Por tÃ, eva
- Las teclas tristes de un piano dan nostalgia a mis paredes, la madera corroÃda de la mesa, las polillas ancianas de la chimenea, el sofá púrpura gigante, la alfombra bajo mis pies, todo, todo viste mi tristeza. La tenuidad de un candelabro aclara el pergamino arrugado, apoyo mi brazo en mi codo, mi mano acomodada en mi cabeza araña el poco cabello que conservo. Las pestañas rayan mis vidrios, el reflejo de la suave luz me desconcentra. Hace tanto frÃo, mi piel escamosa no hace justicia a los chasquidos de los maderos ardientes en el fogón de ladrillos. El cuarto es inmenso, las puertas me sobran dos veces, los marcos aniquilados, las manillas bañadas con el brillo colonial y pulidas por monjes suizos, hacen gala desde lejos con el fulgor de centella que saluda a la distancia. Su cuadro duerme encima del sofá de tres. Está acostada, la blancura de su pierna desnuda y sobrepuesta ante la otra la desviste de simpleza, su mano alargada alrededor de su vientre, su otro brazo extendido a lo largo por encima de su cabeza, mira ni de perfil ni de frente, con un aire vetusto de Lilith para los viejos apócrifos pseudos bÃblicos que conservo apilados en una biblioteca que estudié pero que he olvidado casi completa… Me mira… Es Eva, me mira escribir, me tienta, su cuerpo de lejos me ofrece el calor que no tengo. Con los párpados a media asta, de reojo seduce mi atención, distrae mi pluma, concentrada en algo que no recuerdo. Dueña de mis impulsos, de mi mirada, su sonrisa bidimensional se mueve ante mi apetito de besarla… Estoy solo, la extenuación del albor me ha dejado sin sombra, solo me acompaña su cuadro en mi vida, con el recuerdo del espacio que ocupaba disecado en la pintura, y en mi memoria… ¿Por que delante de ella mi oro se hace barro? ¿Por que su silencio impetuoso y eterno me condiciona?... ¡No me habla! ¡No responde! ¡No pregunta! ¿Tanto importa? ¡Cállate! ¡No comiences a hablar! ¡Estás muerta! ¡Muerta!...
- …Ambas manos en la cabeza, giro en mà mismo… Complejos… Complejos… No existe… No existió… Calor… Demasiado Calor… La bata roja gruesa sobra encima de mi piel… ¡Cállate! No me hables, por favor no me hables… Yo no estoy loco Eva… ¡No deberÃa contestarte! ¡Vete! ¡Lloro, desgraciado porque Eva me habla, porque hablo yo por Eva, y no soy capaz de hacerme silencio!... ¡ Está bien, asÃ, calla… eso hermosa Eva, eso… Eres la única capaz de mirarme… Estoy viejo, he perdido de hombre mis cuchillos, mis tenedores y cucharas, pero nunca mi apetito… Oh Eva… Cuan feliz me haces… Cuan feliz me harÃas, Quizá lo somos… No, no lo somos… Tú no lo eres, allá encerrada en ese cielo tuyo del que tanto hablaste, donde tan libre eras que no te dejan volver… Eva mÃa, el amor es delgado. Tanto, que tiene filo… Y me corta las venas, pero no me hace sangrar… Quisiera sangrar por ti Eva, dame fuerzas para acompañarte… no importa el cuerpo, total, ya a mà ni me importa el mÃo…
De la gaveta de su buró sacó un escalpelo de mango negro, empuñándolo en alto, dijo:
- ¡Aquà está Eva, la llave a otro mundo. Donde los ignorantes ven utensilios de cocina o artefactos artesanales, yo veo el pase hacia otro lugar. Bendito este filo inocente, agradecido estaré con él de por muerte… ¡Ahà voy Eva! ¡Eso es! SonrÃe! ¡AsÃ! ¡Pronto Eva! ¡Pronto! ¡Ya te alcanzo! ¡Ahhh! ¡Maldito dolor! ¡Dolor! ¡Dolor! Lloran mis ojos… Se queja mi estómago, el vino de mi estirpe se riega en el piso, como una plaga que busca otro cuerpo a donde hacer casa. Gimen mis órganos, pero no saben que hacen. ¡Ah! ¡Quiero morir! ¡Estaré contigo Eva! Debà hacer esto antes… ¿Verdad Eva? ¿Eva? ¿Eres tú? ¡Eva! ¡Eva! ¡Donde estás! ¡No! ¡No estás! ¡Maldición! ¡Estoy loco! ¡Maldita soledad! ¡Maldita! ¡La cordura se resbala en la cera de mi discordia! ¡Maldita! ¡No quiero morir! ¡No hay tal Eva! ¡No hay! ¡No hay! No hay… No hay… No hay… No…
El centelleo se coló tÃmido entre la ventana y la persiana. Pasaron horas, antes que el anciano volviera en sÃ.
- Que es esto… Soy la mancha en el espejo, la limosna de los ricos, el humo del cigarro, los truenos de la lluvia… Maldita soledad maldita… Como me acompañas… Tu delirio me corrompe… Me escoltas vendado hacia la luz oscura, hieres amarradas las manos de mi corazón y las sueltas en la penumbra, para enamorar a una de la otra… No es más que miseria… Puta Miseria, me dejas frÃo, y te cuelas por mi estómago…
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Una estupenda prosa lÃrica que permite marcar un ritmo muy interesante en la narración; se consigue contar mucho en muy poco.
Realmente bueno, enhorabuena y gracias por compartirlo.
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Enviado por Lamonjamellada el Lun, 02/02/2009 - 21:38."Soy la mancha en el espejo, la limosna de los ricos, el humo del cigarro, los truenos de la lluvia… " esta parte me encanta.
buen trabajo amigo!
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Enviado por PJW el Lun, 02/02/2009 - 18:59.