo temblaba, pero no quería que pensarán que yo estaba loco, por lo que disi-mulé e invité a todos a comer pastel.

Comenzó a llover, por lo que volví de mis recuerdos de aquel horroroso día. Las luces se apagaron, el viento hizo que la ventana se abriera. Escuche una risa masculina, había alguien ahí… lo supe, pues al caer un relámpago, pude ver de nuevo su pálido rostro sonriente, con lo que di unos pasos atrás, el mie-do me hizo caer al suelo.
Miré la foto de mi matrimonio, mi rostro al lado de Kate, había sido cambiado por el de él…

Otro relámpago cayó, podía verle mejor, pues ahora su cabello no cubría su rostro… el pálido y escalofriante rostro de Criss Angel…

Mi respiración estaba entrecortada, Christopher desapareció.
Pero a cambio escribió algo en el empañado vidrio de la ventana…
“A las mujeres se les respeta, Jake… se que nunca aprendiste eso con Eliza-beth. Pero aunque sólo te importe Kate por la fortuna de su tía, deberás respe-tarla…” las letras se borraron y a continuación, volvió a escribir un mensaje di-ferente “…te agradezco lo de mi muerte, pues ahora sé que a patanes como a ti no les puedes dar otra oportunidad…” las letras desaparecieron, ¡Santo cielo! ¿Qué quiso decir con eso?
Cayó otro relámpago mientras que reescribía otro mensaje “…ahora, déjame devolverte el favor…”
¡Demonios! ¡El tipo me quería matar!
Me tambaleé, caí junto a la chimenea cuyo fuego se avivó, me puse en pie de un salto y salí de la casa.
Corrí, doblé a la esquina y llamé un taxi -¡lléveme lejos de aquí! – le ordené
-Como guste usted- sonrío el tipo

Me relajé un poco y decidí preguntarle su nombre –no le gustaría saberlo… - me contestó el taxista. Fue cuando le miré a través del retrovisor…
…Christopher Angel me sonreía maquiavélicamente….

Capitulo IX: Más Allá de Tu Alma

Kate:
Habían pasado tres semanas. Ya no recibía visitas ni de sombras ni de luces. Pero aún seguía recibiendo supuestas cartas de Criss, por lo que decidí hablar con Nicolas.

- Bueno, ya ¡confiésalo!
- ¿Confesar qué?
- ¡Qué tu eres quien me está mandando extrañas cartas para asustarme!
- ¿ehh?
- Vamos, hombre. ¡Tú eres capaz de copiar la caligrafía de Christopher!
- …No entiendo nada
- Verás, alguien me está jugando bromas ¡todas las mañanas recibo car-tas que parecieran haber sido escritas por Criss!
- ¿Y Jacob lo sabe?
- Pues ni yo sé nada de él… hace tres semanas que no le veo
- ¿Qué paso?

Parecía demasiado interesado en lo que el patán me hubiera hecho. Estoy segura de que si le hubiese dicho que se arrodillara y me besara la mano, lo hubiera hecho con tal de sacarme tres palabras más.
- No es de tu incumbencia- le contesté
- ¡Claro que lo es! Me preocupa lo que aquel maniático…
- ¡Nicolas!- lo detuve- está bien, no hay que preocuparse por Jacob, pre-siento que no volverá…
- Eso espero Kathy, si vuelve, avísame

Yo decidí acabar con la conversación, era evidente que Nicolas no sabía nada, por lo que me despedí de él y me marché.
Era la primer noche en meses en que dormía tan bien, pues Jacob no se encontraba para molestarme la vida. Aunque a mi pesar, no tuve un buen sueño que digamos…
…Soñé que una mujer Elizabeth, llegaba a mi puerta. Me decía que me cui-dase de Jacob. De repente, la mujer desapareció. Luego lo vi a él, tan her-moso como siempre, parecía un ángel entre mil caminando hacia mí. Salí corriendo hacia el, quería abrazarle.
Pero antes de llegar, vi como un cuchillo le atravesaba su perfecta espalda, el gritaba de dolor, cayó al suelo. Espantada y adolorida, caí también yo. No pude ver a su asesino. Lloraba junto a su cadáver, sentí como alguien po-saba su mano sobre mi hombro y me susurraba “estás muerta…”

