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La Nariz de Anara ( parte II)



 

 

 

Ese era el día. Debía ir con sumo cuidado, llevaba dos años rumiándolo, concretamente desde que conoció a Luis Viñas y su mundo soso se convirtió en un carrusel. Tenía 35 años, ya no era una jovencita y el tiempo apremiaba, que leches, necesitaba ir de acuerdo a su reloj biológico, no sea que fuera demasiado tarde. Procreación. Descendencia, esas palabras navegaban en su cerebro y el deseo era cada vez más acuciante. Desde ese día lo tuvo claro, no dudó jamás. Era él, él debía ser el donante, era un espécimen perfecto, alto, moreno, con un sentido del humor irónico y cínico a la vez y estaba más bueno que el pan!. Mariví quería tener un niño, debía tener un niño, carne de su carne y del que accediera a preñarla. La soltería era el estado perfecto y ella estaba tan a gusto, que el mero hecho de engendrar y parir un niño, no la arrancaría ni con una grúa de ese dichoso y benevolente estado, no las promesas cumplidas, no las noches más apasionadas, ni los mejores polvos de su vida , la harían claudicar, ella solita criaría a su hijo y tan ricamente. Para que casarse, si solamente escuchaba quejas. Cásate y sé feliz, ja! Demencial. Mientras se vestía, con una camisa azul petróleo, y unos vaqueros apretadísimos, fijó su mirada en el espejo y una exclamación de sorpresa y horror salió de sus labios, pero que era “aquello”? “eso “ no podía ser su pelo! Si parecía un personaje de cuento de terror, cuando le pusiera las manos encima al sarasa del peluquero, ¡ le diría cuatro cosas, asi aprendería a no pasarse tanto, mira que decirle que le sentaba de maravilla ese estilo! Intentó arreglarlo echándose laca el flequillo, lo cual aumentó el desastre, ¡ por favor! Si estaba horrible, se la había quedado más tieso que una vela… ya no le quedaba más tiempo, debía marcharse y se le hacía tarde, así que haciendo de tripas corazón se marchó a toda prisa. El día tan ansiado había llegado. Luis se lo había puesto en bandeja. La noche anterior la había llamado para pedirle, si podía llevarle unos papeles que se había dejado en la oficina. _Oye Mariví, si no te importa, me los alcanzas mañana al piso, así no tengo que darme otro paseo. Como ya sabes comienzo las vacaciones. Mariví tembló de emoción, y preparó su plan. Tenía pocos minutos para seducir a Luis. Llegó con la respiración agitada y el rubor tiñendo su cara, notaba humedad entre sus piernas, debía ir con cautela, Luis era muy astuto. Cuando le abrió la puerta, se le saltaron los ojos por encima de las gafas, el estaba en calzoncillos, despeinado y totalmente adormilado, era un sueño hecho realidad. Guapísimo y sensual al máximo. Se disculpó diciendo que se había quedado dormido y la dejó pasar, el interior estaba a oscuras, y mientras el encendía la luz, ella avanzó , con tanta mala suerte que tropezó con el borde de la alfombra, cayendo de rodillas, y un zapato salió disparado hacia la pared, dejando ver el agujero que tenía en las medias por donde asomaba juguetón el primer dedo, vaya, justamente tenía que ser ese pie! Pero ahí no acabaron sus desgracias, en el momento que intentaba levantarse, un botón de su camisa, el que sujetaba sus pechos, se abrió y estos asomaron gloriosos y ¡ desnudos! Esta vez fueron los ojos de Luis los que se escaparon de sus órbitas. _ ¿Mariví, estás bieennn…mmm…ehhh????_ ¡Ahhh, ay que vergüenza, que vergüenza!, mientras bajaba las escaleras y se maldecía intentaba contener la rabia. Dios mio. Aún tenía grabada en su cerebro la mirada atónita de Luis. No hay caso ¡joder! Mira que tenerlo a su merced, arrodillado, intentando levantarla. Ese era el momento… cariño hazme un hijo. Pero nooo, que va, la ñoñez, la gilipollez a la enésima potencia arrasaron y ganaron.. _¿Mariví, tia , pero que coño haces? Vuelve aquí¿ pero donde crees que vas???_ las palabras de el resonaron en el hall, momento exacto en que su vecinito, hortera donde los hayas, con más huesos que el esqueleto de un dinosaurio, salía del ascensor. Sus ojos parecían hinchables, no acababan nunca de agrandarse. _¡¿ Y tú que miras pedazo de mamón?!_ sus gritos debieron escucharse en toda la manzana. El pobre se piró lo más rápido que lo llevaron sus huesudas y larguísimas piernas. _Venga Mariví, tranquilízate, que no es para tanto. No seas cursi._ Luis estaba alterado, rojo como un pimiento, unas gotitas de sudor asomaban en su frente, se pasaba las manos por el pelo y esperaba impaciente, su retirada digna o el remate de sus desgracias. _ ¡¿ Qué me tranquilice, que me tranquilice?! Mira tío, ya está bien y ¿ qué es eso de llamarme cursi? A mí!, ¿ pero es que no te has fijado en esa tonta del bote que tienes por novia, esa panolis , que dice una de chorradas impresionantes, ah! Además está ese perfume que lleva, el cual me recuerda al de un tanatorio, oye! _ Se abrochó el botón atrevido, y acabó bajando los peldaños a la pata coja, le faltaba el asqueroso zapato que salió volando al tropezar. Cuando estaba al final de la escalera, el dichoso zapato aterrizó a sus pies. _Ahí tienes, póntelo que sino cogerás frío… y ahora… ¿¿ me devuelves mis papeles por favor?? Los papeles volaron por el aire. _ Mariví cuando