Mi primer amor, mi amor platónico.
MI PRIMER AMOR,
MI AMOR PLATÓNICO.
POR
Daniel Muñoz Pérez.
A mi bebé.
17 de Agosto de 2066
01:44
Querido/a lector/a:
Mi nombre es Gonzalo Delgado Cuevas. Vivo en Córdoba y tengo 75 años.
Soy un hombre viejo. Un hombre que ha vivido momentos que han dejado huellas gigantescas en su corazón, como el corazón de cualquier persona; y como cualquier ser humano, por el camino que he ido construyendo con mis manos, he viajado en la vida con el tiempo mientras recibía de él su sabiduría y noticias de sus amigos fieles los años a través de mi piel dejando sobre ella líneas escritas en una lengua indescifrable. <. He olvidado muchas cosas. Eso es algo que también te arrebata la edad, el tiempo, pero nunca se me olvidarán esas palabras. Las palabras que siempre me decía mi padre.
La razón por la que hoy en esta noche de madrugada te estoy escribiendo a ti, seas quién seas, es también algo que no consigo olvidar porque, al fin y al cabo, ese algo tampoco se ha olvidado de mí.
Como he dicho al principio soy un hombre viejo y eso no es razón para enrollarme demasiado. No me gusta darle vueltas a las cosas. Dando vueltas lo único que consigues es acabar en el mismo sitio y eso no es para nada bueno porque acabas perdiendo. Sí, perdiendo el tiempo. Alguien a quién crees que posees porque lo tengas colgando del techo, reposando en tu mesita de noche, atado a tu muñeca… y siempre dentro de ese trozo de cristal, encerrado, esclavo por seguir las pautas de unos simples números y limitado por ello. Que estúpido, ¿verdad? Pero lo gracioso, o lo irónico, es que este alguien me recuerda a otro alguien y ese otro soy yo o tú. ¡El hombre! Como si el tiempo se tratara de Dios ja, ja. ¡A su imagen y semejanza! Ja, ja.
Bueno al final he acabado enrollándome un poco y ese poco me ha llevado a hablar del tiempo; al mismo sitio, vaya.
Ya he hablado demasiado del tiempo y condenado sea porque se me está haciendo tarde je, je. Iré directo al grano y lo haré haciéndote una pregunta que quizá te resulte extraña pero que yo, personalmente, opino que es una pregunta de lo más normal como ¿Qué te gusta hacer cuando sales con tus amigos?... Ese tipo de cosas. Pues bien. Allá va.
¿Crees en fantasmas?
Quiero pedirte un favor y ese favor se trata de que me respondas ahora a esa pregunta. Sé que no puedes contestarme y también sé que es imposible que yo escuche tu respuesta pero realmente lo que te estoy pidiendo es que te contestes a ti mismo/a.
Espero que lo hayas hecho porque más tarde, cuando termine esta carta, quiero que vuelvas a responderme, a responderte.
Bien, voy a contarte una historia que me ocurrió hace mucho tiempo, cuando yo tan solo tenía 16 años. Es una historia de amor. Los chicos pensarán << Buenooo, ya va a contarme la típica historia >>. No sé por qué pero creo que a más de uno se le puede pasar por la cabeza y si ese uno eres tú procura seguir leyendo porque puedo asegurarte que lo que voy a contarte a continuación no es para nada la típica historia de dos.
Todo comenzó en la cafetería donde ayudaba a mi padre, en 2006. Entonces yo tenía 15 años. El día, que aquella muchacha me hizo sentir lo mismo que sintió Walter Hartright cuando vio por primera vez a la señorita Fairlie, por desgracia, no lo recuerdo. Pero eso no importa mucho. A ella la recuerdo perfectamente, tanto, como si la tuviera frente a mis ojos en este momento iluminada con la luz de mi flexo.
Cuando atravesó aquella puerta por primera vez los rayos del sol acariciaban su pelo, su cara, sus manos, su cuerpo, su piel…como envidiaba al Sol en aquel instante.
Los ojos nunca mienten. Ellos son los únicos que pueden decirte cómo era en realidad aquel ángel, los únicos capaces de hacer que estas palabras se acerquen todo lo posible a la imagen que yo tengo de ella.
Yo estaba fregando los vasos de cristal y las tazas de café, mirando hacia abajo, viendo cómo caía el agua sobre mis jóvenes manos dejándolas arrugadas como mucho más tarde las tendría sin necesidad de ella. Estaba concentrado en mi trabajo, simplemente. No pensaba en nada y tampoco oía todo aquello que me rodeaba, tan solo podía oír como mis manos frotaban los vasos uno tras otro con aquel áspero estropajo.