…Desperté de un salto, mis mejillas estaban empapadas en lágrimas, cubrí mi rostro con la almohada y lloré todo lo que pude. Hasta que mis ojos lo-graron vislumbrar un extraño resplandor, era aquella luz…
-¿Christopher? ¿Eres tú?- la luz resplandeció aún más, por lo que deduje que aquello había sido un “sí” -¡Oh, Criss! ¡Por favor, no te vayas! ¡Quédate conmigo! –dije acercándome más a la luz- … Te necesito…- mis ojos se aguaron, la luz resplandeció más y se acerco a mí. -…Christopher, yo…- pero antes de que pudiese terminar mi frase, la lucecilla comenzó a corre-tear por la habitación. Hubo un ligero temblor que hizo abrir la ventana. Y allí estaba de nuevo, la sombra infernal.

La luz correteó por toda la habitación sin encontrar escape alguno- ¡Vete de aquí, maldita sombra! –gritaba como loca. Pero era demasiado tarde, la pe-queña lucecilla fue a dar solita y voluntariamente con la sombra, quien se la tragó enseguida.
-¡Chritopher! ¡No!- dije llorando a los gritos- ¡Maldita sombra!- dije, pero esta desapareció, se fue dentro de mi armario y yo no tenía intenciones de ir a buscarla, por lo que me derrumbé en el suelo y comencé a llorar como nun-ca- ¿Por qué?- gritaba

…Cuando escuché la puerta del armario abrirse poco a poco. Levanté la vista y vi un enorme resplandor. Poco a poco pude verle mejor… su tez blanca, sus ojos y cabello castaño… ya no había dudas, aquel era mi Criss.
-¿Christopher?- dije secándome las lágrimas y a su vez con asombro. Que-ría asegurarme de que aquel no era uno de mis hermosos sueños…
-¿Aún crees en la magia?... sí, soy yo- me dijo con una hermosa sonrisa, aquella que yo tanto amaba…
-¡Oh, Christopher, no puedo creer que seas tú!- corrí y le abracé –por favor ¡no me dejes sola, no te vayas!- le supliqué.
Se apartó un poco
- yo no te he dejado sola…- puso sus perfectas manos sobre mis hom-bros- …tu me has dejado solo a mí.
Me alejé un poco y le sostuve la mirada, pues no comprendía lo que me de-cía
- ¿a que te…?
- Kathy, te he buscado por todas partes hasta que por fin te encontré una noche en casa de tu tía, te asustaste, no era mi intención. Día tras día intentaba comunicarme contigo, pero había algo en ti que no te dejaba ver que en realidad era yo y que debía comunicarte algo. El miedo te hacía huir de mí… hasta que encontré otra forma de comunicarme, una imposible, prohibida, pero que me obligaba a hacerlo. La primer vez que lo hice, el remordimiento me hizo pensar en que había quebrantado las reglas del mas allá, pero luego me dije “¿Y como perdonarme? Por-que…a pesar de todo, seguía enamorado de ella”
Me lo decía una y otra vez para así calmar la culpa y seguir en contacto contigo…