vuelva de vacaciones, tú y yo tendremos una conversación seria. Vete a descansar y gracias por traerme los papeles. Aún resonaban en su cabeza las palabras farfulladas por Luis. _ ¡A las tías no hay quién las entienda! Salió de allí echa un lío. Si ella sólo intentaba tener un hijo. Porque resultaba tan difícil. ¡ si ni siquiera tuvo tiempo de llevar a cabo su plan! Francamente tanta mala suerte en un día era insoportable. Igual Dios estuvo de su parte, y le evitó males mayores. Como por ejemplo, que él en plena faena, le dijese que era estéril o que eyacularía fuera por motivos personales. O peor aún , le haría jurar y perjurar con una mano sobre la Biblia, que tomaba la píldora. Sabía que estaba sano porque una tarde, husmeando entre sus papeles, encontró un sobre a su nombre que contenía el reconocimiento médico. Más sano que una manzana. Ese era su hombre. Lo absurdo de la situación, parecía no tener límites. Llevaba dos años esperando ese momento, estar a solas con él, y ¿ qué sucede en el dichoso instante? Una calamidad. Primero la grotesca caída, luego la muestra gratuita de sus pechos y para rematar la faena, la reacción insufrible, de Maruja total, gritándole a los cuatro vientos todas esas parrafadas sobre su novia. Patético. De nada le servido haber leído con tanto entusiasmo y devoción “LOS HOMBRES SON DE MARTE, LAS MUJERES DE VENUS”, evidentemente su vida estaba en conexión directa con “ LA LEY DE MURPHY” AHHHH., que haría con toda esa lencería que se había comprado., por cierto, ya llevaba un rato con picores, la lycra siempre le daba comezón. En el momento de comprarla había pensado en el escaso tiempo que la llevaría puesta… gran equivocación. De nuevo en su piso, tomó una ducha tonificante y salió en busca de café. El bar, era un garito, escasa luz, escaso personal, allí escaseaba todo. La única camarera estaba detrás de la barra con aire abstraído y mascando una cosa verde, tal vez un chicle. La miró con resignación y prácticamente le tiró el mínimo café sobre la superficie. Quemaba. Mientras tragaba esa cosa asquerosa, recordaba, paso a paso lo sucedido ese día, era imposible que las cosas le salieran peor. No tendría valor de mirar a la cara a Luis, seguramente estaría revolcándose de risa en su casa. Para no verlo por un tiempo, tendría que pedir una excedencia ya que no le quedaban vacaciones. Tal vez podía decir que se iba a las misiones, o era miembro de una ONG, o decir que la habían llamado para concursar en el GRAN HERMANO. A pesar de todo sabía que tendría que volver a verlo. Ya se le ocurriría algo. Mientras su mente divagaba, una potente voz la sacó de sus errantes pensamientos. _¡Hostias, tia! ¿ qué te has hecho en el pelo?_ la exclamación venía del individuo que estaba a su lado de la barra. Sus ojos grises la miraban divertidos e incrédulos a la vez. No lo había visto llegar, ni siquiera sentarse a su lado. _Tenías que ser tú_ respondió con un suspiro Mariví. Y cerró los ojos dando por acabada la conversación. Paco, su insufrible vecino, era la última persona a la que deseaba ver. Físicamente era el clon de Russell Crowe, y ahí acababa toda similitud, media neurona en activo, el resto desaparecidas. Cada vez que se encontraban, buscaba un sitio para esconderse, si era en la calle, se cruzaba de acera. El siempre la veía y la obsequiaba con sus exclamaciones¡¿passa, es que acaso tienes la viruela y tienes miedo de contagiarme?! En el instante que observó , con que devoción leía el periódico deportivo, sus ojos se pusieron en blanco. Llevaba un rato sentada a su lado, oyendo sus parrafadas y siendo blanco de sus pesadas bromas. _¿Oye tía, quieres dejar de mirarme? ¿ no puedes hacer otra cosa? Así todo el rato. Es que verlo comer y beber le parecía un fenómeno extraño. El, de vez en cuando la miraba con suspicacia. Bueno, su pelo castaño, estaba limpio, sus uñas cortas sin rastros de suciedad, su ropa era clásica y olía a sol y a hierba fresca. Modales, nulos. Dientes grandes y sanos. Saber estar pésimo. Un sentido del humor ácido y cínico. Punto. Le llevó unos diez minutos, dirigirle la palabra y aparentar frialdad y resolución. _Perdona…_ su voz sonó muy ronca. _¡¿Buscas algo hermana?!_ antes que ella acabara de hablar, él le habló con una sonrisa cínica que abarcaba toda su cara. No, el día ya no podía ir peor. Esa frase le recordaba a una tarde de domingo en el Retiro, fue a sentarse en una escalinata, cuando el negro que estaba sentado a su lado, le susurró las mismas palabras. ¡ la confundió con una adicta al hachís! Aquella tarde la inundó la depresión y se atiborró de tortitas con nata y fresa en el Vips, de Gran Vía. Las ilusiones hechas añicos se dispersaban en el ambiente rancio de tabaco y grasa de fritanga del bar. Salió de allí estoicamente. Sabía que su momento de desvalimiento había acabado. La determinación de tener un hijo, no podía tomarse a la ligera. Los hombres verdaderos escaseaban. En su casa se quedó dormida escuchando una melodía de Mozart. La despertó el zumbido estridente del reloj despertador. ¡ Virgen del camino Seco! Que pesadilla más terrorífica había tenido, acarició al hombre que dormía a su lado. Su marido. El clon de Russell Crowe. Ana María Espíndola (Anara)

