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Soy escritor



Cuando me desperté, aún estaba dormido. Necesité cinco minutos para despertar otra vez. Esta vez creo que sí. Fui corriendo al baño. Meé. Eran las doce. Tenía hambre.

-Soy escritor.- Me dije escaleras abajo. Quiero ser escritor. Al llegar. No sé por qué.

Llegué al bar. Café y bocadillo. Doscientas.

Fui a comprar papel. Me gustaba escribir a máquina. No se. Y entonces, tuve una idea. Una idea. Si.

Corrí. Me senté como todos los días. Pero hoy tenía una idea. Escribí durante dos horas seguidas. Un record. Casi me quedo sin papel. Luego pensé. Una hora más. Corriendo al baño. Me senté y cagué. Tenía hambre.

Estaba contento, así que fui al supermercado. Tuve que preguntar donde había uno. No estaba lejos. Cerveza, una de whisky, chocolate y galletas de mantequilla. No se me ocurrió nada más. Tres mil quinientas.

El camino de vuelta me costó un poco más. Iba cargado. Pero pensé un poco en lo que había escrito. No estaba mal. -Soy escritor.-

Escribí una hora más. Tenía ya diecisiete páginas. La cabeza a punto de explotar. No estoy acostumbrado. Basta por hoy.

Bebí cerveza y fumé durante hora y media. Al baño.

Recordé que había quedado con Fredo. Un amigo. Mi único amigo. Las seis. Corre.

Llegué una hora tarde. Como siempre. No se extrañó. Fredo era un buen amigo. Lo conocí hace un par de años, cuando trabajábamos de pintores. Una mierda de trabajo. Seiscientas la hora. Aguante catorce días. Pero tengo un amigo.

¿Como estás? Me dijo fumando.

Hoy me siento más escritor que nunca. Le dije.

Rió. Otra vez leyendo “La isla del tesoro” ¿eh?.

No. Hoy tuve una idea. La estoy escribiendo. Diecisiete páginas.

Casi una novela.

Aún tengo que leerlas. No tuve tiempo. Me estalla la cabeza.

La costumbre.

Si.

Encontraste trabajo. Le dije rapidamente.

No. Mi padre me volvió a enviar dinero. No mucho. Para quince días.

No esta mal.

De que va tu novela.

Es una historia de amor. Me vino mientras compraba papel.

Papel.

Papel.

Sigue.

Imagínate. Dos hombres, o mujeres. No lo tengo claro todavía. Se encuentran de frente en la estación del metro. Bien. Se quedan mirando fijamente. No saben por qué. Yo tampoco. Y así dos o tres minutos. Se cogen la mano salen a la calle. No abren la boca. No piensan. Nada. Solo quieren ir de la mano. Van. Después de dos o tres horas, vuelven a mirarse. Pero ya no como antes. Entonces sueltan las manos y se marchan. Cada uno por un lado. Que te parece.

Diecisiete páginas. Vas a necesitar mucho más papel.

Creo que sí. De momento es lo que tengo. Lo voy a desarrollar más.

Y como acaba.

Aún no lo se.

Fumamos y bebimos cerveza una hora y media. Nos fuimos al cine. Me explota la cabeza.

Vimos una película japonesa. Bastante buena. La protagonista era una chica joven que quería aprender a toda costa a hacer tallarines. Y lo consigue. Muy buena.

Volví al apartamento. Eran las doce y media. –Soy escritor.- Volví a mis hojas. Me quedan pocas. Leí desde el principio. Me gustó bastante.

Leí, fumé y bebí whisky y cerveza dos horas. Cagada. Llegó por hoy.

Me desperté a las cuatro y media. De la mañana. La primera vez en mi vida. Ni idea. Comí cuatro galletas y fui a la maquina. Hora y cuarto escribiendo. La cabeza no me duele. Me acosté y pensé. Me gusta bastante.