-Criss, no estoy entendiendo nada…en cristiano por favor…- le dije afe-rrándome a él
-Kathy, nunca te he dejado sola. Te busqué. Quizá la urgencia de decirte lo que debía decirte no me dejó hacerlo del modo adecuado, por lo que te asustaba sin intención alguna. Así que decidí mandarte cartas para que supieras que sigo contigo, pero sin olvidar aquello que debía decir-te- le miré desconcertada- …verás, Kathy, ¿recuerdas aquella promesa que una vez nos hicimos de que cuando muriéramos, nuestros cuerpos debían ser enterrados juntos?
-Christopher, yo…
-Déjame explicártelo mejor. Tres semanas luego de mi muerte, fuiste a caminar por la playa, misteriosamente caíste por un acantilado. Varias personas de aquel lugar fueron a ver qué te había sucedido-
Comencé a recordar aquel trágico día. Quería escapar de mi hogar, de la tristeza que embriagaba a mi corazón gracias a la muerte de mi ama-do. Por lo que decidí ir a dar un paseo ¿acaso la caída había hecho que perdiera aquel fragmento de mis recuerdos?
- …ninguna de esas personas te conocía, por ello nadie pudo comuni-carse con Nicolas o Isabel para comentarles lo sucedido. Por lo que de-bieron enterrarte por ellos mismos.
-ente… ¡enterrarme!- grite alarmada
-Kathy, es por ello que mi alma lleva buscando la tuya todo este tiempo. Pues gracias a la promesa que nos hicimos en vida, tu te rehúsas a pa-sar al otro lado conmigo. Nuestros cuerpos fueron colocados en diferen-tes lugares. Tú no recordabas nada de lo sucedido, por lo que en las no-ches, yo intentaba comunicarte lo sucedido. Tú te asustabas, pero yo no descansaría hasta que lo supieras todo. Luego te casaste con él, Jacob White, yo sabía que él no era un buen tipo, intentaba comunicártelo por medio de Nicolas, pero tu nunca dejarás de ser tan testaruda como siempre- me sonrío- yo veía como sufrías, no podía soportarlo, así que decidí dejar de asustarte, comencé a demostrarte mi amor de una forma más pura, sin olvidar que debía comunicarte aquello- Mis oídos no podí-an dar credibilidad a lo que escuchaban ¡Esto debía ser una de mis her-mosas pesadillas en las que aparece Christopher!
-Kathy… mi querida niña…. Tú estás muerta

Más pálida, yo no podía estar…
-¡No! , ¡No puedo estar muerta! ¡Nadie puede ver ni tocar a los muertos!
Tomo mis manos suavemente.
-¿Entonces como explicas el hecho de que ahora me puedes ver?
-Sí, pero… ¡Me casé!
-Las almas tienen, quiero decir, tenemos diferentes formas de hacernos presentes. Mientras yo intentaba hacerlo por medio de luz y demás, tu alma encontró la manera de hacerse presente de una forma más física. Una forma diferente a las demás.
Seguía nerviosa, sin dar credibilidad. ¡Como podía estar yo… muerta! Pero él tenía razón, igual que como puedo ver todo lo que me rodea y sentir el viento al acariciar mi piel… también a él podía verle, y lo que era aún mejor, podía sentirle…

-Kathy, no te niegues a la verdad.- me abrazó- Lo estás, estás muerta... No llores mi linda niña- me besó – yo estaré siempre para cuidarte.
¡Cuanta falta me hacían sus besos! Así que me llene de valor y le dije –Donde quiera que vayas, yo estaré contigo- él me susurro un “Te amo”, me extendió su mano y me dijo – entonces, ven conmigo…- la puerta de mi armario se abrió de nuevo, resplandeciendo como nunca. Tomé su mano, nos sonreímos mu-tuamente y nos adentramos en el, seguros de que ahora sí…
…nada nos podría separar…

Fin

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Imagen de Kathy
UNA PEQUEÑA NOTA

bueno, la verdad es que creo que esta un poco desordenado. pero no supe como subirlo bien a la pagina, espero les guste. ^.^


| Enviado por Kathy el Dom, 05/10/2008 - 00:43.
Imagen de MONICA DENIS
kathy

no terminaba mas re largo intenso y de un gran suspenso me gusto realmente besos.


| Enviado por MONICA DENIS el Dom, 05/10/2008 - 01:02.
Imagen de 3301
Mas allá de tu alma..

Un buen escrito, seguiré leyendote por supuesto.
Un abrazo
Ana


| Enviado por 3301 el Dom, 05/10/2008 - 12:23.

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