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Sensaciones 2

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— Solo dije tonta no los demás adjetivos que utilizaste para describirte. –había contenido la respiración mientras hablaba. –tranquila no creo que una mujer tan atractiva como tu sea una inútil, además a cualquiera le pasa. Olvidar la llave es cosa de todos los días, mírame a mí, tuve que mudarme porque la señora que me alquilaba la habitación se cansó de que le pidiera a cada hora un duplicado de llave.
— Ja, ¿en serio? –pregunté cuando dejó caer sus dedos sobre sus piernas.
— Bueno, en realidad no –solté un suspiro de decepción y luego se ratificó –pero estuvo a punto de hacerlo, menos mal surgió un trabajo en otra ciudad y tuve que mudarme. –suspiró y miró hacia la nada, en tan solo un pasadizo que en plena noche estábamos él y yo.
— Y… ¿tú no deberías ir a dormir? –pregunté cuando me di cuenta de que él se quedaba pensando muy profundamente, no es que quisiera que detuviera sus pensamientos era simplemente el hecho de que parecía que le quitaba su tiempo.
— En realidad… soy como un vampiro, duermo de día y trabajo de noche. Pero tú si deberías irte a descansar, esas ojeras no te favorecen. Y una mujer bella debe ser bella, dormir no te caería nada mal –y miren quien lo dice, ¿acaso olvido que me quedé sin llave? De seguro tiene memoria de corto plazo.
— En realidad, si, quisiera dormir pero creo que no entendiste bien “me quedé sin llave” –repetí lentamente para que su cerebro lo captara.
— Si, eso lo sé –y dicen que las mujeres son incomprensibles. –me refería a que deberías irte a un hotel o algo por el estilo, apenas es la una de la mañana para que estes tirada en medio de un pasillo frio, y quien sabe con que suciedades
— A la calle salgo solo con el dinero suficiente como para comer y mi trasporte no tengo dinero para ir a gastar en hoteles los cuales últimamente son cada vez más caros. –me desesperé, comencé a hablar cada vez más rápido, era uno de mis defectos, ponerme nerviosa y tratar de hacer entender a un cabeza hueca cual era mi verdadera situación…
— Te entiendo… calma… uhm… tengo una habitación vacía, quizá puedas descansar ahí hasta mañana mientras buscas algún cerrajero para que puedas entrar a tu departamento –su idea no me pareció mal, pero tenía algo extraño, un hombre que le da asilo a una mujer. Un hombre que recién se muda y que no se sabe nada de él… estaba para pensarlo. Pero por ahí escuche que: si del cielo caen limones, aprende hacer limonada.
— Esta bien, acepto solo porque siento que mi trasero se adormeció –nos reímos un rato de mi comentario y al minuto el me tendía la mano para ayudarme a levantar.

Las bolsas que él tenía desde un principio se quedaron en el suelo mientras abría la puerta de su departamento de estreno, yo cogía todas mis cosas con algo de recelo, no sé el porque ya que sentía cada minuto que pasaba un poco más de confianza.
Las luces estaban apagadas cuando entré, como era la misma estructura de mi casa, encontré el interruptor rápido. Lo encendí y me di con la sorpresa de que todos sus muebles estaban embolsados y había muchas cajas sin desempacar.
— No te asustes… es simplemente que me acabo de mudar hace un par de días –dijo mientras tomaba la delantera para entrar a sus aposentos.
— Bueno, yo en un par de día podría desempacar todo… realmente no me gusta tener todo guardado. Cada cosa a la vista. –dije mientras examinaba la taza de café que estaba sobre un periódico en el aparador y había dejado la marca de esta.
— Si, como las llaves –bufó –pero en realidad, no me gusta desempacar, la mayoría del tiempo no permanezco en un lugar en menos de un mes. Tú sabes, por el trabajo. –se quitó la chaqueta caqui que asentaba bien con su piel y se sentó sobre el plástico del mueble.
— Oh… entiendo, entonces solo tenemos un mes para conocernos –traté de seguirle la corriente y bromear, lo que él había hecho conmigo en los últimos diez minutos, pero creo que ese tipo de bromas no me salen muy bien después de todo.
— Bueno, no creo que necesite un mes para conocerte, presiento que has dado mucho de ti esta noche, tu forma de hablar y actuar… podría decir que eres un poco insegura pero te gusta hacer que las cosas salgan a la perfección, claro que un poco olvidadiza. –y si, en realidad no me salía muy bien las bromas, pero tuvo resultado, él deseaba conocerme, y por supuesto que yo a él.
— Muy gracioso, eso es lo único que he visto en ti, creo que te gusta llevar las cosas a puntas distintas… -traté de decir mientras buscaba con desesperación la habitación que había dicho que era para mi.
— ¿buscas algo? –miró sobre su hombro hacia la ventana. –que yo recuerde no me vendieron este departamento con balcón para que trates de pasarte al tuyo.
— Ja, muy gracioso, otra vez… es simplemente que me siento cansada y me da pena decírtelo, creo que hablé en voz alta verdad ¿no? –dije mientras me sonrojaba y por el momento eso era lo que tenía que ocultar.
— Ah… si, disculpa la habitación es aquella –señalo con el dedo la habitación principal, hice un gesto de confusión.
— Y tú ¿dónde duermes? –pregunté mientras caminaba hacia la gran habitación.
— ¿Es que tienes memoria de corto plazo o que? –hey ese es mi chiste –trabajo de noche, es hora de trabajar, tu descansa mientras te levantes mañana por la mañana será mi turno de dormir. –sonrió amenamente.
— Bueno… gracias por todo de verdad. –dije mientras casi cerraba la puerta.
— No tienes porque agradecerme, si haces el bien, se te será recompensado – ¿ahora se sacrifica por mi? No sé si lo que dijo será broma pero es demasiado gracioso, otra vez... (=
— La última pregunta antes de cerrar los ojos –dije poniendo cara de perrito mojado para que me respondiera.
— Dale, que es lo que me quieres preguntar.
— ¿en qué trabajas?
— Soy periodista, escribo para un diario.
— Ya veo, por eso tantos libros -lo miré a los ojos, wow... no pude resistirlo, su mirada era trayente -bueno gracias por contestar
— ¡Espérate! –casi se paró del mueble.-abrí mis ojos, como platos, asustada de su reacción, me detuve en seco y habló – ¿cómo te llamas? –el rubor subió a mis mejillas al recordar que en ningún momento me había presentado.
— Me llamo Angella, pero la mayoría en mi oficina me dice Ange… y buenas noches.

Cerré la puerta y sin darme cuenta de los detalles tan escasos de la habitación, me tiré a la cama y cerré mis ojos, olvidando todo lo mal y sonriendo por lo bueno del día… aunque en realidad casi nada fue tan bueno hasta la noche…


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