TIBURÓN UTOPÍA
¡Soltadme! ¡Soltadme o ahorcarme, pero no me tengáis aquí sin hacer nada!- Gritaba la prisionera mientras los marineros jugaban a las cartas y bebían Ron.
Ja…, has perdido marinero.
¡No, por favor, contramaestre no!
Una apuesta es una apuesta marinero, así que a pagar tu parte del trato.
Pero contramaestre ¿qué va a hacer con un marinero menos?
Lo mismo que con uno más. Para el motín que estoy preparando no te necesito, es más no necesito a ningún marinero, y un trato es un trato, así que al agua.
El resto de marineros se acercaron, lo cogieron y lo lanzaron al mar. Mientras, desde la torre vigía alguien gritaba:
¡Tiburón a la vis…- Pero no le dio tiempo a terminar la frase, cuando de repente se cayó el mástil con la vela, y el vigía de la torre- …taaaa!
¡Todos a sus puestos!- gritaba el contramaestre.
De repente el barco se levantó un poco y comenzó a girar en círculo.
¡Oh no contramaestre, los tiburones están intentando volcarnos el barco! Contramaestre, ¿qué está sacando del timón? ¿Es un mapa del tesoro?
No marinero, no es ni un mapa del tesoro, ni nada que usted deba saber, y ahora, ¡a su puesto!
Todos los marineros corrieron hacia la prisionera dispuestos a ahorcarla.
¡No, ahora no quiero que me ahorquéis, ahora la cosa empieza a ponerse interesante!
Pero los marineros hicieron caso omiso a la prisionera y la colgaron del palo mayor. En ese momento, el contramaestre estaba intentando matar a un tiburón con el ancla, cuando éste se rompió y se perdió en el fondo del mar.
Treinta minutos pasaron los marineros intentando espantar a los tiburones, hasta que uno subió al barco y dijo:
¡Ajá, esto es un motín! Se acabó el ser tratados como los más crueles villanos del gran azul. Surcáis los mares en vuestros barcos y teméis que os arrebatemos vuestras vidas, y son vuestras mercedes quienes dejáis sin progenitores a nuestros amados hijos. Nuestro ecosistema sufre vuestras amenazas como dagas clavadas en lo más hondo (Je je. Hondo, mar, ¿lo habéis pillado?) de nuestras almas torturadas. ¡Pero esto llegó a su fin!
No sabía que los tiburones hablaban, y menos aún que lo hacían en castellano antiguo- Pensó un marinero.
Cuando éste había acabado su discurso, comenzaron a subir más tiburones.
De repente uno de ellos se lanzó encima del contramaestre, y mientras el capitán, los marineros y la prisionera (que intentaba aguantar para no perderse el momento más interesante que había tenido el barco en tres días) presenciaban anonadados la discusión, el tiburón, con lágrimas en los ojos, reprochaba al contramaestre:
¡Has intentado matar a uno de los nuestros con el ancla!
Lo siento, de verdad, no era mi intención.
Eres un desagradecido ¿lo sabías? Este motín lo hemos hecho por ti- Snif, snif- Tuya fue la idea de venganza. Cuando viniste a pedir ayuda, siendo tan sólo un tiburón adolescente, que luchaba con todas sus fuerzas para cambiar nuestra realidad. Te dejamos entrar en nuestra asociación “Tiburones Utopía” y te dimos toda nuestra confianza, bueno, te la ganaste. Te vimos como el mejor activista que habíamos tenido nunca y delegamos en ti toda la responsabilidad de la asociación.
Sí, ahí os columpiasteis un poco. No veas las vacaciones que os pegasteis
No es ese el caso tiburón Che, o ¿debería llamarte contramaestre? Confiamos en ti. Buscamos al mejor brujo de todo el ecosistema y conseguimos que te convirtiera en humano, para poder hacerte contramaestre y luchar por conseguir el objetivo que tú mismo planteaste. Llevamos tres días angustiados por salvarte antes de que se pase el efecto del hechizo y quedases atrapado en ese cuerpo humano para siempre…
Mientras el tiburón y el contramaestre, o ¿debería decir tiburón Che? el caso, mientras ambos discutían, los tiburones jugaban con los marineros a las cartas y bebían Ron.
¡Ja… marinero- dijo uno de los tiburones- perdiste la apuesta, al agua!
Por otro lado, la prisionera comenzaba a tener frío, ya que se había levantado un fuerte viento, había comenzado a llover y las olas eran tan altas que le mojaban los pies.
Uy, que frío se está levantando. Bueno esto ya empieza a ser un rollo, así que me a voy un lugar mejor- Y se dejó ahorcar.
Al capitán, que no daba crédito de lo que estaba sucediendo, le palpitaba el corazón a cien por hora. Pero sabía que tenía que aguantar, que el capitán siempre se hunde con su barco. Bueno, al menos eso pensó hasta que vio acercarse una gaviota y cagarse en su sombrero. El capitán tenía pánico a las gaviotas. De pequeño una se posó en el sombrero de capitán de su padre y se cagó encima, desde ese día quedó traumado, y cada vez que ve una gaviota se desmaya. Dicho y hecho, así pues el capitán se desmayó.
Mientras tanto el tiburón Che, o el contramaestre, o como queráis llamarlo, seguía intentado defenderse ante el tiburón presidente de la asociación.
Ya le he dicho, presidente, que tenía que disimular. ¿Qué quería, que le diese la mano, y le invitase a subir al barco con los marineros y el capitán mirando?
Está bien, pero que no se vuelva a repetir. Sabes que somos tiburones pacíficos, no usamos la violencia contra nadie, y menos entre nosotros mismos. ¿Has encontrado el tesoro?
Así que era un tesoro- dijo el marinero que anteriormente encontró la contramaestre Che, o tiburón, bueno da igual, sacando algo del timón.
Bueno presidente, he encontrado el mapa, pero aún no he encontrado el tesoro.
Muéstramelo. Ajá, subir al mastelero, bajar del mastelero, dar dos golpecitos a la gavia, tres a la mayor, beber un sorbito de agua marina y listo. ¡Pues venga tiburón Che, hágalo antes de que sea demasiado tarde!
El tiburón contramaestre, se dispuso a hacerlo y cuando había encontrado el tesoro se le cayó de las manos y se le perdió en el barco.
Pero mira que eres inútil, ¿qué tienes las manos de trapo?
No presidente, es que no tengo manos, se me han transformado en aletas de tiburón.
¡Eso es una buena señal! ¡Vamos, baja rápido que tenemos que encontrar el tesoro!
Cuando lo encontraron, se dispusieron cada uno en sus respectivos puestos. El contramaestre tiburón Che, y el presidente de “Tiburón Utopía” cogieron el tesoro, lo encallaron en el timón, tiraron de él y el barco se transformó en un submarino que se fue hundiendo poco a poco.
Ahora sí tiburón Che. Ahora sí podemos tener un local donde celebrar las fiestas de la asociación.
Y las asambleas presidente.
Sí, y eso también…eso también.
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