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Imagen de anaisnin
LA NARIZ DE ANARA II

Pues está estupendo este, a mi me gusta. felicidades Anara.


| Enviado por anaisnin el Mar, 26/02/2008 - 21:43.
Imagen de anaisnin
La Nariz de Anara II

Y no te enfades conmigo, si quieres lo quito...pero repito, a mi me gusta.


| Enviado por anaisnin el Mar, 26/02/2008 - 21:45.
Imagen de 3301
La nariz

¿Cómo puedo enfadarme? Si crees q merece la pena, adelante. A t i te lloverán los tomates... Ah el concurso era para el Día de la Mujer, en en Centro de la mujer, Clara Campoamor, en Coslada MAdrid.


| Enviado por 3301 el Mar, 26/02/2008 - 22:54.
Imagen de EstelaAlcay
LAS GRACIAS

Bueno, creo que el tema de los comentarios se ha vuelto un poco loquillo. Parece ser que yo te envié las gracias 4 veces, tu me has enviado el "con una es suficiente" 10 veces, lo cual implica que se repite más que el ajo. La corrección del formato a mi también me falla cuando quiere, de hecho, dice haberlo corregido y después aparece como quiere, vamos, como para terminar con dolor de cabeza al intentar leerlo. Has tenido mucha paciencia al tragartelo todo. Ahora creo que ya está legible. Leeré La nariz de Ana cuando no tenga que ponerme las lentes, esperaré un poco a que lo actualices.


| Enviado por EstelaAlcay el Mié, 27/02/2008 - 10:01.

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