MI FORMA DE AMAR
MI FORMA DE AMAR
Habían pasado diez años desde que salí de mi pueblo en busca de un mejor futuro, durante estos diez años, me pasaron cosas increíbles, termine mis estudios superiores, y conocí a una linda chica con quien decidí casarme y compartir el resto de mi vida.
Un día cuando recordaba mis días de adolescencia, anhelé regresar a mi pueblo querido; y porque no - me dije-, hacia ya muchos años que no pisaba mi hacienda, ni visitaba la tumba de mis queridos padres y no sabía nada de mis viejos amigos.
Fue una decisión muy rápida, le comente la idea a Rosa, quien en un principio se negó a ir, pues, ella estaba acostumbrada a la vida de la capital; pero como es mas fuerte el amor, decidió viajar conmigo a mi querido pueblo.
Salimos a las ocho de la noche de la capital, mientras pasaban las horas, los recuerdos del pasado se hacían más claros, y me daba ganas de llorar al saber que en unas cuantas horas por fin estaría con mi gente. Miraba por la ventanilla del carro y me iba respirando el aire fresco de las praderas, esto es vida decía dentro de mí, mientras Rosas seguían durmiendo entre mis brazos.
Que lindos paisajes, que bonito estará mi tierra, - pensaba y me sonreía-. Cuando el bus se detuvo, respire profundamente desperté a Rosa, tome mi equipaje y bajamos del carro. Por fin, después de diez largos años estaba de regreso en mi querido pueblo de Santa Carmela.
Miré por todas partes; a la distancia, divise un cartel que decía: “Bienvenido a casa Daniel”, me acerque rápidamente, era mi tío José, quien después de la muerte de mis padres quedó a cargo de mi hacienda, corrí hacia él, le abrace fuertemente, y el me dijo: que bueno que regresaste sobrino, vamos para la hacienda que todos te están esperando.
Habían organizado una gran fiesta por mi llegada, y yo dije entre mí; será la oportunidad para presentar a Rosa mi futura esposa. Llegamos a la hacienda, allí estaban todos esperándome.
Mi tío se dirigió a la multitud diciendo: démosle fuertes palmas a Daniel por su llegada a su hacienda; por el tumulto escuchaba voces que decían bienvenido patrón, ya sentía el calor de mi gente.
Yo, en una forma de agradecimiento por la cordial bienvenida me dirigí a todos en general y sin dudarlo dos veces, presente ante todos ellos a Rosa diciendo:
La señorita que me acompaña es mi novia Rosa con quien me voy a casar dentro de dos meses, la multitud aplaudió de alegría, todos parecían contentos por mi matrimonio.
Al mirar hacia la puerta, estaba Diego el capataz de la hacienda, mi viejo amigo de la infancia, a quien noté un poco triste pero aplaudiendo como todos; el se fijo que yo lo miraba, esquivo mi mirada dio media vuelta y se fue, que le habrá pasado, -me pregunte-.
CONTINUARA...
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