La puerta se abrió. No me preguntes la razón de por qué levanté la cabeza en ese momento, ni yo lo sé. Fue algo magnético como si unos dedos tan dulces como el rostro de aquella muchacha tocaran mi barbilla y obligaran a subir mi cabeza. ¡Dios, que sonrisa! Una sonrisa radiante, una sonrisa que apretaba sus carnosos labios a la vez que abría lo justo su fina nariz, perfecta. Sus pómulos ascendían un poco rasgando aún más sus preciosos ojos, oscuros, igual que su pelo. Un pelo que se posaba en la curvatura que unía su hombro con su delicado cuello de cristal.
Se dirigía a la barra, hacia mí. Su pelo bailaba dando saltitos al compás de sus pasos mientras que mi corazón cada vez bailaba – latía – más y más rápido, descompasado.
Se acercaba. Toc-tumm.Toc-Tumm.TOCTUMTOCTUM…
Yo miraba hacia abajo pero ya no hacía caso a lo que estaba haciendo, ya no había concentración, sino que mis ojos se posaban en la barra de madera.
Se acercaba. Lo sabía porque podía oler su fresco perfume. El perfume perfecto que solo una mujer puede llevar en esencia. Podía sentir como invadía mis pulmones hinchándose como nunca lo habían hecho antes, tanto, que parecía llegar a mi estómago. Se hacía con todo mi cuerpo, haciéndome sentir como una infinidad de dedos rozaban mi piel dentro de mí. Que sensación más grata.
Sus manos se posaron en la barra. En ese momento quería, no, deseaba cogerlas, acariciarlas, besarlas…pero ni levante la cabeza.
- Hola – dijo el ángel que tenía frente a mí. Levanté la cabeza, pero antes de
hacerlo solté el vaso que tenía en la mano. Estaba demasiado nervioso y no quería que se me notara rompiéndolo o algo por el estilo. Naturalmente ella lo notaría, pero incluso un niño de dos años me señalaría con un dedo acusador.
- Hola – contesté. Gracias a Dios no me tembló la voz.
Le miré a los ojos. Ella miró los míos. Los ojos hablan. Y sé con toda seguridad que ella se dio cuenta al instante de lo que sentía. Parece que, todas ellas, tengan un instinto para eso. Tienen el poder de mirarte a los ojos y leer en ellos como si se trataran de un libro.
Llegando a este punto de la historia me viene a la memoria algo que Diógenes dijo una vez: “Hay que tener cordura para vivir o cuerda para ahorcarse”. Me hace gracia porque mis ojos, en parte respondiendo a aquella frase, dijeron aquel día: “Acabo de perder la cordura pero aún sigo con vida y, por esa razón, tengo una cuerda para ahorcarme porque, ángel mío, con solo haberte visto hoy por vez primera soy capaz de expresar mi confesión: Te amo”. Los ojos nunca mienten.
- ¿Me puedes poner un Nestea? – me preguntó alzando una de sus preciosas
cejas y sonriendo. No me había dado cuenta antes pero su sonrisa hacia aparecer un hoyuelo en su mejilla derecha.
- Por supuesto. – dije con convicción. Me sequé las manos y fui a al otro extremo
de la barra donde se encontraba la nevera. Saqué el Nestea y cogí el abridor. Cuando llegué allí y mientras abría la botella le pregunté que si quería un vaso con hielo. Ella me respondió que sí. Que si era posible mejor que mejor. Me pagó con un billete de cinco euros y cuando le di la vuelta me dio las gracias y despidiéndose con un “hasta luego” me dedicó una sonrisa. Puede parecer absurdo pero ese “hasta luego” y la sonrisa que lo acompañó fueron quienes me dieron la esperanza de volver a verla ya que esas serían las palabras que siempre pronunciaría en todas sus despedidas dentro de una simple amistad.
Tiempo al tiempo. Sí, eso es lo que me decía a mi mismo una y otra vez. Tiempo al tiempo.
A ella nunca…Bueno, a ella jamás la había visto por la cafetería y a partir de ese día, el día que vino a mí la locura y pude expresar mi confesión, verla sentada en una mesa al fondo o en la barra se convirtió en rutina. Que rutina más agradable. La única que conocí y la única que yo conozco.
Pasó un año. La constancia era fiel y la confianza se metió dentro del saco.
Ella me contaba cómo le iba en el instituto, lo que le pasó una vez a su amiga Sara y a ella cuando iban un día andando por el Vial…yo seguía sus pasos. También le contaba todo o casi todo. Cuando necesitaba un abrazo podía dárselo. Podía apretar su mano cuando necesitaba fuerzas…Era su amigo. Ella, mi amiga. Pero, tan solo eso, amigos. Y yo cada vez más deseaba estar con ella. Como dice una canción, un poco antigua para estos tiempos que corren, pero la buena música siempre estará ahí; una canción de Fito: “Lo más lejos, a su lado”. No me atrevía a decirle lo que sentía porque << ¿y si lo fastidio todo? Con lo bien que estoy con ella ahora mismo… >>, pensaba. A veces las cosas hay que dejarlas como están sobre todo si la duda prevalece.