Cuando se marcharon, los dos personajes, llegaron a sus casas. Sin pensar. Me gustaría que no pensaran en nada. ¿Se puede no pensar en nada, por ejemplo media hora? No lo se. Uno vivía solo. El otro no. Ahora sí pensaron. No entendían bien lo que había pasado. Pero le gustaba.
Al día siguiente volvieron a la estación a la misma hora. Al mismo sitio. Volvieron a encontrarse. Esta vez pensaron. Poco. Se cogieron de la mano sin hablar. Ninguno de los dos se decidían. Tenían miedo de romper el silencio y estropear el momento. Anduvieron. Pensaron mientras. Ni se miraron. Después de dos horas se sentaron. Pensaron. Se decidieron. Hablaron. Resulta que uno se llamaba Félix Sambare. Decidí que serían hombres los dos. El otro Marcos Rocando. Uno le contó que vivía solo y trabajaba de portero. El otro era jugador y estaba casado. Y tal.

No podía dormir. Las seis y media. Bajé a tomar el aire. –Soy escritor.- Nunca había visto la noche por la mañana. Nadie por la calle. Pensé mientras buscaba un bar abierto.

Un café doble, por favor. Era una mujer bastante fea.

Solo.

Solo.

Me pregunté si querría echar un polvo. Era fea si.

Después de otro café, se lo pregunté. No me dijo nada, fumé y me fui. Las siete y media. Volví a casa. –Soy escritor.- Escribí una hora y dormí dos.

Me despertó el teléfono. Me olvidara de que tenía. Era mi hermana. Hacía tres meses que no hablaba con ella. Creo que un año que no la veo. Me alegró bastante y quede con ella a las tres.

Hablamos y fumamos una hora y media. Cerveza. Le dije que estaba escribiendo y se alegró. Mi hermana me quiere. Yo también. Le prometí que vería a mi madre. Bien.

Encendí la televisión. Me di cuenta que era en blanco y negro. Apagué. A escribir tres horas. Fume diecisiete pitillos y se acabó. Me duele la cabeza.

Tengo dinero para quince o veinte días. Mi hermana quiso dejarme, pero no le dejé. Yo lo ganaré le dije. Estoy contento. –Soy escritor.-

Leí en el periódico que necesitaban gente en el puerto para descargar. Novecientas la hora para los treinta primeros. Llegué a las cinco y media y éramos veinticinco. No tengo tabaco. Pensé.

Allí nadie hablaba. Mejor. Hombres andrajosos y feos la mayoría. Yo soy guapo. Uno dormía en una esquina. Era una nave fría y sucia. Vino un hombre de unos cuarenta y siete, y sin mirar a nadie dijo que en cinco minutos llegarían tres camiones. Había que coger las cajas y llevarlas a una nave contigua. Allí se encargarían de ellas. No me importa. Cuando llegó el treinta y uno, lo echaron a patadas. Casi lo matan. Y al treinta y dos, y treinta y tres. Había más fuera. No entraron. Fue el de los cuarenta y siete y otro más. Este no se cuantos.

Al poco, llego un camión. Otro detrás. Otro más. Tenía razón, eran tres. Cuarenta y Siete tomó el mando, y mandó a diez para cada camión. Yo estaba en el número tres. Nos pusimos en fila. Cada uno cogía una caja y la llevaba a la otra nave. Ya lo dije antes. Estaban tapadas, pero creo que era mierda. O estiércol. O estiércol con mierda. No quise mirar. Ni saber. Que asco. Tendré que ducharme con salfumán.
El camión era gigante. Estuvimos más de cinco horas para vaciarlo. Creo que paseé trescientas y pico cajas. No podía con los huevos. Si.

Llegó la hora de cobrar. Bien. El amigo de Cuarenta y Siete nos dijo que esperáramos allí mismo. Que nos traerían la pasta. Bien. No tengo tabaco. Daría una hora de sueldo por uno. A mi lado, uno saco una cajetilla. Pensé. Le ví las manos. Las mías. Ni loco. No fumo.

A los diez minutos apareció el de antes con el dinero. Como me imaginaba solo nos pagó cinco horas. A uno que protestó, le rompió la cara. El solo. Cuatro mil quinientas. Que mierda. Mañana a la misma hora.-Soy escritor.-

Media hora en la ducha. Con agua. Con cuatro mil quinientas. Que asco. Cuatro pitillos seguidos y cerveza. Se acabó. Chocolate y escribir hora y media. Se acabó el papel. Mierda. La cabeza.

Salí a comprar papel. Y cervezas. Y comida. Y tabaco. Cuatro mil trescientas. No puedo comer mucho.

Que tal tu idea.

No va mal. Le conté lo que había escrito.

Como sigue.

Aún no lo se. Tengo trabajo.

