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Miedo



Un murmullo que avecina la Muerte. La huida del Edén. El espíritu pasmado. Ya no soy valiente ni pretendo serlo. Descubrí la verdad del tiempo inexorable, he abierto los ojos. Me escondo. Siempre estoy a solas. ¡No pude burlar al destino! La densidad de la inexistencia me ahoga. ¿Qué me queda? Ya no tengo nada. La libertad perdida, el sueño arrebatado. El ladrón de cabezas hurtó también la mía. Ahora ya no pienso; me turba el instinto de un modo extraño. Qué idiota. Qué absurdo. No he conseguido vencer la irremediable conjura de Dios. Cuando reparo en lo fútil del deseo, me adormezco, caigo al abismo. La vorágine del reloj de arena. La fragilidad del ser o no ser. Soy testigo de lo inconcreto y sus rarezas, me bebo las horas sin prestar atención. ¡Y veo la bruma, y huelo a ceniza! Oíd el terrible graznido del cuervo. Me olvido de todo. Las Parcas se acercan.

Cuento las estrellas del Universo sentado en el fin del mundo. Escribo en el cielo con un gran lápiz de color rojo: N-A-U-F-R-A-G-I-O. He observado el declive de la vida, mi sano juicio se hunde. Ya es demasiado tarde. La cárcel del latir perpetuo. El hallazgo formidablemente oscuro. No me quedan fuerzas para subir peldaños que no sé donde llevan. Sigo hilvanando palabras de cristal para evadirme del martirio de la vida. Es dulce, me gusta, me apetece. Hoy hablo con mi reflejo y no alcanzo a conocerlo, ¿en qué me he convertido? Fue la devoción por el daño, el encierro de las imágenes tormentosas, fui yo mismo dejando de ser yo. Lo vacuo me tiene atado de pies y manos, y no respiro, y sangro, me quiebro en pedazos de papel que se lleva el viento. ¿Dónde iré? Contemplo todo el mundo extasiado, tan majestuoso, tan volátil su permanencia. Ahora que no sigo el curso del río, ¿cómo arribaré a las orillas de la mar? Quien sabe.

Rehúyo el mañana por ser incierto. Mi pesar es profundo, me cuesta decidir la razón de mis anhelos. Menosprecio cuanto veo, ya no soy jinete de la gran cruzada. Lógica sin fundamento, ley imperecedera por la que todos caen. Me distraigo con lo que puedo y no escapo a su perversa presencia. Acecha en cada esquina, su aliento es pútrido. Ninguno sabe cuanto acatará su código y se levantará hecha reina. Y es el suceso tan grave que yo vivo pensando en él, miro al firmamento como nunca lo hice antes, me siento desolado. ¡Qué ingrata este sentencia del devenir fugaz! No comprendo el mecanismo de la máquina disparatada, lo ambiguo me rodea y me somete, yo soy esclavo de la dilogía que mueve el mundo en secreto. Y no me llaméis mentiroso ni pregonero del que viene de lo más hondo. No lo merezco. Todo cuanto os digo es verdadero, que no hablaría yo en vano de cosa tan tremenda. Os contemplo a todos en el mismo escenario, sois intérpretes de una pieza soberbia y tremebunda. No miréis aquí que se os rompe la quimera y os morís de miedo. Seguid actuando como hacéis, que mayor tino tendréis en vida. Cuando se baje el telón habrá terminado el ensayo, ¿despertaréis entonces de la travesía? Hoy sé que la ignorancia es el mejor remedio. El saber me llaga los sesos, me anuda el estómago, me acecha en las tinieblas. Yo huyo a tientas y me arrojo desde la cima, mi cuerpo se quiebra, soy de barro y no me siento.

Lo fulminante es asombroso. La brevedad es eminente y terca. Y yo rompo las máscaras de este carnaval de origen demente. Que atrevimiento el mío, cuan osado es desestimar lo que se ofrece con el primer suspiro que llena el pecho. Yo, que ahora me creo profeta que castiga la servidumbre de los cegados. Yo, que me esfuerzo por cortar la telaraña con una pluma y mucha tinta. Me decís que vuelva atrás. Me rogáis que ame lo que nunca será mío, ni tampoco vuestro. A mi no me basta ya el consuelo, no hay caricia del santo que sane la herida del alma abandonada. Desamparo. Virtud corrompida por despecho. Yo no soy lo que fui ni seré lo que era. Qué vergüenza ser el bandido que desempaña los espejos. Una magistral danza de fantasmas, la ópera del silencio, el museo de lo extraviado, sois el coro que dirige no sé quien. Me tropecé con la incertidumbre en el teatro. Hundió su mano en mi barriga y me habló largo y tendido del pasado y el presente. Sigo escuchándola cautivado mientras retuerce mis entrañas. Y yo no advierto que su voz embelesa y deja exhausto. Me siento abatido.

Que yo era trovador y ahora soy bellaco, que amaba a las ninfas y ahora las aborrezco. Cuánto habrá pasado por la testa que lo bello es perverso y la gloria está maldita. Me han asestado puñalada en donde hiere y no sangra, la cicatriz es profunda y no cierra. El brebaje del que tomo es de hiel. Sabe mal y no lo dejo. Qué más da la empresa del honor y la célebre cita. Qué más da lo humano y lo compasivo. Estúpido y vanidoso. Insensato y descreído. Una cortina que rasgué por hallar desnuda a la Naturaleza. El pecado es extraordinario, peor castigo me dieron. Y es la condena la de maravillarme con la danza de las agujas, el fluir de las circunstancias, temer lo imposible de toda ilusión. Me arrastro por senderos que apestan a necedad, abominable este camino de suplicios. Llevo conmigo llave que no abre ninguna puerta, un candil que ilumina muy poco, el cuaderno donde anoto los hechos de la travesía. Mis gestas no son memorables, pronto me despeñaré y será otro el reo. El punto y final a la utopía descabellada. El crepúsculo de una tortura. Imagino esto y parezco inerte. ¿Habré perecido sin darme cuenta?

La infinita culpabilidad por ser tirano de mí mismo. La ira que no se reprime, la sinrazón revoltosa. Un trance al delirio insospechado y por ello más fuerte. He probado el amargo sabor de los recuerdos que ya no vuelven. Se deleitan los hombres con lo que será polvo cuando amanezca otro día. ¡Qué angustia para quien recobra el sentido! ¡Cuánta congoja la de los peregrinos de lo artificioso! Un pastor que se pierde en los montes y nunca regresa, el marinero navegando en la noche tempestuosa, soy el orador de la tribuna olvidada. La ficción y sus travesuras. Un simulacro perfecto. Veneno que no mata y corrompe de igual modo. Hoy quisiera ser gacela y correr ligero. Me gustaría volar cual rapaz y ser amo de lo intangible. Cabalgaría hasta el confín de esta madre Tierra por alejarme de lo real. Y sin embargo, ¡cuan gruesas las cadenas que me sumen al lamento eterno! Me despellejaría por librarme de ser yo. Fulminaría de un golpe el legado entero de esta farsa. Sueño la última nota. Las tijeras rozan el hilo. Sonrío. Muero.

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hutopia

fui yo mismo dejando de ser yo...una frase que nos hacemos la pregunta me encanto lo q escribistes besos.


| Enviado por MONICA DENIS el Lun, 03/11/2008 - 00:39.

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