La vida nueva
Me quedaría en silencio,
mientras me sonríes,
mientras toco los violines
que esconde tu cuerpo.
Callaría de una vez,
alimentado desde las alturas
por nubes de azúcar,
mirando el tren de la bruja
que se acerca a pegarme
con una vieja escoba.
No diría nada
si no lo pides,
si no quieres saber
que tal mi día
o que cené anoche
que no fueras tú.
Y silenciosamente me mirarías
y romperías a reírte
de mi estúpida cara
de aquél que calla
y otorga.
Y serás diablo,
y serás angel de ropa caída
que no tiene más alas
que mi lengua por su cuello.
Así,
incapaz de emitir
sonido incoherente alguno
pensaría que es el fin
de mi carrera poética.
Pero esta noche
comienza todo.
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