Trabajo.

Trabajo.

Donde.

En el puerto. Descargando. Novecientas la hora.

Descargando qué.

Mierda.

Mierda.

Mierda.

Joder.

Si.

Dos horas fumando y bebiendo cerveza. Me duele la cabeza. Voy a escribir.- Soy escritor.-

El jugador, era jugador de verdad. De los que juegan dinero de verdad. No le iba mal. Poker y Gatova. No se lo que es. No le iba mal. La mujer pensaba que era zapatero en otra ciudad. No se. Ahora, tenía una mala racha y llevaba cinco meses sin ganar. A punto de explotar. Pum.

El otro, el portero, no iba sobrado. Trabajaba en una comunidad de gente de pasta, pero el sueldo era de mierda. Hasta el día 20. Luego solo salía de casa para trabajar. Y vuelta. Así es la vida. Algunos meses completaba descargando cajas. Como yo. Ja.

Se me ocurrió en este momento, sacar un personaje nuevo. En realidad solo tenía dos. Tenía que ser especial, pero no sabía como. Pensé. Fumé. Whisky. Joder mi cabeza. Meé. Tengo que echar un polvo.

Estaba nervioso y colorado. No podía permitirme ir a putas. Soy guapo.-Soy escritor.- Baje y anduve un poco. Seis o siete minutos. Las ocho. Creo que es viernes. Tengo que echar un polvo. Hace tres meses.

Fui al bar de la esquina. La camarera está muy bien. Cerveza y pitillos por una hora. Le pregunte si quería venir a mi apartamento. Pensó.

Acabo a las diez y cuarto. Tomate otra.

Bien.

Estoy contento, voy a follar otra vez. –Soy escritor.-

Se llama Teresa. Es bastante guapa. La invite a un poco de whisky y hablamos media hora. Tiene buenas tetas. Echamos tres polvos. Ella estuvo fantástica. Yo no tanto. Pero bien. Fumamos un rato y quiso hacer café. No había. Se quedó a pasar la noche. Una buena chica.

Me desperté a las once y media. Ella no estaba. Me olvidé de ir a descargar. De todas maneras estaba cansado. Adiós a cuatro mil quinientas. Ciao. Pero estaba contento. Las cosas van bien. Estoy escribiendo y ayer follé. Bien.

El nuevo personaje es guapo. Esta en búsqueda y captura por la familia del jugador. Dejó preñada a su sobrina de quince años y adiós. La sobrina está jodida. Su hermana jodida. Todos jodidos. El personaje acojonado. Tiene veinte y seis y esta muy bien.

Resulta que el jugador fue a una de sus timbas nocturnas. La mujer pensaba que estaba en la otra ciudad. Con zapatos. Eran cinco. Todos feos. Uno medio borracho. La primera mano dieciséis mil. Para el jugador. Está bien empezar así debió de pensar. A la media hora, el borracho perdía noventa mil. Siguió. El de la derecha estaba de mala leche. Ganaba. Era así. Media hora más. El borracho estaba durmiendo y sin dinero. Eran cuatro. A la izquierda El Manco. No se por qué. Perdía ciento veinte mil. Fumaba y fumaba. Hora y cuarto más tarde, el jugador ganaba ciento ochenta mil. Bien.
Y quién estaba enfrente. Si. el personaje. Guapo. Ciento quince mil de más. También fumaba.

Cuatro horas más tarde, quedaban con dinero todos, menos el de la derecha y el borracho. Lo tiraron al suelo de una patada. Allí quedó. Hay quién dice que fumando. Llegó la mano buena. La esperaban. Ahí se decide todo. Doscientas treinta mil en la mesa. El personaje sin más. El derecho también. Saca naipe. Trío de reyes uno.

Trío de reyes.

Escalera pequeña.

Full de treses.

El borracho despertó. Otra patada. A fumar.

Quien gana, dijo el personaje. Le dieron una bofetada. A fumar.

Todos fuera. El dinero es mío. Con autoridad, el jugador cogió todo el dinero. Lo guardo y fumó. Todos fumaron. El Manco también. Estaba sin blanca, pero contento. No se por qué.

Al salir de allí, el personaje salió al lado del jugador. Se miraron. Estaban fumando. Aún tenía la cara roja. La bofetada.

Te invito a cerveza.

