Ornitorrinco 1
Hace dos años y un poquito más mi vida era igual a la de ahora, pero no la misma.
Días atrás tuve que dejar otra rareza con la que tropecé en mi camino, con tristeza -pero no melancolía- pues no me permití, en ningún momento, encariñarme con él. El pequeño ornitorrinco me miraba resentido porque no me animaba a abrazarlo pero es difícil, las despedidas traen reminiscencias fantasmales que no nos podrían dejar vivir luego, deseaba que muriéramos ahí para ser un par de desconocidos y conocernos nuevamente e iniciar de cero, pero eso sucedía solo en las películas que nos gustaba ver.
Pasarías sin gloria ni pena… podrías ser uno más pero nunca te lo diré, nunca te lo diré…
Aquel día hiciste que despertara de mis cavilaciones partiéndome el alma en miles de pedacitos verte inmóvil y dejado al descuido sobre el pavimento, tan extraviado. Como ese kiwi, mi kiwi, que llevé a mi casa cuando era niña sin que mis padres se enteraran.
Este kiwi lloraba por no poder volar, como sus primos, así que para consolarlo le armé unas alas de papel, le llamé Icaro, pronto iniciaría sus intentos mientras yo lo alentaba. Tus ojitos tristes hacen que lo recuerde más en estos días.
Nunca pude enterrar a Icaro siempre había cosas que hacer, un día él voló tan lejos hasta donde pude contemplarlo con binoculares y luegó cayó estrepitosamente.
Me había encariñado mucho con este animalito. Primero, volar se convirtió en nuestro pasatiempo, le creaba miles de modelos de alas, en sus intentos siempre volvía con heridas, lo curaba y le obsequiaba otras que habia creado la noche anterior, cada vez más sofisticadas.
Más adelante esto se convirtió en su obsesión y poco a poco me sentía aburrida, fue entonces que llamé a la oficina para regresar a trabajar y volver a la misma rutina de la cual ya me habia desencajado. A partir de ese momento solo nos veíamos en las noches cuando regresaba de laborar.
El, exhausto de sus intentos.
Yo, tomaba mis pastillas y continuaba leyendo en las noches.
En la madrugada estiraba sus dos patitas y caminaba hacia mí inclinando su cabecita para que lo acaricie. Sin duda, enternecedor. Lo miraba con pena, la misma con que te miro en este momento-pero sin melancolía- me tragaba esa tristeza y le decía que llegaría lejos.
No sabía si en el fondo agradecía que fuera un kiwi y que nunca pudiese volar, porque eso era lo que deseaba y me odiaba tanto a mi misma. Qué egoísta, qué egoísta. Por eso gradualmente lo apartaba de mí. Quedaban pocas oportunidades para jugar por el poco tiempo.
Así que días después aparecía con alas de papel bond, no sé quién se las construía, eran demasiado endebles a comparación de las que le hacía yo, solo lo miraba mientras se lucía ante mis ojos y trataba de esconder mis temores.
Hace un casi dos años apareció con unas alas enormes y rozó su piquito en mi mejilla buscando mi atención. Estaba tan absorta en mis asuntos que solo dí un respingo y pasé la hoja del libro.
Ah ¿Quién diría? ¿Quién diría?
Ese día me desperté temprano y salí a correr como todas las mañanas pero esa vez tomaría otra dirección, la misma que había planeado Icaro. Tan solito, tan solito, no lo podía abandonar, quién lo curaría, quién. Tomé impulso, aspiré hondo y salí en su búsqueda, tenía veinte minutos, luego tendria que regresar a casa para bañarme y salir a la facultad. Pero el tiempo no me daba así que luego de correr terminaba regresando, durante una semana, con las manos vacías.
Recuerdo ese momento cuando dudaba si es que ya habria alzado vuelo, que ya otra persona le había construido otras alas y ya estaría lejos.
Una amiga me dijo que dejara en paz al pobre animalito, que debía de haber volado o que en todo caso estaría muerto, después de todo no podía volar.
Luego, caería en cuenta de que no solo era esa pena la que me entristecía. Era más que eso, no es simple de explicar. Asumí su muerte y continué recogiendo las rarezas con las que tropezaba en mi caminar.
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Precioso... y triste.
No llego a alcanzar el significado real, para que mentir, pero tan solo la manera de escribir, resignada pero con una dulzura casi imperceptible, ya me conquista.
Gracias por escribirlo.
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| Enviado por abascon el Mié, 17/09/2008 - 21:38.