Tiempo al tiempo.
12/06/07. Pensé que nunca llegaría el día y quizá por eso, por pensar que nunca, llegó. No me lo esperaba en absoluto. Esos números no fueron mi sueño si no mi pesadilla. ¿Te preguntarás por qué? Pues bien, aquel fue el primer día que no apareció por la cafetería. No llamó. Tampoco cogía el teléfono. Sinceramente estaba preocupado.
Pongo la mano en el fuego a que estas pensando que no debía preocuparme por aquello, que si lo hacía es que estaba siendo un estúpido muy grande porque seguro que había salido a donde fuera y no tuvo tiempo para avisarme, que se pudo dejar el móvil en casa, que de verdad, que si me preocupé de esa forma por aquello realmente debía ser estúpido. Si esto que te acabo de decir se acerca lo más mínimo a lo que estas pensando, gracias. Yo también lo pensaba en aquel instante pero y si te dijera que al día siguiente no apareció y tampoco daba señales de vida. Y al otro, y al otro, y al otro…No sabía nada de ella.
Gasté lágrimas, muchísimas lágrimas, pero no demasiadas. Me sentía como un niño que construye un castillo de arena a la orilla de la playa, pensando que el agua está demasiado lejos para alcanzarlo o que su castillo es lo más resistente que existe y el agua no podrá derribarlo. Tiempo al tiempo: La marea siempre sube.
Pasaron los años. Tres exactamente. Yo ya no trabajaba en la cafetería de mi padre. Iba de trabajo en trabajo. El 8 de Junio de 2010 conseguí un puesto de trabajo repartiendo el 20 minutos. ¿Cómo puedo acordarme de esa fecha? Hay una razón muy sencilla. La memoria no es capaz de sentir pero el corazón es como algo vivo que jamás olvida. Aquel día la vi.
Estaba repartiendo periódicos en el centro. Había mucha gente. Yo estaba concentrado en mi trabajo y de repente, de nuevo, la concentración se esfumó. Estaba paseando por aquella calle. Venía hacia mí como cuatro años atrás en la barra de la cafetería. Me quedé quieto, sorprendido. No reaccioné ni cuando me vio porque sé que me vio ya que mientras me miraba sonreía. Al pasar a mi lado respiré de nuevo aquella fragancia. No me giré al instante pero sí lo hice al poco rato pensando que ella también estaría con la cabeza girada y sonriéndome. Pero cuando giré la cabeza donde debía de estar ella no había nadie. ¿Me estaría volviendo loco? ¿Realmente la vi? ¿Era ella? Sí, era ella. Aquel ángel era imposible de olvidar, pero ¿dónde se había metido? Tuvo que salir corriendo para desaparecer de aquella forma porque no tardé ni dos segundos en volver la cabeza para mirarla. Aunque, francamente, tampoco creo que hiciera eso. No le hubiera dado tiempo. ¿Dónde estás, mi mejor amiga, mi ángel? ¿Dónde estás?
Con el paso del tiempo me la encontraba cada vez más y siempre pasaba lo mismo. Desaparecía. Creía verla en todos sitios. Sinceramente, llegue a pensar que me estaba volviendo loco. Que estaba obsesionado por el deseo que sentía de poder mirarla y abrazarla, hasta que un día se detuvo frente a mí y me dijo que me amaba, que lo sentía mucho, que era una cobarde. Me preguntó que si algún día sería capaz de perdonarla. Le dije que yo también la amaba, que me explicara lo que le había pasado, que dónde había estado y dónde estaba.
Al día siguiente, el 12 de Junio de 2010, quedamos en un parquecillo que había a unos pasos de su casa. Quedamos temprano, por la tarde. Hacía bastante calor. Aunque donde quedamos había sombra. Yo llegué muchísimo antes. El “parque”, más bien, se trataba de un banco y una fuente en medio en un caminito de arena y césped alrededor. Había alguna que otra mosca revoloteando pero eso no importaba mucho.
Estaba dispuesto para ponerme los cascos de mi mp3 cuando algo me rozó por detrás de mi cuello. No la oí llegar y me estaba acariciando con sus dedos. No dijo nada, simplemente dio la vuelta al banco y se sentó a mi lado, mirándome. Nos quedamos así, mirándonos a los ojos el uno al otro, cerca de media hora. Si fue menos, realmente ni lo sé, ni lo supe, ni me importa y tampoco me importó en aquel momento.