Whisky. Puedes.

Bien.

Había siete personas en el bar. Tres mujeres en chándal y cuatro hombres feos y gordos. Una camarera. Bebieron y fumaron una hora y media. El personaje le cayó bien. Hablaba mucho. El poco. Le contó que vivía con sus padres. Borrachos. No tenía trabajo fijo, y le gustaba apostar y follar. Era guapo. Apostando no le iba mal. Follando mejor. Después de media hora, el personaje hablaba japonés. El jugador seguía sin hablar. Le dio otra bofetada. Espabiló un poco.

Me gusta follarme a cualquier cosa.

Sigue.

Una vez lo hice con un viejo. No me gustó.

Pero lo mejor son las niñas de quince años.

Como.

De quince años. Hace tres meses me follé a una. Estaba muy buena. La deje preñada.

Como.

Preñada.

Como se llamaba.

Creo que Susana. Estaba buena.

El jugador no quiso saber más. Era su sobrina. Estaba fumando. Lo cogió por la camisa. Bofetada. Una vez fuera, con una navaja pequeña, le cortó los huevos. Luego se la clavó y lo tiró a la basura. Fue al hotel. Con los zapatos.

Con la emoción me olvide de fumar. Pensé. Descansé. Trece pitillos y cerveza en una hora y cuarto. Son las tres.

Hola mamá.

Hola hijo. Dame un beso.

Por qué no vienes a verme.

Trabajo mucho.

Donde.

Soy vendedor de coches usados. Tengo que probarlos. –Soy escritor.-

Escritor.

Escritor.

Que escribes.

Una novela de amor.

Bien.

Comí como un cerdo. Carne y patatas. De postre uvas. Fume un poco y me fui.

Adiós.

Fui a ver a Teresa. Buenas tetas. No estaba, entraba en media hora. Tome un poco de cerveza y pitillos. Cuando llegó me vio. Me dio un beso. Yo también. Estaba guapa. Quedamos a las doce. No pagué.

El personaje me duró poco. Tiene que entrar otro. Pensé. Una hora. Nada. Las siete y media. La televisión en blanco y negro. Joder.

Recordé entonces, una historia que me contó alguien. No se quién. Un hombre mayor. Setenta u ochenta. Decía que en la guerra, el comandante les obligaba a beber vinagre. Vinagre. Joder. Nunca supieron por qué. No explicó nada. Todos los días. Pero cuando todo se acabó, se encontró al comandante en un bar. Le reconoció. Llamó a tres o cuatro camaradas, y lo metieron en el coche. Compraron siete botellas de vinagre, se las metieron en el culo y apretaron fuerte. Gritó como un cerdo. Murió.

Eso me dio la idea del Comandante. Sería el nuevo.

Fumé. Cagué. Me duché. Bebí. Me vestí. Bajé. –Soy escritor.-

Las once y media. Una cerveza doble. Volví a ver en el periódico el anuncio para descargar. El mismo. Cuatro mil quinientas. Voy a dormir poco.

Fuimos a mi piso. Fumamos y bebimos. Hablamos.

Soy escritor.

Escritor.

Escritor.

Me gusta leer. Mucho. Que escribes ahora.

Una historia de amor. Entre dos hombres. Feos. Estoy atascado. Tuve que sacar otro personaje. Van dos.

Puedo leerla.

No. Cuando este terminada.

Echamos un polvo grande. Necesito oxígeno. Aire. Teresa es muy buena. Fumamos una hora. Ella trajo café.

Me voy. Tengo que descargar. Puedes quedarte.

Descargar.

En el puerto. Cuatro mil quinientas.

A las cinco y media estaba en la nave. Veinte y dos éramos. Todos andrajosos y apestosos. Yo soy guapo. Vino Cuarenta y Siete y explicó otra vez la misma mierda. Esta vez tenía tabaco. Y las manos limpias. Fumé. No entró nadie más. Cinco horas y cuarenta y cinco minutos tardamos. Cobramos cuatro mil quinientas, claro. El dinero es para los listos. Yo no lo soy. –Soy escritor.-

Cuando llegué a casa no estaba. Me duché. Con agua. Fumé y dormí tres horas.

Era el veinte y siete del mes, y el portero estaba en blanco. Llevaba cuatro días con sopa y pan. Así es la vida.

