Relato
yo como hombre soy vanidoso,
envidioso y aviloso en arte de mentir
tal vez este mintiendo ahora, tal vez
al fin diga la verdad , tal vez sea padre
o tal ves me importe un desmadre
Y mi héroe.
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- el escritor que habÃa apretado con su puño el corazón de la ciudad
- no era más que un viejo desgarbado con una enorme verga colgando. Se toqueteaba y me pedÃa insistentemente que se la chupara. No me iba a negar a ello. Porque lo admiraba y porque la verga era enorme. Llene mi boca con ella. Saboree los restos de pis. Dej
- por suerte habÃa peinado una raya grande de cocaÃna para hacerlo llevadero. el calzoncillo cagado da al ser una sonrisa parida del desprecio. Fue todo lo que se me ocurrió después de verlo. Por eso
- preferà escribir sobre su verga.
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- Y mi héroe. La figura con que yo habÃa soñado atravesar el mundo como una catarata de interrogantes y aventuras
Las cosas han venido desarrollándose de una forma tan extraña últimamente, y es que desde que tú llegaste a mi vida no soy el mismo.
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Federico, un tipo solitario, triste y soñador, de aspecto rústico - patillas anchas, velloso y un poco barrigón - y unos cuarenta años de edad, se disponÃa a acostarse cuando oyó ruidos y percibió vib
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El viento castigaba con rabia su rostro, como si su sola existencia fuera una ofensa a aquel paisaje que, bañado por la luz gris de la mañana, se desplegaba ante ella como una cruel insinuación, una v
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Siempre me ha gustado pasear por el puerto de noche, bajo las luces de las estrellas e imaginarme contigo alli, sentados en una roca, besandonos lentamente mientras la brisa marina azota nuestros pelo
UNA LUZ EN EL CONFESIONARIO
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LA FIESTA DEL NEGRO Y LAS FLEXIONES DE LOS CHINOS
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La enfermera era una mujer enérgica; su andar era seguro y sus frases contundentes: «La diferencia entre tú y yo es que yo no pienso y tú sÃ, por eso estás aquû, le habÃa dicho cuando Andrea le comen
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El doctor Vioux quedó gratamente sorprendido por la facilidad que tenÃa Andrea para narrar sus pensamientos y vivencias.
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El frÃo viento danzaba furibundo arrastrando a su colérico frenesà a los raquÃticos árboles de la estepa; la escena recordaba a algún horror primigenio, hundido en los oscuros recovecos de la infancia
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-¿te he contado alguna vez la leyenda de Likuos y Faeris hija mÃa?-comenzó a decir mi abuela mientras me miraba con sus ojos de un color entre verde y marrón que tanto se parecÃan a los mÃos.
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No tengo casi amigos; el hecho de ser la hija de uno de los hombres más ricos del mundo dificulta tener verdaderas amistades, pues es difÃcil discernirla y reconocerla con claridad de entre los que s
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Llamaron a la puerta del despacho y el doctor Vioux, que revisaba en la mesa de su escritorio el historial de Andrea, con un «adelante» dio permiso para que ésta entrara.
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Cuando terminó de instalar en su cuarto de baño el espejo Lillholmen que acababa de comprar en IKEA le temblaban las manos.
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