De repente se acercó a mí y me abrazó como tantas veces lo había hecho antes. Apretando su cuerpo contra el mío, acariciándome la espalda con sus manos, agarrándome con fuerza…También estuvimos así largo rato. Se fue separando poco a poco quitando su cabeza la cual estaba apoyada en mi hombro y se detuvo a mitad de camino, sin soltarme. Su nariz rozaba mi nariz. Mis ojos casi podían tocar los suyos…Lentamente fue acercando sus labios a los míos, notaba su cálido aliento. Abrí un poco mi boca, separando mis labios y antes de que se rozaran los míos con los suyos su cuerpo se desvaneció entre mis brazos, de mis dedos, igual que se escurre el agua o la arena cuando intentas cogerla. Desapareció como un fantasma. No llegué a besarla solo sentí su dulce y cálido aliento entrando en mi boca al pronunciar algo que dijo en voz baja: “Perdóname”. Solo, me quedé allí sentado. Solo, llorando hasta que anocheció.
Al día siguiente de que esto ocurriera fui directo a su casa. Llamé al porterillo y una voz de mujer preguntó:
- ¿Quién es? – Parecía constipada pero después me di cuenta de que aquella mujer estaba llorando. Era su hermana.
Pregunté por mi ángel y la voz me dijo que subiera. Me abrió la puerta. Cuando llegué al piso de arriba y vi a aquella figura apoyada en el marco de la puerta, descompuesta y con un pañuelo en la mano se me heló el corazón. Le pregunté qué había ocurrido. Quizá hubiera sido mejor no saberlo pero no saber en la vida es un error muy grande que se puede evitar. Me contó los problemas que tuvieron su padrastro y su madre. Estaban continuamente discutiendo e incluso llegaban a las manos y a más que eso. Mi ángel, por lo que me dijo su hermana, no lo soportó más. Se suicidó. Esas palabras jamás se me olvidaran y no se me han olvidado. Se suicidó. El 12/06/07. El día que no supe de ella.
Se suicidó.
Esas palabras suenan en mi cabeza constantemente, golpeando – maltratando - mi alma como si se trataran de una gotera que no se molestaran en reparar; y el agua cayera una y otra vez en el suelo de mi corazón formando un charco en mi memoria. Glup - Se suicidó - Glup - Se suicidó - Glup - Se suicidó -.
Hoy estoy aquí sentado en mi dormitorio, frente a mi portátil, escribiéndote a ti una historia de mi vida. No sé quién eres. Quizá eso no importe porque como dijo Nach una vez en una de sus canciones, “todos tenemos una historia que debe ser contada”. Esta es mi historia. La historia de mi primer amor, de mi amor platónico. Pienso que un amor platónico es como un fantasma porque no puedes tocarlo, no puede ser tuyo, no puedes alcanzarlo…pero siempre está ahí. Yo tuve suerte y pude hacerme ver. La conocí y ella me conoció a mí. Creo que esa es la razón por la que hoy día ese amor, ese fantasma se ha convertido en mi ángel guardián.
Hoy estoy aquí sentado en mi dormitorio, frente a mi portátil, escribiéndote a ti una historia de mi vida y en todo momento, en cada palabra que escribía, sentía la carne de gallina en mi cuello y aún lo sigo sintiendo. Sé que es ella, mi ángel, quien me acaricia con sus dedos, quien me besa apoyando sus manos en mis hombros, quien me susurra lo mucho que me ama.
Todo eso me arranca una sonrisa y me hace llorar al mismo tiempo.
¿Podrás ser mía algún día? ¿Podré ser yo tuyo algún día? Mi primer amor, mi amor platónico…
Gonzalo Delgado Cuevas.
P.D: ¿Crees en fantasmas?
Valoración










Valoración, Votos
Sigue leyendo otros escritos de este autor!
- Inicie sesión o regístrese para enviar comentarios
- 98 lecturas





NOTA DEL AUTOR: Hay una frase k falta en el sexto parrafo donde empieza con "...lengua indescifrable..."k hay un simbolo tal k asi: .<. en vez de esto k es lo k deberia ir: << Hijo, el tiempo puede dártelo todo o no darte nada pero siempre acabará llevándose tu vida >>. y continua diciendo: He olvidado muchas cosas. Eso es algo...
No se k abra pasao es una putada pro en fin ai lo dejo.Espero k kien lo aya leido le aya gustado.
Paz.
- Inicie sesión o regístrese para enviar comentarios
| Enviado por Dani el Dom, 07/09/2008 - 21:34.querido jovencito me gusto su escrito besos.
- Inicie sesión o regístrese para enviar comentarios
| Enviado por MONICA DENIS el Lun, 08/09/2008 - 19:54.