Félix. Soy el teniente coronel de la armada española Jesús Macama. Suba a mi apartamento.

Subo.

Subió. Mierda de trabajo. Mierda de teniente. No aguanto más.

Félix. Necesito de usted un favor importante. Le pagaré bien.

Bien.

Tengo sesenta y tres años, y estoy jodido. Jodido de verdad. Lo que le voy a contar es secreto absoluto. Lo entiende.

Cuanto y cuando cobraré.

Treinta y cinco mil. Ahora.

Entiendo.

Ayer por la noche, me traje una puta a casa. Entiende.

Entiendo.

Nos emborrachamos un poco. No se me levantó. Ella se rió. Le di una hostia. Fumamos. Bebimos. Me la levanto. No se que me hizo. Se me bajó. Entiendes.

Entiendo.

Luego ella se metió no se que mierda de pastillas. Bebió. Bebimos. No se me levantó. Se rió. Me reí. Luego se tiró en cama y durmió. Yo vomité y cagué. Como vas.

Bien.

El problema es que no despertó. Ya le di seis bofetadas y nada. Joder. Esta muerta. Tiesa y desnuda. Que hacemos.

Donde está.

En la habitación.

Donde está la habitación.

Venga.

Encima de la cama estaba. Tetas arriba. Pero muerta. Tenía la cara colorada. Las bofetadas. Miraron el bolso. Condones. Chicles. Galletas. Una cartera. Se llamaba Pimara y tenía veinte y siete.

Tenemos que sacarla de aquí. Mañana viene mi mujer. Joder, está muerta. Que hacemos.

Hay que sacarla de aquí. Quiero mis treinta y cinco mil. Ahora.

La envolvieron en una manta. Dos mantas. Bajaron los tres en ascensor hasta el garaje.
Abrieron el maletero y pum. Adentro. Con las mantas. Casi estaba hecho. El portero dejó una nota en portería y salieron a toda leche. En coche. Los tres.

Cree que saldrá bien.

No lo se.

Donde vamos.

Al monte. Lejos.

Si.

Llegaron al medio del monte. No había nada. Solo árboles y hojas.

Será mejor enterrarla.

Bueno.

Cavaron con las manos. Una hora. La metieron y taparon. No esta mal, pensaron. El teniente está satisfecho. El portero con treinta y cinco mil.

Me duele la cabeza. Tengo hambre. Meé. Pensé un poco en Teresa. Que buena está. Si. Tenía cuarenta y dos páginas y estaba atascado. Fumé y bebí cerveza media hora. Estaba bastante contento. –Soy escritor.-

Teresa no estaba. Comí un bocadillo y bebí cerveza. Fumé cuatro pitillos y leí el periódico. Ahí es donde vi el personaje final. El clímax de la novela. El detective Juancho Morán. Feo con bigote, pensé. Alto y sin dinero.

Me fui a escribir. Lo siento por Teresa. Y por mí. Pero tenía otra idea. El detective.

Era famoso en la ciudad. Feo, pero famoso. Nunca fallaba. Seis mil doscientos casos resueltos en veinte y tres años. El mejor. Decían que no dormía. Nadie lo había visto. Tener tanto tiempo, no puede ser bueno.

Tenía entre manos ocho casos distintos. Todos de asesinato. El solo. Nada de compañeros. Uno de ellos, el que interesa. El personaje en la basura. Asesinato total. Dijo textualmente nada más verlo. Quién sabe. Nunca falla.

Comí galletas y cerveza. Pensé hora y media. Bebí dos horas y cagué. Dormí. Necesito las cuatro mil quinientas.

Cuando llegué, eran veinte y nueve. Tuve que darle a uno que se quería colar. Apestoso de mierda. Algunos de los más feos, me eran familiares. Fumé.

Me das uno.

Como.

Un pitillo.

Se lo di, y hable con él. Seis minutos. No se como se llama.

Cuarenta y Siete estaba más cabreado que nunca. Maldito cabrón. Estaba borracho. No se le entendía ni palabra. Mientras descargaba, pensé. En el detective. En el asesinato. En Teresa. En el jugador y el portero. En la puta. En mi cama. Dos horas. Que olor a mierda.

