Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz...
Los ojos cerrados.
El sueño eterno,
La fatiga implícita
en cada toma y expulsión
del aire contaminado
de la noche.
Encarcelado el cuerpo
en la prisión de mi famélica
anemia intelectual,
y en mi cada día
más transparente espíritu.
Sólo puedo combatir
el tedio y la soledad
con espadas de cartón
incrustadas al final
de mis brazos caídos.
Valiente actitud
ante todos los golpes
que merezco.
Recluyo mi eterno cansancio
bajo las mantas frías del invierno
y dejo mi imaginación bailar
con las cortinas de mi habitación.
Y sale en busca de princesas insaciables,
de sangrientas batallas de las que siempre
salgo triunfante,
de dragones y mazmorras vacías,
de besos robados a doña Ximena,
de edades Medias altas y bajas.
Y cuando vuelven los sueños
a mi poca despierta cabeza,
al menos puedo creer que vivo
más allá de la rutina harta
de los caramelos sin sabor,
de los perfumes sin olor
y de las caricias sin tacto
que nadie me sabe dar
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