Por qué se piensa. Por qué se habla. Por qué se duerme. Por qué. Cállate borracho apestoso. Le dijo el amigo a Cuarenta y Siete. Le estaba insultando mientras meaba. Siguió insultando y meando. Le dio una patada y paró de mear. Una bofetada y se calló.
Lloró. Pagó. Nos fuimos. Cinco mil.

Tenía la cabeza llena de ideas. No me duché. Escribí cuatro horas sin fumar. Estaba mareado. –Soy escritor.-

El detective ya sabía algo. Siempre sabía algo. Fue un hombre. Dijo nada más verlo. Feo. Pensó. Los guapos no matan a los guapos. No se. En el bar, la camarera no sabía nada.

Por qué tanta muerte. Por qué se mata. Había visto muchos asesinatos, y se hacía preguntas. Siempre sin respuesta. Una vez, un asesino le dijo que mataba por que sí.

Por qué sí.

Por que sí.

Nunca te arrepientes. No ves las caras muertas por la noche. No sientes nada.

No.

La vida no vale nada. No hago nada malo.

Me das asco.

Bebió y fumó sin rumbo. No tenía horarios ni compromisos. Era el mejor. Pensó.

Fui a ver a Teresa. Ya no trabajaba allí.

Como.

Robó la caja y diez y siete botellas. Tuve que echarla. Me gustaba.

Dijo algo.

Hijo de puta. Cabrón. Te acordarás de mi.

Nada más.

No.

Cerveza y pitillos una hora. Pensé en Teresa. Joder que buena estaba.

El jugador y el portero, volvieron a encontrarse. En el mismo sitio. Uno estaba nervioso. El otro no. No hablaron nada. Solo las manos. Después de una hora y media, uno se tranquilizó. La mano. Hablaron, pero no de sus secretos. De zapatos y palomas mensajeras. Se querían. Mucho.

Teresa. Teresa. Quería verla. Pero como. No se nada de ella. Solo que era fantástica en la cama. No es poco.

El detective tenía una pista. El solo. La soledad da para pensar. Fumaba y fumaba. Y pensaba. Todos los días igual. Era el mejor. Descubrió, no se como, que el asesino era jugador de poker, y gracias a sus contactos quedó para una partida por la noche.

Poker descubierto. Dijo uno. Feo. Eran cuatro, el jugador y el detective. Jugaron durante seis horas y media. Nadie habló nada. Perdieron todos menos uno.

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| Enviado por Tilos el Lun, 30/06/2008 - 20:58.
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| Enviado por andrius el Jue, 03/07/2008 - 13:11.
Imagen de Idnu Gara
--

Esto si que me ha gustado y mucho. Ese estilo de "realismo sucio", aunque no me termine de convencer la etiqueta le da buen ritmo al relato. Sigue como este relato, please. Un saludo, IG.


| Enviado por Idnu Gara el Vie, 04/07/2008 - 14:40.
Imagen de maruja
Fantástico. Maravilloso.

Fantástico. Maravilloso.


| Enviado por maruja el Lun, 14/07/2008 - 14:18.
Imagen de potorro1974
Es el mejor que he leído

Es el mejor que he leído hasta el momento. Espero que tengas más. Me ha gustado mucho. Aunque el final no lo entiendo mucho, pero.


| Enviado por potorro1974 el Lun, 14/07/2008 - 18:55.
Imagen de jferraz
Muy bueno

Me ha gustado, la verdad. Rápido, directo y vital.

Al igual que potorro, no he entendido bien el final!

Te añado a mis favoritos!

Saludos!


| Enviado por jferraz el Lun, 14/07/2008 - 21:40.
Imagen de jamon
Muy bueno. Lo he leído casi

Muy bueno. Lo he leído casi sin respirar.


| Enviado por jamon el Mié, 16/07/2008 - 15:04.
Imagen de Clau
hola

me ha gustado entre de casualidad, lei en principio y despues me intereso y queria terminarlo...............


| Enviado por Clau el Mié, 23/07/2008 - 14:14.
Imagen de valen..
:)

son relatos guarros, hay que admitirlo
pero no le quita la excelencia.
saludos !


| Enviado por valen.. el Dom, 03/08/2008 - 05:50.
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:)

Marabilloso.
El ritmo que le has dado ha todo el relato es muy bueno, envolvente desde el principio, directo, sin florituras, lo primero que leo de este genero, me gusto!


| Enviado por YESSKA el Dom, 10/08/2008 - 18:48.

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